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IAGO BANET: «NUNCA ME CENTRO EN UN SOLO ESTILO, ME GUSTA LA MEZCLA, EXPRESAR IDEAS DE MANERAS DIFERENTES»

IAGO BANET: «NUNCA ME CENTRO EN UN SOLO ESTILO, ME GUSTA LA MEZCLA, EXPRESAR IDEAS DE MANERAS DIFERENTES»
11 JANUARY 2021

Apasionado y autodidacta, Iago Banet llegó a las cuerdas de una guitarra de casualidad; esa casualidad se dividió en curiosidad y ambición a partes iguales y, desde aquel entonces, el instrumento se ha convertido en una extensión más de su cuerpo. De Compostela a Londres, con Berlín entre cuerdas, Banet es ahora un consagrado guitarrista que desarrolla su carrera con la banda que él mismo ha formado, ColorColour, y como solista fingerstyle.

Un año después de su debut discográfico, Iago Banet despedía 2020 con el lanzamiento de su segundo LP, Iago Banet (2020), un trabajo que nos regala siete piezas originales y dos versiones en 30 minutos de impecable maestría a la guitarra.

 

 

 

Descubrimos que, a los diecisiete años, encontraste una guitarra clásica en la casa y tus dedos ya no volvieron a soltar las cuerdas. ¿Cómo recuerdas esos primeros pasos, probablemente torpes, desde la óptica de alguien que se convirtió en un virtuoso?

Iago Banet: «Recuerdo sobretodo muchas ganas de aprender y muchas broncas de mi padre por despertarlo de la siesta. Fui autodidacta durante muchos años, por lo que la única forma que tenía de aprender era intentando tocar las canciones de las bandas que me gustaban; por aquel entonces era muy fan —y lo sigo siendo— de Guns NRoses, Queen, Hendrix, Metallica, Soundgarden, Nirvana, etc.

Aquel año, por Reyes, mi padrino me regaló una guitarra eléctrica y un pequeño amplificador, que aún conservo; la combinación de un adolescente, una guitarra eléctrica y muchas ganas de rockear arruinaron muchas siestas de mi padre».

 

Tocas diferentes tipos de guitarra (acústica, eléctrica, clásica…), ¿con cuál dirías que te sientes más cómodo? ¿Qué influye a la hora de escoger un tipo sobre otro? ¿Y esa elección a la hora de transmitir tu mensaje, musicalmente hablando? En cuanto a la técnica, ¿encuentras muchas diferencias entre ellas?

Iago: «Durante casi toda mi carrera siempre me sentí mucho más cómodo con la eléctrica, básicamente porque toda la música que hacía estaba más orientada a ese tipo de guitarra. Sin embargo, desde hace unos cuantos años ya, la acústica empezó a cobrar mucha fuerza empujada por mi interés en el fingerstyle; es un estilo que se puede tocar con muchos tipos de guitarra —Chet Atkins, por ejemplo, lo tocaba principalmente con eléctrica, o Jerry Reed con guitarra con cuerdas de nailon— pero siempre me gustó mucho el sonido en la guitarra acústica.

Qué guitarra tocar en cada momento depende mucho del tipo de canción que vaya a tocar, si toco con la banda o yo solo. Obviamente hay canciones que se pueden tocar indistintamente con eléctrica o acústica, pero depende de la intención que le quieras imprimir. Hey Hey, My My” de Neil Young o Laila” de Eric Clapton son buenos ejemplos de lo que estoy hablando; las versiones eléctricas o acústicas son dos mundos muy distintos a pesar de ser las mismas canciones.

En cuanto a la técnica, no varío mucho entre eléctrica y acústica. Quizá las principales diferencias serían que rara vez toco la eléctrica con púa de pulgar, mientras que en la acústica la uso constantemente; y que en eléctrica hago muchos más bendings, en acústica también los hago, pero es más duro».

 

 

Hace años que vives en Londres, ¿qué buscabas con el cambio? ¿Por qué esta ciudad en concreto? A la hora de componer, ¿de qué manera te afectó al cambio de entorno? ¿Y entrar en contacto con la escena londinense?

Iago: «Buscaba nuevas experiencias, nuevas formas de ver la vida, nuevas culturas. Quería llegar lo más lejos que pudiese en mi carrera musical, algo que sigo intentando. Quedándome en casa podría ir tirando, pero quería más, ¡o al menos intentarlo! Es mejor intentar y fracasar que no hacer nada; en ocasiones es duro, estás lejos de tu familia, amigos, etc., pero merece la pena.

Londres no fue mi primer destino; primero fui a Berlín por ser una de las capitales culturales del mundo, y porque la idea de estar en una ciudad desde la que podría viajar a casi toda Europa en tren en unas horas me resultó siempre muy atractiva. Por distintas razones la idea no funcionó, así que mi siguiente destino claro fue Londres. La tradición musical inglesa es indiscutible y muchas de mis bandas favoritas fueron inglesas, así que era un destino lógico. Lo primero que noté es la percepción que como sociedad tienen de la música; es parte de su cultura y le dan mucha importancia. La música en directo forma parte de su día a día, es raro encontrar pubs que no tengan música en directo, algo que me dio mucha envidia cuando llegué.

En España, y en Galicia en concreto, tenemos una calidad de músicos fuera de serie, pero en demasiadas ocasiones son infravalorados y los locales que apuestan por la música en directo son casi perseguidos; echo en falta ese apoyo por parte de la sociedad. Se culpa a las Administraciones, y es cierto que ponen muchas trabas, pero si el conjunto de la sociedad hubiese apoyado más la música en directo, las Administraciones reaccionarían a esa realidad; es lo que pasa en Inglaterra, la música en directo está por todos lados.

En Galicia tenemos a muchos de los mejores músicos que encontré en mi vida, eso es un lujo del que nos tenemos que sentir orgullosos, un tesoro que deberíamos cuidar y apoyar más».

 

 

En la capital inglesa formas parte de varios grupos, hasta fundar tu propio, ColorColour, y años después te arriesgas en solitario. ¿Qué te empujó a tomar esta decisión? ¿Cómo cambia Iago de tocar en grupo a tocar en solitario?

Iago: «Lo que me empujó fue básicamente las ganas de explorar distintos territorios musicales; al final, cuando estás en una banda tienes que seguir más o menos una dirección. Con ColorColour soy bastante afortunado porque todos tenemos bagajes muy distintos y somos todos muy abiertos estilísticamente; nos gusta explorar pero, aun así, tener un proyecto en solitario me lleva a terrenos que no podría hacer con la banda y viceversa; me gusta la idea de poder diversificar.

Tocar en grupo o tocar solo son dos mundos totalmente distintos. Con la banda tengo la espalda cubierta, todos ellos son músicos increíbles y tengo total confianza en ellos en el escenario. Si cometo un error puedo estar tranquilo, porque la banda está ahí para responder, interactuamos mucho entre nosotros, nos gusta improvisar y comunicarnos en el escenario; eso hace los directos mucho más divertidos para nosotros y también para el público. ¡No hacemos dos conciertos iguales!

En solitario el cuento cambia radicalmente. La parte de la improvisación y la de la que dos conciertos no son iguales permanece; lo que realmente cambia es no sentirme arropado por la banda. Encontrarse solo en el escenario con una guitarra acústica y no cantar es un juego muy distinto; cada mínimo error se magnifica, si pierdes el tiempo es un desastre, una nota equivocada se siente como un terremoto. Los primeros conciertos que hice solo recuerdo que estaba nervioso, como si fuera la primera vez que subía a un escenario; una vez superada esa fase ahora lo paso tan bien tocando solo como con la banda.

Son universos muy distintos, pero ya no puedo pasar sin ninguno de ellos, ahora de lo que se trata para mí es de pasarlo bien; si tú lo pasas bien el público lo pasa bien también, y eso es lo que es importante para mí».

 

 

 

Como Iago Banet, solista, te decantas por el fingerstyle, una técnica que, segundo leemos, «descompone los acordes» y es propia del blues y folk del Old South estadounidense. Podrías hablarnos más sobre ella?

Iago:«Básicamente el fingerstyle es ser un hombre orquesta. Se trata de tocar bajos, acordes y melodías al mismo tiempo, creando la sensación de que en ocasiones hay más de una persona tocando. Se puede hacer de muchas maneras, yo normalmente uso una púa de pulgar, pero en ocasiones toco con una púa normal y, a veces, sin púa en absoluto; depende de la intención que tenga en cada tema. Hay gente que hace tapping o percusiones con la guitarra, ésa es una tendencia bastante de moda ahora mismo, pero no es lo mío la verdad.

Pero esto no es más que el aspecto técnico del estilo. Lo que de verdad importa es que lo que realmente me fascinó del estilo, incluso antes de tocarlo, fue la posibilidad de interpretar música en una guitarra como se fuese un piano; es decir, ser autosuficiente. Yo no canto, me gustaría, pero tengo que asumir que no nací con ese don, por lo que siempre tuve que depender de otros músicos para poder llevar a cabo proyectos. No me malinterpretéis, adoro tocar con otros músicos; me encanta intercambiar ideas y aprender de otra gente, pero en ocasiones es muy difícil coordinar a varias personas.

Desarrollar un estilo que me permita componer y dar conciertos solo surgió de manera natural. Además me da la versatilidad de poder viajar y tocar allí a donde vaya, pero cuando quiero rockear tengo ColorColour para poner el amplificador en el 11».

 

Entre tus influencias se encuentran Merle Travis, Chet Atkins o Tommy Emmanuel, ¿y en tu inspiración? ¿Qué, o quién, inspira tus composiciones?

Iago: «No hay un qué o quién; hay momentos, lugares, estados de ánimo, melodías, sonidos, personas, ideas… trato de estar receptivo a todo lo que me pueda inspirar; hay canciones que nacen casi en su totalidad en un momento, inspiradas por ese momento concreto. Otras son fruto de una pequeña idea que en los días siguientes, a veces semanas, o incluso meses, van tomando forma. Algo bueno que tenemos hoy en día son nuestros móviles, ya que son pequeñas grabadoras portátiles. Cada vez que se me ocurre una idea lo primero que hago es grabarla con el móvil para que no se me olvide; algunas de esas ideas se vuelven canciones, otras acaban en la papelera».

 

 

 

Por algunos títulos de las canciones de tu repertorio, —“Orballo”, Anacos”— notamos cierta morriña… En una escala de babuxa (lluvia endeble) a dioivo (lluvia fuerte), ¿qué tanto echas de menos tu tierra?

Iago: «La tierra siempre se echa de menos, siempre tengo ganas de volver la casa. Lo que sucede es que cuando llevo un tiempo en casa, ese hormigueo de viajar y descubrir y seguir aprendiendo y descubrir nuevas culturas, conocer nueva gente… empieza a surgir otra vez. Digamos que tengo la típica lluvia compostelana de cuando era niño ¡hoy ya no es lo mismo!, no es fuerte, pero es constante».

 

El pasado noviembre lanzabas Iago Banet (2020), tu segundo disco en solitario y primero (¡esperamos que último!) «en pandemia»… ¿De qué manera influyó la situación apocalíptica del 2020, en cuanto a producción y promoción?

Iago: «Supongo que todo tiene siempre dos lecturas, ¡o más! No poder salir de la casa me dio tiempo para poder practicar más y componer, arreglar, etc., desde ese punto de vista tuvo un efecto positivo. Para el tema de la promoción, sin embargo, fue todo lo contrario, ya que para mí no hay mejor promoción que poder tocar en directo. Tuve mis dudas sobre si grabar el disco en 2020 o no, o esperar y publicarlo en 2021, pero al final sentí la necesidad de hacer algo bueno y finalizar el año con algo productivo. 

Lo gracioso del asunto es que, en realidad, en verano llamé a Manu Conde, de Milladoiro, para ir a grabar en su casa a “Muiñeira de Chantada” ¡esa era mi única intención! Fue todo tan rápido y me sentí tan a gusto grabando con Manu que terminé grabando un disco.

Con un poco de suerte este año podré dedicarme a presentarlo en directo y, quién sabe, quizás grabar el siguiente; durante el confinamiento escribí ya la mitad del siguiente disco…».

 

El LP es una colección de nueve piezas, siete originales y dos versiones, centrándonos en tus composiciones propias, ¿cómo fue el proceso creativo?

Iago: «Cada canción es diferente, no todas evolucionan del mismo modo. A veces es una secuencia de acordes que me gusta, a veces empiezo a improvisar y encuentro un groove que me gusta, a veces es una melodía… Por lo general, cuando me encuentro con una idea que me gusta lo primero que hago es grabarla con el teléfono para que no se me olvide y, normalmente, los días siguientes trabajo en ella, aunque en ocasiones las dejo reposar durante un tiempo y las retomo más adelante, con una perspectiva distinta.

No siempre pasa, pero hay veces en las que casi que la canción completa nace en un momento, solamente tienes que escucharla e intentar de reproducirla con la guitarra. Esto me sucedió con “Morning at Greenwich Park; la primera semana que nos desconfinaron en primavera, mi novia y y yo solíamos ir al parque de Greenwich, en Londres, ya que hacía muy buen tiempo. Yo llevaba mi guitarra conmigo, y allí, sentado a la sombra de un árbol, comencé a jugar con los acordes iniciales de la canción. Casi enseguida la melodía empezó a sonar en mi cabeza, solo tenía que tocarla y encontrar los acordes para vestirla. La canción quedó casi finalizada en esa misma mañana ¡de ahí el título!».

 

 

Iago Banet son casi 30 minutos de fingerstyle e incluso tapping, usando la caja de resonancia como instrumento de percusión. ¿Cómo lo describirías tú, musical y técnicamente?

Iago: «Lo primero, me gustaría precisar que yo no hago tapping. Entiendo que se presta a confusión porque hago una técnica de armónicos en cascada que, visualmente, puede hacer pensar en el tapping. Hay intérpretes de fingerstyle que hacen tapping, pero no es lo mío.

Musicalmente, lo que hago es bastante variado, la verdad. Nunca fui amigo de los purismos, por lo que nunca me centro en un solo estilo; me gusta la mezcla, me gusta poder expresar ideas de maneras diferentes. Más o menos esto ya sucedía en mis discos con bandas, pero en solitario supongo que se hace mucho más evidente, ya que hay un poco de todo. Lo que me interesan son las canciones, no los estilos o tener que ir en una u otra dirección porque eso es lo que tiene que ser”.

Las cuestiones técnicas para mí son una herramienta, no un fin; la técnica otorga mayor versatilidad a la hora de expresar ideas. Cuando tengo una idea en cabeza, busco la manera de poder sacarla y, en ocasiones, tengo que explorar técnicas o conceptos que desconozco. Eso me motiva porque me ayuda a crecer, pero la técnica porque sí, sin un fin, no es más que malabarismos para el circo, no tengo ningún interés en eso.

La técnica básica del fingerstyle, explicada muy brevemente, consiste en que el pulgar de la mano derecha tiene que hacerse cargo del acompañamiento, bajo y mismo acordes, mientras que el resto de los dedos tocan las melodías. Es básicamente lo que hacen las dos manos en un piano, mientras la izquierda toca el acompañamiento, la derecha se hace cargo de las melodías; el concepto es el mismo».

 

En tu estilo confluye en una impecable mezcla de gypsy jazz, blues rock, country, Dixieland swing, Tex-Mex, pop y folk, y eres tú solo con la guitarra. ¿Por qué no rodearse de una banda como sí habías hecho en algunos temas de tu primer trabajo, A Sunset Wine?

Iago: «Las razones son varias; la primera es que en mi primer disco en solitario no tenía quizá la suficiente confianza para aventurarme a hacer un disco instrumental totalmente solo; era una nueva aventura para mí, así que pensé que lo razonable sería hacer la mitad con bajo y batería, incluso alguna guitarra eléctrica, y la otra mitad explorar la idea de tocar totalmente solo.

Para este segundo disco ya tenía bastante más confianza en mí mismo para tocar solo; la promoción del primer disco la hice siempre solo, así que la experiencia de enfrentarme al directo me dio mayor confianza.

Por otra parte, este segundo disco lo hice en 2020, cuando quedar con otros músicos era cosa casi imposible, así que supongo que lo de hacerlo totalmente solo es un reflejo de eso, pero también me gusta la idea de presentarme desnudo”; el disco soy yo y nada más que yo. No hay una superproducción detrás, no hay cientos de pistas o ningún donde esconderse. Es honesto. En directo no uso loops o bases pregrabadas, así que no lo hice tampoco en el disco; solo hay un tema, Octopus One”, en el que grabé una pista extra con un solo de guitarra, el resto del disco no es más que una guitarra.

Quién sabe, en el siguiente disco quizás explore otra vez añadir más instrumentos; dependerá de lo que las canciones me pidan».

 

 

 

La primera de las versiones que escuchamos es la de la “Muiñeira de Chantada”, que debe ser una de las piezas populares gallegas más versionadas… ¡hasta hicimos una lista con una buena muestra de ellas! ¿Cuál fue tu razón para escogerla? ¿Cómo conseguiste transformarla hasta hacerla sonar tan tuya?

Iago: «El tema de la Muiñeira responde a un deseo que tenía de hacer un homenaje a la música gallega y, al mismo tiempo, ayudar un poco a exportarla. Pensé en diferentes temas para arreglar, pero necesitaba encontrar uno que fuese un reto para mí y que al mismo mostrase la música gallega fuera de nuestras fronteras. Obviamente hay multitud de temas que podrían cumplir estas dos premisas y daría para un largo debate, pero el hecho de que sea un tema tan versionado presentaba el reto de tratar de hacerlo mío; al mismo tiempo, que sea un tema tan versionado lo hace uno de los temas más representativos de nuestra cultura… más o menos ésas fueron las razones de por qué la Muiñeira. Obviamente, como dije, ¡estas razones darían para un largo debate!

Lo que tenía claro desde lo principio era que no quería hacer una versión sin más, quería llevarla lo máximo posible a mi terreno hasta hacerme sentir que la escribí yo. Necesitaba encontrar un arreglo que me resultase interesante como intérprete pero también como oyente, y añadir alguna que otra sorpresa. Lo fundamental era respetar la melodía, ese era el boceto; probé diferentes ideas y ritmos, algunos más folk y otros más alejados hasta que di con esa línea de bajo que camina cromáticamente, dando una sensación de movimiento acercándonos un poco al terreno del jazz. Me gustó el resultado, ya que hace el tema un poco más oscuro de lo que es en realidad, y es precisamente por eso por lo que decidí hacer un contraste con la parte B del tema y crear algo mucho más alegre y brillante. ¿El resultado? Del jazz pasamos al country. Todo esto se apoya con el cambio de una armonía menor a una mayor y un bajo que ahora alterna entre tónica y quinta. Al final del tema espera otra sorpresa con ese bajo descendente que nos conduce al fin.

Curiosamente, lo último que hice en el tema fue la intro. Había que presentar el tema, así que traté de hacerlo acercándome lo máximo posible al tema original, pero ofreciendo algo nuevo. Para esto me basé en la intro de la versión de Milladoiro; quise emular el sonido de la gaita con la guitarra, lo primero fue a tratar de copiar el fraseo de la gaita, no me refiero solo la melodía, sino la forma en la que la gaita la interpreta. Eso lo hice tratando de tocar muy ligado y usando trinos y cuerdas al aire para acentuar el ligado. Pero seguía faltando una cosa para sonar a gaita, el fuelle; la mejor forma que encontré de tratar de emularlo fue manteniendo una nota pedal mientras tocaba la melodía por arriba. Obviamente la segunda mitad de la intro es libre, anunciando que esta es una versión muy personal del tema».

 

 

Moondance” es la segunda, también un clásico, pero de R& B en este caso; ¿por qué esta pieza de Vano Morrison en particular?

Iago: «En este caso la decisión fue mucho más casual que con la Muiñeira. Durante el primer confinamiento me dediqué a hacer un concierto semanal en Facebook; uno de los espectadores que los seguía fielmente me escribió preguntando si podía hacer un arreglo instrumental de este tema. Me puse manos a la obra y quedé contento con el resultado, por lo que decidí incluirlo en el disco. Me han pedido otros temas, pero este me gustó especialmente».

 

 

Ahora, con tus dos discos en la mano, ¿qué diferencias encuentras entre los dos?

Iago: «Creo que este segundo disco muestra una evolución con respeto al primero; creo que me escucho más seguro y centrado en las melodías que en el primero, pero al mismo tempo muestro la misma curiosidad por explorar diferentes estilos. Noto que está grabado con más calma que el primero, y el sonido de la guitarra es mucho mejor gracias a Manu Conde».

 

Ya estamos en 2021, pero la vuelta a los escenarios de manera «regular» está siendo compleja aun con restricciones de aforo, mascarilla, protocolos… ¿Cómo lo estás llevando? Que podremos esperar de un directo de Iago Banet?

Iago: «Lo de no tocar en directo de manera regular lo llevo mal, y no solo hablo del tema económico, ¡que también! Lo de tocar en directo es algo que necesito tanto casi como respirar; me gusta interactuar con el público, la emoción de los ratos previos a comenzar a tocar sin saber que va a pasar, dar todo de mí en el escenario, la adrenalina…

Mis directos son honestos, soy yo, nada más, procuro mostrarme tal y como soy. Pero no os confundáis, soy un tipo con una guitarra acústica, pero este es un concierto de rock. Quiero decir que no es música de ambiente o algo calmado; trato de transmitir toda la energía que llevo dentro y hacer al público pasar un buen rato».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Iago: «¡Tengo muchos! Galicia es tierra de grandes músicos y creo que hay muchísimo talento desconocido. Mi buen amigo Germán Prieto, paralelamente a su banda de surf Los Lombardi, está desarrollando un proyecto en solitario en un terreno más indie/pop/rock que promete ser interesante. En la comarca del Salnés también tenemos la Kaleikia y los Wavy Gravies; en Santiago The Last Dance, Lou Reyes, MadMartin, Stormy Trucks...... en el jazz son muy fan de Marcos Pin o Sumrrá. Descubrí recientemente a Los Manueles, que me gustaron mucho en directo.

Son muchas las bandas que hay en Galicia, algo de lo que debemos estar orgullosos».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad – 0% Vergüenza.

Iago: «Últimamente estuve escuchando mucho a The Bros, Landreth y Ariel Posen. Pero este año escuché mucho también a Tal Wikenfield o Molly Tuttle y, por supuesto, también escuché el nuevo disco de Tommy Emmanuel o de Neil Young».

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