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DONICELAS: «INTENTAMOS TRANSMITIR AL PÚBLICO LO QUE NOSOTROS DISFRUTAMOS ENCIMA DEL ESCENARIO»

DONICELAS: «Intentamos transmitir al público lo que nosotros disfrutamos encima del escenario»
16 MARCH 2026

Treinta años dan para mucho. Dan para crecer, para cambiar, para que entren y salgan personas, para grabar discos, para subir a escenarios grandes y pequeños, para colaborar con nombres que marcan una época. Dan también para formar parte de esa generación de grupos que ayudaron a devolver la música tradicional gallega a las plazas, a los escenarios y a la vida cotidiana.

Lo que comenzó como una experiencia escolar en el CPI Altamira de Salceda de Caselas terminó convirtiéndose en un proyecto sólido en el que la tradición oral, el trabajo vocal y la percusión dialogan con una mirada propia sobre este patrimonio musical. A lo largo de estos años participaron en grabaciones de referencia como Obrigado, de Treixadura, o Feitizo, de Na Lúa, y publicaron trabajos como Que nunca foi abalada o Donicelas, en los que la recuperación de coplas y melodías convive con la creación propia.

Ahora presentan A nena do pelo loiro, un nuevo disco que continúa ese camino entre tradición y presente. Hablamos con Andrea Rodríguez (voz, pandeireta, conchas y triángulo), Bea Pérez (voz, pandeiro, conchas y tamboril), Noelia Martínez (voz, pandeireta, conchas, triángulo, claves y bombo), Rosa González (voz, pandeiro, conchas, tamboril y bombo), Víctor González (voz y acordeón), Xesús Díaz (voz, conchas, whistle y gaita) y Víctor Fernández (guitarra y bouzouki) sobre el proceso creativo, la transmisión de la música tradicional y el significado de seguir haciendo comunidad alrededor de una copla.

 

Foto: Martín Rodas

 

Donicelas nace a comienzos de los noventa en el CPI Altamira de Salceda de Caselas como actividad escolar. ¿Qué tuvo que pasar para que aquello dejase de ser una experiencia puntual y se convirtiese en un proyecto con más de treinta años de trayectoria?

Noelia: Se acercaba el momento de terminar EGB y llegaba el final de la actividad, pero estábamos tan bien y teníamos un grupo de compañeras que disfrutábamos mucho de la actividad que nos propusimos seguir. Y de ahí que se convirtiese en un proyecto de amigas que duró hasta hoy, con compañeras que salieron y entraron, pero aquí seguimos.

 

Vuestro nombre es de los que no necesitan mucha explicación para quien conoce el rural gallego: la donicela, ese mamífero pequeño y ágil que anda por los muros y los corrales. Pero, ¿qué significado tiene para vosotros como grupo? ¿Por qué “Donicelas”?

Bea: De pequeñas éramos muy inquietas, movidas y nos gustaba explorar el mundo de la música tradicional. Cuando decidimos seguir, el profesor que teníamos (Antón López) nos propuso ese nombre porque le recordábamos a una comadreja.

 

Bebéis de la tradición oral y del legado de otros grupos musicales, pero con un sonido muy propio y reconocible. Sin etiquetas, ¿cómo definiríais vuestra música? ¿A qué suena Donicelas?

Rosa: “Sin etiquetas” nos representa mucho, porque no seguimos un estilo con directrices concretas. Arreglamos temas que nos gustan y que se adaptan a nosotras con naturalidad, como nos sale.

 

Foto: Martín Rodas

 

Uno de los rasgos más característicos del grupo es el trabajo vocal y el uso de la percusión tradicional. ¿Cómo se construye una pieza dentro de Donicelas? ¿Hay un punto de partida habitual o cada tema pide su propio camino?

Víctor Glez.: Cada tema busca su propio camino. Muchas veces partiendo de una base tradicional que ya existe, pero después la adaptamos a nuestro estilo. Cada uno aporta sus ideas y propuestas.

 

A lo largo de estos años se han ido cruzando con vosotros cantareiras, agrupaciones históricas y también formaciones contemporáneas que abrieron nuevas vías dentro de la música tradicional. Cuando miráis atrás, ¿quién sentís que dejó una huella más profunda en vuestro sonido? ¿Pesa más la transmisión oral directa o también el diálogo con otros grupos que fueron marcando el camino?

Andrea: Como grupo de música, Treixadura, pero lo cierto es que a día de hoy hemos estado en contacto con grupos de distintos estilos (Na Lúa, Eladio y Los Seres Queridos, Gravesen, Banda Cultural de Salceda de Caselas…). También hicimos una recogida directa en Barro, con las pandeireteiras de Barro de Arén. En definitiva, nuestro repertorio es de recogida de otra gente, propuestas que escuchamos y composiciones propias de nuestro gaitero, Xesús Díaz.

 

En 1996 participabais en las grabaciones de Obrigado, de Treixadura, y de Feitizo, de Na Lúa. ¿Cómo fueron esas experiencias para un grupo entonces tan joven? ¿Qué supuso compartir proyecto con agrupaciones de tanta relevancia?

Noelia: Fueron las primeras veces que pisábamos un estudio de grabación y era una mezcla de nervios, ilusión y responsabilidad, ya que era una experiencia única que nos permitió conocer cómo se hacía un disco desde los inicios.

El hecho de compartir proyectos con grupos de tanto renombre fue muy gratificante y enriquecedor, ayudándonos a crecer como grupo y a ponernos en valor dentro del panorama musical gallego.

 

 

 

 

Vuestro primer disco propio, Que nunca foi abalada, llegaba en 2005, casi una década después de aquellas primeras grabaciones. ¿Qué os llevó a publicarlo y qué recuerdos guardáis de aquella primera experiencia conjunta en un estudio?

Bea: Teníamos una selección de piezas recogidas en Barro de Arén y otras que ya llevábamos tiempo interpretando y que nos hacía especial ilusión dejar plasmadas en un disco para que todo el mundo nos pudiese escuchar cuando quisiera.

 

 

 

 

 

En 2015 llegaba el segundo disco homónimo, Donicelas, con colaboraciones de artistas como Uxía, Paulo Nogueira o Julio Lorenzo. ¿Cómo fue el proceso de creación del disco? ¿Cómo llegaron esas voces a vuestro trabajo?

Rosa: El disco se creó con piezas que teníamos en nuestro repertorio y que se fueron adaptando para el nuevo disco, con el trabajo en el estudio de grabación de Isaac Millán. Las colaboraciones llegaron gracias a los lazos de amistad y cercanía que nos unen a todos los participantes.

 

 

Entre un disco y otro pasaron diez años. Mirando atrás, ¿notáis una evolución clara entre los dos trabajos? ¿En qué sentido cambiasteis más?

Víctor Glez.: A raíz del primer disco incorporamos al grupo nuevos componentes que aportaron la sonoridad de la gaita y el acordeón. El primer disco está enfocado con un estilo más tradicional en el que predominan las voces y la percusión y, en el segundo, tienen más presencia los arreglos de gaita y acordeón.

 

Foto: Tere Pérez

 

En 2017 colaborasteis con Eladio y los Seres Queridos en una canción, Flor da Murta. ¿Cómo surgió esa colaboración? ¿Qué tiene ese alalá, ese canto, que es capaz de tender puentes entre el indie y el tradi?

Bea: La colaboración surgió gracias a la amistad de un componente del grupo que, cuando escuchó la canción de nuestro repertorio, le gustó tanto que fue el punto de partida. Flor da Murta es una pieza muy melódica que se puede adaptar a cualquier estilo musical.

 

 

En 2012 celebrabais los veinte años del grupo con un concierto especial con amigos. Pero además de la fiesta, ese aniversario trajo también una renovación de vuestra imagen de la mano de la diseñadora Noelia Nogueiras, que volvió a trabajar con vosotros más recientemente en un nuevo vestuario. ¿Qué buscabais (y buscáis) con esa colaboración?

Andrea: Queríamos darle una vuelta a nuestra presencia en el escenario, basándonos en el vestuario tradicional, pero diferenciándonos de esa imagen del traje gallego. Queríamos que fuese una seña de identidad.

 

 

En vuestro trabajo aparecen músicas de distintas comarcas de Galicia, aunque el sur de Pontevedra (Toutón, Gargamala...) está muy presente. ¿Existe para vosotros una “zona emocional”? ¿Hay otras comarcas por las que sintáis especial predilección?

Víctor Fdez.: Zona emocional no hay. De hecho, al estar cerca de la frontera de Portugal, es cierto que algunas piezas pueden tener alguna influencia o ser de origen portugués.

 

 

 

A nena do pelo loiro llega en noviembre de 2025. ¿De dónde viene el material tradicional que escogisteis: cancioneros, archivos sonoros, tradición oral directa...? Junto a ese material heredado también aparecen composiciones propias. ¿Qué lugar ocupa la creación dentro de Donicelas? ¿Cómo nace una pieza nueva en un grupo tan vinculado a la tradición?

Xesús: El peso de las composiciones propias, en porcentaje, podemos decir que es bajo, pero por la crítica que recibimos (casi siempre positiva o muy positiva) estamos más que satisfechos. En cuanto a la forma en la que llegan al grupo esas composiciones, imaginamos que es como en el resto de grupos: imaginación, creatividad, referentes y ponerse a trabajar en esa nueva pieza.

 

 

El pasado 14 de febrero arrancaba vuestra colaboración con la Banda Cultural de Salceda, en un concierto que describís como “el punto de partida de una colaboración que seguro nos traerá grandes momentos”. ¿Cómo nace ese proyecto conjunto y qué os ilusiona especialmente de esta unión?

Noelia: No es la primera colaboración con la Banda, ya habíamos tenido una primera toma de contacto hace años, con Saliceta, una pieza dedicada al Concello. La experiencia había sido muy grata y muy bien recibida por el público, y de ahí que ahora surgiera hacer una colaboración centrada en el repertorio de Donicelas. Pensamos que será una colaboración muy enriquecedora y fructífera en los próximos meses.

 

Proyectos como este demuestran que la música tradicional gallega tiene energía y ganas. Pero la profesionalización en el ámbito sigue siendo un tema pendiente. ¿Cómo lo vivís desde dentro?

Xesús: Nosotros, como punto de partida, somos todos amateurs, por así decirlo. No vivimos de la música, por desgracia; pero aun así nos tomamos los conciertos, colaboraciones, grabaciones discográficas, etc., como si fuésemos profesionales. Desde nuestro humilde punto de vista, somos conscientes de las dificultades que se viven en esta sociedad y vemos con cierta pena que el ámbito de la profesionalidad esté muy reducido a unos pocos referentes, cuando hay muy buenos y buenas músicos y músicas que, por un motivo u otro, no llegan a hacer de esto su forma de vida.

 

 

Estamos viviendo un renacer de foliadas, de seráns, con cada vez más gente joven implicada. Con más de treinta años de trayectoria, tenéis perspectiva para valorar ese cambio: ¿se está transformando la manera de escuchar, de bailar, de transmitir la música tradicional? ¿Notáis esa evolución también en vuestros propios conciertos?

Víctor Glez.: Gracias a la influencia de nuevos artistas gallegos que arreglan música tradicional y/o en gallego hacia estilos más modernos y actuales. Y sí, está habiendo un acercamiento de la juventud hacia la música gallega en general.

 

En el fondo, la música tradicional no es solo repertorio: es relación, es contexto, es encuentro. ¿Qué papel juega para vosotros esa dimensión comunitaria, más allá del escenario y de los discos? Cuando montáis un repertorio, ¿pensáis también en esa interacción con el público: en el canto compartido, en el baile, en el diálogo?

Víctor Fdez.: Claro que se prepara el repertorio pensando en el público, pensando en cada actuación e imaginando cómo podemos interactuar mejor con ellos.

 

Foto: Tere Pérez

 

Muchas de las voces que hoy escuchamos en las foliadas y en los escenarios vienen de un proceso de transmisión que durante décadas fue silencioso y doméstico, sostenido mayoritariamente por mujeres. ¿Sentís que vuestro trabajo también es una forma de continuidad de ese hilo? ¿Hay conciencia de legado cuando subís al escenario?

Xesús: Sin duda. Sería impensable haber llegado al punto en el que estamos hoy en día sin ese proceso secular [de transmisión] de madres a hijos e hijas de esas hermosísimas coplas y músicas de las que hoy tenemos el honor de interpretar en los escenarios, en las grabaciones… Y, por supuesto, somos conscientes de que nosotros tenemos que y queremos aportar ese grano de arena.

 

Para quien todavía no ha asistido a un concierto de Donicelas, ¿cómo los describiríais? ¿Qué puede esperar el público cuando os ve actuar?

Rosa: Intentamos transmitir al público lo que nosotros disfrutamos encima del escenario, que perciban nuestra alegría y complicidad, disfrutando de lo que hacemos.

 

Foto: Tere Pérez

 

Con el paso del tiempo también cambia la manera de pisar el escenario. ¿Qué os enseñó el directo en estos treinta años? ¿Hay algo que hoy hacéis distinto porque lo aprendisteis con el público?

Noelia: Pasamos de estar muy tensos a disfrutar con el público de lo que hacemos.

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Andrea: Como referente, por supuesto, Treixadura. De nuevo, cada uno de nosotros tiene gustos y estilos muy diferentes.

 

Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% sinceridad, 0% vergüenza.

Xesús: Seguro que de todo un poco: folk gallego e irlandés, rock de los 70-80-90, música clásica, música comercial… Depende del ánimo y del momento.

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