• GALEGO
  • ESPAÑOL
  • ENGLISH
     
  noticias  

JAVIER OTERO NEIRA: «TENÍA, Y SIGO TENIENDO, LA NECESIDAD DE CREAR LO QUE TOCO»

JAVIER OTERO NEIRA: «TENÍA, Y SIGO TENIENDO, LA NECESIDAD DE CREAR LO QUE TOCO»
8 JUNE 2020

Tenacidad y constancia lo definen igual que el blanco y negro definen su instrumento. Javier Otero Neira (A Estrada, 1981) debutó como solista a los 17 años, antes de empezar a estudiar en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid, momento en el que su talento comienza a ser reconocido no solo por el público y la crítica, sino también por jurados de media docena de concursos estatales e internacionales. Y, así, entre premios, fue como terminó sus estudios superiores con una Mención de Honor Fin de Carrera.

Pianista polifacético donde los haya, Otero Neira compagina su labor docente con su carrera artística, una trayectoria que, entre tradición, intuición y vibración, abarca ya cinco trabajos discográficos; el último, Intuition Vol. 2 (2020), publicado a mediados de pasado febrero, presenta cuatro piezas propias centradas en la música experimental y desarrolladas durante meses en su imponente Yamaha C3X Transacoustic.

 

Vemos a Javier Otero Neira siempre detrás del piano, tus manos sobre las teclas, ¿fue siempre este tu instrumento de referencia? ¿Recuerdas tu primer contacto con este, u otro, instrumento? ¿Y con la música en general?

Javier: «El piano para mí siempre fue el instrumento de referencia porque era lo que teníamos en casa cuando yo era niño, además de alguna guitarra. Como a mis padres les gustaba mucho la música y pocos años atrás había abierto el conservatorio de A Estrada, primero apuntaron a mis hermanos mayores y luego a mí. La música siempre estuvo presente en la casa gracias a mis padres, que le dieron mucha importancia en nuestra formación».

 

 

 

Tu debut discográfico fue Impromptus (2014), nueve improvisaciones de tres compositores clásicos: Chopin, Schubert y Fauré. ¿Por qué escogiste estos tres autores en particular?

Javier: «Chopin es uno de mis compositores preferidos, y tenía ganas de grabar algo de su música, pensé en nocturnos o scherzos, pero al final me decidí por los impromptus, porque para el público en general son desconocidos, excepto el cuarto. Schubert era un complemento perfecto, para mí fue un reto, pues ya los había tocado unos años atrás, pero con el paso del tiempo los sentía de otro modo; Fauré apareció casi por casualidad, pues llevaba mucho tiempo escuchando sus canciones para voz y piano, y dije… ¡si tiene algún impromptu, lo incluyo! Y así fue».

 

 

En tu segunda referencia, Galician Folk Songs (2015), recoges 14 piezas de nuestro cancionero popular, como las muñeiras de Chantada y de Ponte Sam-Paio o el ‘Alalá de Padrón’. ¿Cómo surgió el proyecto que conecta con una larga tradición en la música clásica (se nos viene a la cabeza el llamado nacionalismo o la figura de Pascual Veiga)? ¿Cómo es interpretar música tradicional en un instrumento para el que, en principio, no fue pensada? ¿Qué se siente, por ejemplo, al tocar una muiñeira al piano?

Javier: «Desde hace muchos años tuve mucha fascinación por la música tradicional gallega, por nuestra música. Cuando era niño en nuestra casa estaba Dorothé Schubart, mientras hacía sus recopilaciones para su Cancioneiro Popular Galego (Schubart ,1984), años más tarde comprendí la riqueza de nuestra música, pues mis padres siempre los tenían a mano para escuchar y cantar. Mientras mi madre hacía la cena, era casi obligado hacerlo cantando alguna de nuestras canciones.

De mayor, siempre me pregunté por qué mis compañeros en el conservatorio en Madrid se sentían tan identificados con música de compositores como Falla o Albéniz, y yo me sentía más cerca de los del norte y centro de Europa. Comencé a buscar y vi la hermosa música que Octavio Vázquez tenía hecha para violín y piano sobre temas populares, que toqué muchas veces, y me animé a hacer una locura: convocar un concurso, de mi bolsillo, para que compositores de todo el mundo hiciceran obras para piano solo inspiradas en temas populares gallegos.

Para mí, la música tradicional puede estar pensada para voz, gaita, o cualquier otro instrumento, pero cuando la toco al piano, la hago mía, y dejo de sentir envidia por los que pueden tocar esa música con su instrumento».

 

 

En tu tercer trabajo, Vibrations (2019), vuelves a compositores clásicos, Rautavaara, Ginastera y Prokofiev. La combinación no parece muy convencional. ¿Por qué reunir en un disco la esos tres compositores?

Javier: «Este álbum es de los que más trabajo me costó darle forma. La ‘Sonata 6’ de Prokofiev es un monumento para los pianistas llamados ‘clásicos’, y era una manera de poder hacer un punto y seguido. Cuando tocas esta obra en directo mucho, y haces un disco con ella, te sientes muy satisfecho. El problema fue encontrarle compañeros para el disco, así que decidí hacer todo el disco sobre música del siglo XX. Así pues, los estudios completos de Rautavaara fue una obra que siempre disfruté y disfruto tocándola en público, y no es muy conocido. Ginastera fue un descubrimiento y casi un lanzarme a la piscina, pues es la primera obra que hago antes en disco que en directo».

Cuando preparo conciertos o discos, siempre intento hacer música que le pueda gustar a la gente, que me guste a mí pero, sobre todo, que me hagan madurar como artista. No era fácil juntare la estos tres compositores, pero hacían buena mezcla de lo que fue el siglo XX en el mundo de la ‘clásica’».

 

Y luego está el ‘Alalá para Paula’, tu primera composición propia incluida en un disco… ¿Ese tema abrió la puerta a los dos volúmenes de Intuition?

Javier: «Sí, esta obra está basada en un alalá y dedicada a mi mujer; ¡poder añadirla como bonus track ‘casi’ fue más un regalo para mí que para ella! Cuando la toqué en público un mes antes de sacar el disco, la respuesta de la gente fue muy bonita, y me hizo pensar mucho en qué músico o artista quería ser: el que la gente esperaba de mí, o lo que yo mismo quería».

 

 

Después de tres décadas tocando «música de otros», el año pasado sorprendías con Intuition (2019), un álbum en el que apostabas, por vez primera, por tus propias piezas. Después de tanto tiempo, ¿qué te llevó a publicar tus composiciones? ¿En quién, o dónde, buscas inspiración a la hora de componer? ¿Qué te llevó a combinar aires clásicos con música electrónica?

Javier: «Siempre hay personas que hacen que uno se lance a hacer su música, además de las de casa. En este caso, unos meses antes había hecho unos arreglos para el Festival Piano Meeting, y fue una forma de sacarme la vergüenza. La música electrónica siempre me gustó, combinarla con el instrumento que llevo tocando tantos años fue cosa fácil. Tenía, y sigo teniendo, la necesidad de crear lo que toco, además de investigar cuando tengo que hacer conciertos con música de otros autores».

 

Solo es un ejemplo, pero en 2017, la prestigiosa Deustche Grammophone publicaba Endless (2017) de Tale Of Us, un dúo de DJs que hace música electrónica pop. ¿En qué momento crees que se encuentra la música clásica (entendiendo por ella no solo los propios intérpretes sino los festivales, las discográficas…)? ¿Piensas que cada vez se está abriendo más a otros estilos como el jazz, el pop, la música electrónica…?

Javier: «El mundo de la ‘música clásica’ lleva en crisis muchos años, sobre todo en lo que respecta al público; en parte por culpa de los propios intérpretes, que en mayor o menor medida, establecen una distancia con el público que, al final, no hace que conecte con el público joven. En mi opinión, etiquetar la música no tiene sentido, porque al final se cierra la puerta a muchas cosas buenas. Yo hago mi música con electrónica, tengo un dúo con Abe Rábade en el que improvisamos y tocamos a dos pianos diferentes músicas y, en el último disco de Guadi Galego, colaboré en el arreglo de dos temas. Y no por eso toco peor Chopin o Beethoven, aunque alguno lo piensa. La música es música, igual que la pintura; no hay que entender en profundidad la clásica, yo mismo voy a conciertos que no me gustan… y preferiría estar escuchando la Vetusta Morla».

 

Tu último trabajo, Intuition Vol. 2 (2020) marca la segunda entrega del proyecto sonoro que estrenabas en 2019. ¿Cómo fue el proceso creativo, tanto a nivel melódico como compositivo? ¿Crees que hay diferencias respeto al primero volumen?

Javier: «En el primer volumen fui un poco precavido, sobre todo, para que la gente que me conoce no se asustara, ni pensara que me pasaba nada extraño. En el segundo, ya lancé cuatro temas con más carga rítmica, no solo melódica, y muchos más sonidos electrónicos. Ahora ya no me preocupa tanto lo que opine la gente, sino estar yo a gusto con lo que toco y hago.

En los dos casos, el proceso siempre parte de alguna idea, a veces inesperada, que surge de alguna improvisación y, poco a poco, voy construyendo la obra con el piano, los sintes y demás».

 

 

Como uno de los embajadores de Yamaha Music Europe, perteneciendo a la familia de Artistas Yamaha, ¿qué supone esta experiencia, este «título», para tu carrera?

Javier: «Para mí es un orgullo que una marca, no solo de pianos, como Yamaha esté a mi lado; yo seguiría haciendo lo mismo si no fuera Artista Yamaha, y esa creo que es la razón por la que se decidieron hacerme parte de su familia. Estoy en contacto con artistas de otras disciplinas y puedo darle rienda suelta a mi imaginación. Lo mejor de todo es que sigo siendo yo el director de mi propia carrera».

 

 

Eres el creador del Festival Piano Meeting Ourense, con pianos en las calles, un encuentro en el que participan profesionales, aficionados e incluso gente que quiera aprender. ¿Cómo describirías este acercamiento de la música, del piano, a la gente a pie de calle? ¿Y la acogida por parte del público, sus reacciones? ¿Se arriesgan a sentarse y tocar?

Javier: «Crear y dirigir el Piano Meeting no fue ni es fácil; son muchas cosas a tener en cuenta, pues sacar pianos a la calle no es sacar cualquier otro instrumento que coge en una mochila. La parte principal de la producción la hace 70 Mandarinas, y yo puedo centrarme en la parte artística. Poder acercar los pianos y la música en general a las calles, y tener al público a escasos metros, para los intérpretes que estamos acostumbrados a tenerlo lejos, es una experiencia realmente inolvidable, y, además, todos los que participan sienten de cerca el calor de la gente. Año tras año, poder hacer un concierto al aire libre al final de la jornada que reúne a más de 2000 personas es increíble, no solo para los que formamos parte del Festival, sino también para el público.

El primer año —llevamos tres ediciones— la gente tenía algo de dudas para tocar, pero este último año tuvimos que poner en marcha un servicio de reserva del sitio a través de Internet, pues la demanda fue altísima».

 

 

Ante el actual estado de emergencia sanitaria provocada por la COVID-19, sin compromiso y con todo nuestro cariño, ¿cómo estás afrontando la situación? ¿Qué te parece la iniciativa de trasladar los conciertos a las redes sociales? ¿Volverán los conciertos a ser iguales que antes?

Javier: «Esta situación pienso que nos sobrepasó a todos; a mí me cogió con mi piano de cola después de un concierto en la casa de mis padres, así que me apañé con un teclado. Eso por en la parte profesional y, en la personal, combinando algo de piano con mi niño, que tiene tres años y medio.

Trasladar los conciertos a las redes sociales está bien, yo mismo lo hice, pero entiendo que otros artistas no quisieran. No es fácil para nadie, pero hay gente que aún no entiende que ser ‘artista’ es un trabajo, por eso muchos decidieron no hacerlo. Yo pagaría una entrada simbólica por un stream de los artistas que me gustan, pero cuido que eso no entra mucho en los planes de la gente… estamos acostumbrados al todo gratis».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Javier: «Mis artistas gallegos preferidos, desde hace muchos años son Guadi Galego y Xabier Díaz, aunque siempre intento escuchar un poco del que se está haciendo por otros artistas como Lúa Mosquetera, que descubrí hace poco, o WÖYZA, sin olvidar a mis clásicos como Berrogüetto o Matto Congrio. También escucho con mucha morriña aCadaCanto».

 

Si abriésemos tu cuenta de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad – 0% Vergüenza.

Javier: «En mi cuenta pues hay mucha mezcla, desde Maria Joao Pires y Grigori Sokolov (piano clásico) a Vetusta Morla, Jamie Cullum, Iván Ferreiro, Guadi Galego, Xabier Díaz, Ólafur Arnalds, Francesco Tristano y, últimamente, también Judit Neddermann, Mayra Andrade, Najwa Nimri, Rayden, Vega, un poco de todo, ¡hasta Residente!».

 

 

  noticias