• GALEGO
  • ESPAÑOL
  • ENGLISH
     
  noticias  

CUARTETO CARAMUXO: «‘REVIRAVOLTAS’ REPRESENTA ESE INCONFORMISMO Y PLACER QUE SUPONE EL HECHO DE TRABAJAR COMO TRABAJAMOS»

CUARTETO CARAMUXO: «‘REVIRAVOLTAS’ REPRESENTA ESE INCONFORMISMO Y PLACER QUE SUPONE EL HECHO DE TRABAJAR COMO TRABAJAMOS»
16 APRIL 2022

Cuarteto Caramuxo no es un cuarteto —empezamos bien, ya— y de caramuxo no tienen ni el spirit animal. Con más de tres décadas de trayectoria, el sexteto se presenta como una interesante propuesta dentro del panorama musical gallego. A sus cuatro clarinetistas iniciales se les sumaron un acordeonista y una percusionista y, en vez de cambiar su nombre, lo que cambiaron fue su repertorio hacia la reinterpretación de nuestra música tradicional; y lo hacen tiñéndola de cualquier estilo: jazz, soul, reggae, funk, swing… sin perder ni un ápice de sutileza. ¡Y sus directos! La banda los lleva más allá de lo estrictamente musical, con una cuidada puesta en escena que tiende más hacia un espectáculo teatral que a un concierto al uso.

 

Actualmente compuesto por Fernando Abreu (clarinetes soprano bajo y contrabajo), Felipe Agell (clarinetes requinto y soprano), Óscar Prieto (clarinetes soprano y bajo), Xoán Carlos Vázquez (clarinete soprano), Marcos Padrón (acordeón) y Xulia Feixóo (percusión), Cuarteto Caramuxo acaba de publicar un nuevo trabajo discográfico, Reviravoltas (2022), tercero en su discografía. Este largo llega siete años, y una pandemia, después de aquel Arrieiros somos (Nakra, 2015)… ¿cuántas vueltas, y reviravoltas (rodeos), musicales vividas desde entonces?

 

 

 

Cuarteto Caramuxo... ¡es un sexteto! Compuesto por cuatro clarinetistas, un acordeonista y una percusionista, ¿cómo surgió la reunión y con qué objetivo? ¿Cómo recordáis aquellos inicios, allá por 2005... o fue 1989?

Xoán Carlos Vázquez: «Más bien en el 89... o incluso antes; la verdad es que poner fecha al inicio del Cuarteto es misión imposible. Realmente echó a andar fruto de la amistad de cuatro compañeros (Cándido Lorenzo, Fernando, Óscar y yo) que, en aquel entonces, compartían aulas de clarinete en el Conservatorio de Vigo y que disfrutaban de hacer música de cámara con composiciones de Mozart, Beethoven, Hulk… A partir de ahí pues, no sabemos bien cómo, fue evolucionando en un primer momento hacia la interpretación de estándares de jazz acompañado de la introducción de la percusión para, ya a partir del 95, centrarse en la interpretación de música gallega e incorporación del acordeón, que dio paso a la formación actual.

Lo que sí claro está es que fueron años muy apasionantes en los que el cuarteto no era más que un buen motivo para disfrutar de esa amistad y complicidad existente entre los Caramuxos».

Felipe Agell: «Mis inicios en el cuarteto fueron tocando en la Gaita Grileira en Vigo allá por los años 90, ¡un placer!».

Fernando Abreu: «El acordeón llegó en un momento en el que Felipe se fue a estudiar a los Países Bajos y la elección del instrumento se debió a quién lo tocaba –Cándido Cabaleiro– era compañero en nuestras primeras experiencias docentes y se animó a juntarse con nosotros. Más tarde sería sustituido por Alonso Caxade y, ya desde hace unos años, Marcos Padrón.

En la percusión colaboraron varios amigos en los primeros años hasta que liamos a Patricia Cela, que fue quien definió el estilo reconocido del grupo. Hace cuatro años fue a especializarse en la construcción de instrumentos de cuerda en el Reino Unido y le propusimos a Xulia unirse a la familia.

Con la llegada de todos ellos, más allá de su calidad, siempre primó la relación de amistad que teníamos todos o algunos de nosotros con ellos. Ante todo somos familia».

 

Y, a nivel individual, ¿qué aportan los diferentes bagajes de cada uno de los integrantes? ¿Supusieron en algún momento un reto a la hora de trabajar? Porque tenéis una variada formación académica, desde la clásica hasta otras más tradicionales...

Xoanca: «Preguntáis por retos cuando, en realidad, lo que supone es una oportunidad. La verdad es que la formación de cada uno de los integrantes es diversa dentro del panorama musical, abarcando diferentes especialidades que, curiosamente, huyen en cierto sentido del estrictamente relacionado con sus formaciones superiores.

Hablamos de música antigua, música contemporánea, improvisación, musicoterapia, pedagogía musical, etnomusicología, música tradicional... un montón de conocimientos que, puestos a disposición del grupo, sirven para tener una perspectiva abierta y sólida de lo que pretendemos presentar con nuestras propuestas».

 

 

¡Cuarteto Caramuxo! Ahora bien, no sois un cuarteto ni tampoco parecéis caramujos. ¿De dónde viene ese guiño al mar? ¿Es el caramujo vuestro animal espiritual?

Xoanca: «Para nada tiene ningún tipo de connotación espiritual, más bien todo lo contrario. Nosotros somos más simples y terrenales. En el momento de poner nombre al cuarteto creo que tuvimos en cuenta dos ideas: la primera era la de demostrar nuestro apego por el gallego y todo lo que representa; la segunda tiene más que ver con un acto de rebeldía en un momento en el que, en los ambientes de la música clásica en los que por aquel entonces nos movíamos, todos los nombres de las formaciones de cámara, o bien estaban relacionados con terminología musical rebuscada (casi siempre en italiano), o eran acrónimos a partir de los apellidos de sus integrantes.

Lo nuestro siempre fue la simpleza; sería que el caramujo así nos parecía: simple».

Fernando: «Las tapas de caramujos que ofreció la Gaita Grileira en una sesión vermú en la que tocamos también tuvieron algo que ver en el tema del nombre :)».

Óscar Prieto: «Y nuestro empeño para que se consolidasen las tapas de caramujos también, aunque, por desgracia, en Vigo seguimos sin poder disfrutar de los caramujos».

 

Claro está que para romper las reglas antes hay que conocerlas, y quizás esta premisa viene a resumir un poco vuestra identidad. ¿Cómo describiríais la filosofía de Cuarteto Caramuxo?

Óscar: «Partiendo de la idea de dar vida a melodías tradicionales, atrevernos con todo. Damos vueltas y más vueltas a nivel colectivo hasta dar con la propuesta final que, evidentemente, siempre queda abierta a cambios. El “Rock chas” de Reviravoltas es buen ejemplo de este proceso. Fue un tema trabajado continuamente en, prácticamente, todos los ensayos durante unos cuatro años.

Jugar, disfrutar de la música, aportar lo mejor de cada uno para una creación colectiva y no perder nunca la ilusión por tocar juntos».

 

Lleváis al límite los registros de los instrumentos jugando con graves, agudos, timbres y sonoridad excéntricas; como resultado, un sonido único en cada una de las creaciones. ¿Hasta qué punto es necesario el dominio del instrumento para experimentar así con él?

Felipe: «Creo que no es tan necesario dominar el instrumento para hacer la música de Caramuxo; lo más importante es tocar sin perjuicios y dejarse llevar».

 

En el Ábrete de Orellas del 15 de marzo, Pepe Cunha escribía que «no hacéis jazz, ni tradi, ni clásica (pero sois quién de agradar a seguidores de esas referencias)». ¿Cómo describiríais vosotros lo que hace Cuarteto Caramuxo?

Marcos Padrón: «Los procesos de composición de los temas son algo muy especial. Lo que hacemos es pasar los temas recogidos por Casto Sampedro por nuestra óptica musical, acercándole un colorido muy particular. Al acercarnos a todas las estéticas que trabajamos en este disco, simplemente dimos un paso adelante y decidimos probar recursos musicales e instrumentales que, aunque familiares para nosotros, no habían aparecido antes en los discos del Cuarteto Caramuxo».

 

Pasando de estilos a influencias, ¿tenéis alguna referencia en particular a la que miréis a la hora de hacer música?

Marcos: «Podríamos decir que a ninguna en concreto, pero sí miramos atrás, adelante y a los lados. Como podéis ver, lo nuestro son las influencias; nos gustan todas, desde la clásica, todas las músicas populares de todos los rincones de la tierra, el jazz, el punk, la música electrónica, la música contemporánea, etc.».

 

 

Gracias a ganar el Concurso Festival Folk Cancioneiros, de la Fundación Pedro Barrié de la Maza, grabáis vuestro debut, Tiruriru (2009). ¿Fue el premio el empujón definitivo para entrar en el estudio?

Fernando: «Sin duda. Hasta aquel momento habíamos hecho alguna grabación “casera” de nuestro primer repertorio, pero el premio nos dio la oportunidad de entrar en un estudio profesional y grabar con calma y calidad».

 

En ese primer álbum os sumergíais en el legado musical de Casto Sampedro Folgar, en sus recogidas del final del siglo XIX y principios del XX. ¿Por qué este cancionero en concreto? ¿Qué tiene de especial para vosotros?

Fernando: «En los comienzos no nos habíamos propuesto centrarnos en este Cancioneiro, pero teníamos unas pocas piezas basadas en él y esa era una de las condiciones para participar en el concurso que organizó la Fundación Barrié de la Maza como conmemoración de su publicación.

El auténtico detonante de esta elección fue el trabajo de investigación y doctorado de nuestro buen amigo Xabier Groba, que fue quién de recopilar todos los materiales descartados por Filgueira Valverde en la publicación original. Xabier nos pasó mucho material inédito y empezamos a tirar de las melodías que más nos gustaron de él y, hasta ahora, han dado para dos trabajos discográficos y queda mucho por redescubrir».

 

 

Entre vuestro repertorio, encontramos también música para algunos espectáculos, un concierto didáctico infantil e incluso una obra de teatro. ¿De qué manera afrontáis la composición para este tipo de trabajos?

Fernando: «En Vento Mareiro, el espectáculo se articuló a partir del repertorio que habíamos creado buscando encajar las historias que Avelino González juntó para el espectáculo. Nació como una “contada” con música en directo en los conciertos expansivos de Burla Negra contra el Prestige y, a partir de aquel inicio, tomó forma de espectáculo con el que tuvimos el placer de recorrer todo el país».

Xoanca: En cuanto a conciertos didácticos, fueron dos producciones que presentamos dentro de la programación del Consorcio para la Promoción de la Musica, del cual depende la Orquestra Sinfónica de Galicia.

El primero de ellos, basado en el cuento O calcetín amarelo de Loli Rial, fue escenificado con la compañía de Títeres Cachirulo, en el que planteamos arreglos musicales a partir de melodías aportadas por la maestra Susa Herrera y cantadas por Mónica de Nut. El segundo, A ratiña laranxa, fue producido por el Cuarteto Caramuxo bajo la dirección de Avelino González; e interpretamos composiciones propias y arreglos de alguna melodía extraída, como no, de Casto Sampedro, aunque no incluida en ninguno de nuestros trabajos discográficos».

Óscar: «El trabajo para este tipo de espectáculos no varía mucho del habitual: hacer cosas que nos enganchen y pasarlo bien. Por mi parte, formar parte de esos espectáculos fue algo muy especial y divertido».

 

 

Os caracterizáis por romper con la norma y la formalidad, tanto en proyectos infantiles como para adultos. ¿Es el humor parte de vuestra esencia? ¿Qué papel juega a la hora de componer, y luego interpretar, vuestra música?

Xoanca: «Creo que el humor forma parte de cada uno de nosotros. Siendo así, cómo no va a ser también parte del Cuarteto Caramuxo. ¡No queda otra!».

Óscar: «Esa es la parte de los ensayos que nosotros llevamos la escena. En el escenario lo pasamos muy bien, nos conocemos demasiado y creo que eso llega al público».

 

A la hora de trabajar como grupo, ¿cómo convergen estas diferentes facetas que, aun siendo todas artes escénicas, tendrán sus respectivas peculiaridades?

Fernando: «Lo fundamental es la música. Somos músicos y eso es lo que mejor sabemos hacer. Después de esto, hay que ser conscientes de que en el escenario tocas para un público que tiene que sentirse parte del espectáculo, que recibe tu música y tu forma de estar y comunicar».

 

Vuestra segunda referencia, Arrieiros somos (Nakra, 2015), vuelve a revivir melodías olvidadas... ¡por más de un siglo! ¿Cómo fue el proceso de arreglar las piezas tradicionales? ¿Qué criterio seguisteis a la hora de seleccionarlas?

Óscar: «Lo que hacemos es realizar una selección previa de melodías, preferentemente de aquellas no incluidas inicialmente en la compilación de Filgueira Valverde. Siempre nos atraen las que tienen algún giro melódico o ritmo interesante. En algún momento íbamos directamente a por melodías correspondientes a ritmos de la música tradicional gallega, pero son tales las vueltas que les damos que acababan por ir hacia otros caminos no pensados inicialmente.

Un ejemplo: Queríamos montar una rumba y ¡mira tú por dónde que cogemos para tal fin ¡una muiñeira! El resultado fue “Chicken’ s rumba”; rumba la hay, pero al final lo que más destaca de él es el ambiente de improvisación libre de principio al fin».

 

 

En febrero llegaba vuestro tercero álbum, Reviravoltas (2022), siete años después del anterior y con una pandemia de por medio. ¿Cómo surge este nuevo trabajo? ¿Es el título una descripción de su proceso compositivo o esconde otro significado?

Xoanca: «Bueno... ya era hora, ¿no? Creo que a nosotros siempre nos da pereza pensar en meterte en el estudio y sacar disco, pero al final, nuestro compromiso de dejar registros de nuestra manera de entender la música pesa más. Y, la verdad, una vez metidos en harina lo disfrutamos tremendamente. De hecho, abordamos el trabajo de grabación como si de un concierto se tratase, haciendo tomas tocando los seis simultáneamente y buscando la naturalidad con la que nos sentimos tan a gusto».

Felipe: «Teníamos seis temas montados, y creo que recién estrenado el confinamiento fue cuando decidimos ponernos al asunto y grabar.

Con respecto al título del disco, ya quedó aclarado en preguntas anteriores. En Arrieiros somos está incluida una jota que en el Casto Sampedro figura con el nombre de “Punto e volta”. Nosotros, ante la partitura del cancionero, y no conformes con lo que teníamos delante, decidimos añadirle una tercera parte como “revuelta”. Creo que ese inconformismo y placer que supone el hecho de trabajar como trabajamos queremos presentarlo de cara, poniendo este título de Reviravoltas».

 

 

Escuchamos la voz de la gran Mercedes Peón en “De seu”, versión de la original incluida en su debut, Isué (2000). ¿Cómo surgió la idea de colaborar con una de las mujeres más carismáticas del circuito de la world music actual? ¿Cómo fue trabajarla junto a ella (¡22 años después!)?

Fernando: «La idea de trabajar con Mercedes viene de lejos y tiene que ver con mi relación personal con ella, como colaborador en sus discos y, sobre todo, por los años en los que tuve el honor de girar con ella como miembro de su banda o invitado.

Hay una parte de su repertorio con mucha presencia del clarinete, el acordeón y, por supuesto, la percusión. Este repertorio, que es el más acústico, no tiene tanta presencia en sus conciertos y yo siempre tuve en mente que Caramuxo podía hacer una versión desde nuestra óptica, así que transcribí varias de estas composiciones con las que ya habíamos trabajado pero que nunca habíamos presentado en público. Para la grabación de Reviravoltas nos pareció oportuno incluir “De seu” por lo mucho que nos gusta cómo funciona el arreglo; así que hablé con Mercedes y le pregunté si se animaría a grabarlo con nosotros y aceptó de buena gana.

La experiencia de la grabación con ella fue uno de esos momentos de guardar en la memoria ya que, en el momento que entró en el estudio y empezó cantar, su energía e implicación los dejó asombrados. Estaremos siempre agradecidos por el regalo tan hermoso que nos hizo».

 

 

En Reviravoltas seguís tocando muchos estilos, pero uno de los más destacables es el jazz, donde se juega con la música a través de la improvisación. A la hora de arreglar las melodías tradicionales, ¿jugáis con ellas del mismo modo que el jazz?

Fernando: «Como premisa no. Lo esencial es que la melodía sea lo importante, después la parte colaborativa es la que hace que un tema se vaya por esos caminos. No descartamos nada, pero tampoco los ponemos como premisa».

 

En este Reviravoltas arriesgáis a incluir también elementos de la electrónica. ¿Cómo veis la tendencia de mezclar tradición y electrónica tan al alza últimamente?

Fernando: «Más que tendencia es un proceso natural. La música electrónica hace tiempo que llegó para quedarse y tarde o temprano es una herramienta más con la que todos contaremos.

En nuestro caso tiene que ver con la referencia de la que partimos para crear “Santa Porta”, que son los alemanes Meute, una brass band totalmente acústica que consigue una sonoridad totalmente electrónica. Para el disco decidimos darle un “reviravolta” electrónica que también sirvió para que el séptimo Caramuxo participase no solo detrás de los mandos de la consola; nuestro técnico de sonido y mezclador del disco es además un gran músico, y que toque en el disco nos hace mucha ilusión. También podéis notar su mano tecnológica en “Chicken’s Rumba”».

Óscar: «Uno de los problemas que teníamos a la hora de las actuaciones era la parte de la amplificación. Al principio tocábamos con micros externos, lo que al aire libre siempre nos daba muchos problemas. Encontramos unos micros internos que solucionaron estos problemas y, con ellos, podemos hacer muchas más cosas; entre ellas, que Vilas pueda trabajar mejor con nuestro sonido e introducir efectos en directo que hasta ese momento no eran posibles».

 

 

A pesar de vuestra formación clásica, habéis comentado que no encajáis en sus estándares. ¿Creéis que la formación académica debería adaptarse a los nuevos tiempos? ¿Es la gente la que debe acercarse a la música clásica o es esta la que debe acercarse a la gente?

Felipe: «Creo que la formación académica ya no existe, la actualidad musical nos llevó a todos a tener que adaptar nuestra pedagogía a los nuevos tiempos».

Xulia Feixóo: «Creo que toda formación académica —o institucional, o formal, o cómo se le quiera llamar— debería tomar como punto de partida el contexto inmediato del alumnado para realmente ser significativa en sus procesos de aprendizaje. La pedagogía más innovadora nos dice que solo aprendemos cuando nos divertimos o nos emocionamos, y para esto, los centros de enseñanza deben emplear todas las herramientas que les sean útiles.

En el caso de la formación musical, tanto las músicas populares urbanas como las músicas tradicionales tienen un enorme potencial que no debería desaprovecharse en los conservatorios».

Óscar: «La formación académica en este país tiene que cambiar drásticamente. El alumnado que decide estudiar música en el conservatorio cada vez es menor, seguimos enseñando instrumentos clásicos para hacer música clásica, ¿pero dónde queda la música actual? Que en un conservatorio de música no se enseñe la música actual es un poco raro, ¿no?».

 

 

Un mes después de su lanzamiento, el Reviravoltas sonaba en el  Global Village, reconocido programa de radio de músicas del mundo de la KMUW de Wichita (Kansas, EE. UU), y entraba en el puesto 17 de la World Music Charts Europe. ¿Cómo suele ser la acogida de vuestra música al otro lado de nuestras fronteras?

Óscar: «Pues la verdad es que produce un placer absoluto; ¡tal cosa pensamos que podía pasar! Pensar que estás sonando en radios de toda Europa, Norte América, Australia, Nueva Zelanda... Al final resulta que vamos a tener más público potencial por ahí fuera que en Galicia. Las pocas oportunidades que tuvimos de salir al extranjero (tres veces a Francia) nos sentimos muy queridos y recibimos muy buenas críticas.

Realmente, a partir de la inclusión de Cuarteto Caramuxo en estos listados, nos sentimos un poco fuera de lugar; por una parte, claro reconocimiento por parte de especialistas internacionales y, por la otra, unas ganas tremendas de presentar el trabajo en directo que se queda en eso, en ganas, ya que las oportunidades que se nos brindan para hacerlo son más bien escasas».

 

Desde vuestra creación, reivindicáis el papel del clarinete en nuestro acervo cultural. ¿Qué papel el clarinete en Galicia?

Fernando: «Los clarinetistas de Caramuxo crecemos pensando que en la música gallega de tradición no había clarinete más allá de bandas de música o charangas. Esto tiene que ver con el modelo “celta”, que miró fundamentalmente hacia Irlanda en los años del boom folk. En los últimos años de nuestra formación académica empezamos a descubrir todas las músicas del mundo en las que el clarinete tenía un papel destacado, y pensamos que nuestro país no podía ser ajeno a la llegada del clarinete a las músicas populares.

Primeramente, y gracias a los trabajos de agrupaciones como Xistra de Coruxo (Vigo), conocemos su papel en grupos de gaiteros en la segunda mitad del siglo XX y cómo el clarinete, junto al acordeón, fueron el eslabón que conectó las músicas más tradicionales con los nuevos repertorios llegados desde otros lugares, que acabaron por tener una sonoridad propia en estas formaciones. Más adelante, y dentro del Curso de Especialización en Música Gallega que organizó la Universidade de Santiago de Compostela junto al Conservatorio Folque de Lalín, llegó a mis manos el cuaderno del repertorio que el compositor Ricardo Courtier creó para Os Trintas de Trives,, que fue el detonante del descubrimiento del papel fundamental del clarinete en los grupos de gaiteros de finales del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX. Cuartetos donde la gaita se unió al clarinete o requinto (el clarinete más agudo) y que surgieron por todo el territorio gallego y en la emigración.

Afortunadamente, hoy en día va siendo habitual la presencia del clarinete en los grupos de música tradicional o folk. Aunque falta mucho por hacer, como su presencia en las escuelas de música tradicional en las que sí están otros instrumentos con menos presencia en la historia de nuestra música».

 

Los directos de Cuarteto Caramuxo van más allá de lo estrictamente musical, teniendo un estilo ciertamente teatral encima del escenario. ¿Cómo influye esta vinculación con el teatro encima del escenario? ¿Diríais que los directos son imprescindibles para la banda?

Xoanca: «¡Sin duda! El hecho de haber trabajado en el espectáculo Vento Mareiro, bajo la dirección del exigente y cuidadoso Avelino González, nos dio la oportunidad de tomar conciencia de la necesidad de crear espacios y ambientes de relación directa con el público y de cuidar la puesta en escena».

Óscar: «Nuestros tres CDs están grabados en directo; además de eso, la vinculación con el teatro siempre está ahí».

 

 

Al hilo, a finales de febrero llegaba una de las primeras confirmaciones de la Gira #Reviravoltas, vuestra participación en el ClasClas Festival de Vilagarcía de Arousa. ¿Alguna otra fecha que podáis adelantar?

Fernando: «Justo a finales de este mes de abril arrancaremos la gira de las #Reviravoltas en el Arca da Noe (Vilar de Santos, Ourense). Será el sábado 30 y tocaremos en ese acústico que tanto nos hace disfrutar.

Están siendo tiempos muy complicados y parece que en esta “nueva normalidad” los programadores vuelven a dejar de lado a música hecha en el país y apuestan por los grandes nombres de fuera... y la administración no hace nada o poco por la promoción de nuestra música. Por supuesto, darle las gracias a ClasClas por contar con otras músicas dentro del festival. Es una buena iniciativa y pienso que muy inteligente».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Xulia: «O Leo de Matamá».

Xoanca: «Con pasión de educador, dejadme aconsejar a mi querida exalumna, HighPaw».

Óscar: «¿Cuarteto Caramuxo? [Risas]. El directo de Xisco Feijoó».

Fernando: «Yo también recomiendo a mi querida exalumna Silvia de Taboexa (Flow del Toxo) y, por supuesto, hay que tener siempre una oreja puesta en lo que está haciendo Mercedes Peón».

 

Se abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Felipe: «Fat Freddy’s Drop».

Xulia: «Spanish Recordings de Alan Lomax, Kind of Blue de Miles Davis y el Entrez dans la danse de Skolvan».

Fernando: «En las últimas semanas suena mucho Rosalía, Jan Batiste (su vertiente de pianista de jazz) o nuevas músicas gallegas de gente nueva... entre mucha cosa variada».

Xoanca: «Voy a echar un capote a Fernando: DOUS y la Sonata nº 2 para clarinete y piano de Brahms».

Óscar: «Pues últimamente Archive y algo latino como Lila Downs —Brahms, qué bonito…».

 

  noticias