DANI CORNES: «ESCRIBÍ PENSANDO EN LA POSIBILIDAD DE LA EMIGRACIÓN COMO ALGO LEJANO, PERO PLAUSIBLE»
Antes de que hubiera ningún disco, hubo un niño que pidió de regalo de Reyes una guitarra. Un gesto pequeño, casi inconsciente, que con el tiempo acabaría convirtiéndose en el inicio de un proyecto en el que la música funciona como una forma de entender lo que ocurre alrededor: las conversaciones, los vínculos, los lugares que se dejan y los que siguen presentes incluso cuando ya no se habitan.
Con el paso de los años, Dani Cornes ha ido construyendo una manera de escribir atenta al detalle y a lo cotidiano, capaz de transformar escenas en materia narrativa. Un camino que comenzó en solitario con Días rosas (2018) y que ahora da un paso adelante: instalado en Barcelona, publica Aquí sempre tes casa (2026), su primer álbum grabado en estudio, que nace en un momento de tránsito y se mueve entre lo íntimo y lo generacional.
Hablamos con él sobre ese paso de la habitación al estudio, sobre el diálogo con un productor con un universo sonoro propio, sobre la relación entre música e imagen y sobre esa idea de «casa» que atraviesa todo el trabajo.

Foto: Paula Vázquez Guisande
«Recuerdo que le pedí a los Reyes en 2005 una guitarra». Hay algo casi involuntario en contar eso, como si el punto de partida fuese más antiguo de lo que uno cree. ¿Qué le debe Dani Cornes a aquel niño que pedía una guitarra y aún no sabía lo que estaba por venir?
Dani Cornes: Pues yo creo que le debe todo. Tuve la suerte de que mis padres me la regalaran y le hicieran caso a un chaval que entonces tanto te podía decir que quería tocar la guitarra como que quería ser astronauta. Siempre los tuve detrás y creo que ellos me impulsaron a aprender a tocar y a escribir. Si le debo algo al Dani Cornes de antes es el descaro para pedir esa guitarra.
El proyecto lleva tu propio nombre, sin filtros. No hay dónde esconderse. ¿Cómo convives con esa exposición cuando lo que estás poniendo sobre la mesa es tan personal?
Dani Cornes: Es algo raro, porque antes de que una canción salga al público tiene que pasar por tantas manos y tantos filtros… Al final, cuando pasas por todo el proceso de grabación, reescritura, videoclip, incluso la burocracia, casi te olvidas de que aquello que cantas es personal e íntimo, y eso hace que vuelva a reconectar con los temas de una forma diferente; pero ojo, que a mí eso me parece genial: revivir los temas desde una perspectiva totalmente distinta. De todos modos, en este último disco, casi que me pongo en la piel de otra persona que no soy yo, aunque acabe usando ese personaje como un medio o un canal a través del cual cantar sobre mis cosas. Supongo que crear esa separación artificialmente también ayuda a convivir, ¿no?

En 2018 publicas Días rosas, tu primer disco íntegramente en gallego y autoeditado. En él ya aparecía una forma muy tuya de mirar lo cotidiano (podemos pensar en «Karma 0700»), de convertir una escena y un contexto en canción. ¿Qué encuentras en lo que los demás no ven? ¿Qué hay en aquello que puede pasar desapercibido?
Dani Cornes: No sé si es que el resto no lo ve, quizá soy yo que me obsesiono con las minucias y con lo cotidiano. Sobre todo, en este último trabajo, en Aquí sempre tes casa, hay textos que bien podrían ser audios de WhatsApp o conversaciones. Quiero pensar que robo mucho de lo que me cuenta la gente; tengo un documento de notas en el que voy apuntando frases, cosas que me pasan, porque sí que me parece que de esa «normalidad» y de las conversaciones que puedo tener con amigos y familia salen ideas profundas, sobre las que reflexiono, y que acaban convirtiéndose en canciones.
Este primer trabajo fue un proyecto casi en solitario, donde cada decisión era tuya. ¿Qué te enseñó ese proceso que no sabías antes de empezarlo?
Dani Cornes: Yo creo que me di cuenta de que no me gustaba hacer las cosas solo. Sí que, a la hora de componer, prefiero tener la última palabra. Pero con Días rosas, que lo único que no hice del disco fue el diseño gráfico, acabé quemado, sobre todo porque no sabía (ni sé todavía) mezclar, masterizar, arreglar, nada de eso. Ahora tengo la suerte de poder apoyarme en gente que me arropa en esos procesos y así poder concentrarme en mi parte del proyecto. Aprendí a dialogar, creo, cuando antes era todo monólogo. Ahora toca dar el siguiente paso, que es abrirme a colaboraciones [risos].
¿Y qué pesó más entonces: la libertad de decidirlo todo o los límites de hacerlo en solitario?
Dani Cornes: Desde luego que es la gran pregunta. Según pasa el tiempo, entiendo más los límites de hacer las cosas en solitario, y ahora no se me pasaría por la cabeza escribir cinco guitarras para una canción, por ejemplo. Intento ser más realista y, con Días rosas, no fue para nada así. Metí de todo en ese álbum y llevarlo al directo fue difícil.

Aquí sempre tes casa es tu primer álbum grabado en un estudio profesional, con la producción de crnds, un productor con un sonido muy propio y reconocible. ¿Cómo es ese proceso de construir juntos algo y que siga siendo tuyo?
Dani Cornes: Pues crnds siempre fue muy, muy respetuoso con el trabajo que yo había hecho de base, y me propuso que él figurase como producción de estudio. Fue, sobre todo, responsable de la arquitectura y de construir ese sonido que yo había propuesto; me ayudó a escoger micros, amplis, instrumentos, a suprimir o añadir capas… Fue todo un proceso, pero fue genial. A veces se piensa que demasiadas personas al volante pueden hacer que el vehículo choque, pero supo desde el inicio dónde meter la mano y dónde no, y le estaré agradecido siempre por enseñarme estas dinámicas de trabajo.
Terminas los estudios justo cuando llega la pandemia, y marchar, que hasta entonces era solo una posibilidad, se convierte de repente en un escenario real. ¿Cómo es escribir desde la sensación de que todo está por decidir, algo que tantos de tu generación pueden reconocer como propio?
Dani Cornes: Es fuerte, desde luego. Escribí pensando en la posibilidad de la emigración como algo lejano, pero plausible, y de repente dices: «mira, nos vamos a Barcelona y empezamos de cero». Quería escribir una especie de guía para mí, para explorar mis sentimientos alrededor de eso, de la experiencia de dejar atrás dos décadas de experiencia vital y, al final, acabó siendo eso de forma explícita.

Foto: Paula Vázquez Guisande
Este trabajo está atravesado por la distancia, por las despedidas; pero lleva por título una promesa de permanencia: Aquí sempre tes casa ¿es más una certeza o una necesidad?
Dani Cornes: Yo creo que son ambas. Certeza porque esta realidad de emigrar permite tener conversaciones que te llevan a este tipo de promesas, ¿no? Con mis padres, con los amigos. Puedo estar viviendo aquí, en Barcelona, pero siempre que me surge algo allí, en Galicia, tengo un sitio donde quedarme. Casa para mí no es solo el edificio, sino también la gente con la que conecto. Casa es el lugar al que vuelvo siempre, así que supongo que de ahí el título; pero también, precisamente, es una necesidad. No puedo ignorar toda esa vida que hice y construí allí. Siempre aprovecho cualquier pequeña excusa para volver. Así, sin querer, creo que en los últimos cinco años solo hice un viaje de ver mundo, y fue a Mallorca [risos].
En el disco conviven un acordeón, electrónica, pop muy desnudo, palabra hablada en temas como «Estepa»… Es un trabajo que cuesta encajar en un estilo. Sin etiquetas, ¿cómo describirías lo que hace Dani Cornes? ¿A qué suena?
Dani Cornes: Yo creo que fue, por mi parte, una apuesta pensada y buscada. No quiero encajarme dentro de ninguna cuadrícula, aunque me sienta más cómodo habitando el pop, la canción de autor… Pero diría que es una radiografía de todo lo que escucho. Creo firmemente que puedes conocer a una persona por la música que escucha y, en mi caso, escribo lo que escucho también. Tiro mucho de referencias como Bon Iver, Maria Arnal i Marcel Bagés, Big Thief, Ben Howard, Vetusta Morla, Phoebe Bridgers… Obviamente, también escucho cosas a nivel gallego, y creo que también me influyen. Tengo percusiones electrónicas en el disco que me llevan a pensar en Pantis, un acordeón grabado por el gran Andrés R Boutureira, que me encanta lo que hace, y pasajes de letras en los que quiero pensar que me inspiré en Xohana Torres, Xela Arias… Creo que llevo mis influencias en abierto, y supongo que mi música suena a eso. Pero tampoco sabría afirmarlo con certeza. Todo lo nuevo que estoy escribiendo ahora ya suena diferente.
¿Hay algún artista o disco que sientas que está en la base de todo lo que haces?
Dani Cornes: Desde hace años estoy obsesionado con la música de Ben Howard y Bon Iver, que fueron cambiando a medida que yo fui creciendo también con ellos como referencia. A nivel lírico también es importante para mí Silvio Rodríguez, Víctor Jara, Violeta Parra o Diego Lorenzini. Toda la música de cantautores/as de habla española en América es de gran inspiración para mí, conecto mucho con lo que cuentan, y sirven de ancla poética.

Foto: Paula Vázquez Guisande
En «Non vos tedes que alarmar» hay una tensión muy clara entre la tranquilidad que se comunica («todo va genial, no os tenéis que alarmar») y la inquietud que late por debajo («fuera hay demasiado ruido y echo de menos el monte»). ¿Cómo se escribe desde ese lugar donde dos cosas contradictorias pueden ser ciertas al mismo tiempo?
Dani Cornes: Recuerdo que, en segundo de carrera, durante el último día del piso que teníamos alquilado entonces, mientras lavaba los platos, cayó un vaso de tubo y me hice un pequeño corte en la muñeca. Era suficiente como para tener que ir a que me pusieran puntos, pero tampoco era desastroso. El tema fue que el vaso perforó una de estas venas grandes y el desastre de sangre era notable. Lo primero que hice fue llamar a mis padres y, sin ningún contexto, les solté un «antes de nada, no os preocupéis porque la ambulancia está en camino». Siempre pienso en lo ridículo de esa primera frase, mis padres y mi hermano aún me lo recuerdan a veces. Pienso mucho en esa dualidad, en mi manera de intentar mantener la calma en momentos de estrés y fracasar por completo. Y creo que quería explorar mis sentimientos encontrados con esas situaciones. Por eso escribí este tema: es una llamada, o un audio, vaya, pero paso gran parte de la canción ocultando mis sentimientos hasta que no puedo más y exploto, junto con el crecimiento final del tema. Es un poco también mi manera de estar en paz con esa parte de mí, con el estoico eternamente fracasado.
En el tema «Aquí sempre tes casa», «estás a unha chamada» resume mucho de una vez: la distancia, la gente que ya no está cerca pero sigue en tu vida. ¿Cómo llegaste a convertir algo tan cotidiano —una llamada— en el eje que vertebra el disco?
Dani Cornes: Intenté siempre que hubiera un hilo conductor o coherente en el disco. Me gusta concebir un álbum como un trabajo que explora las diferentes aristas de un mismo tema (a veces hasta la saciedad) y hacerlo alrededor de esa llamada tenía todo el sentido del mundo. Es que es lo suficientemente ambigua como para poder interpretarla de diferentes maneras: estás a una llamada, ¿de quién? ¿De qué? ¿De volver? ¿De hablar? Creo que todas esas formas de ver esa frase son correctas.

Foto: Paula Vázquez Guisande
Hay momentos en el disco de gran vulnerabilidad: «acéptame así coma o desastre que son, non quero saír perdendo(te)» (en «Desastre»), «xa me sinto o refugallo dun fracaso persoal» (en «478»). ¿Hay algo liberador en cantar lo que todos pensamos pero casi nadie dice en voz alta?
Dani Cornes: Sí, desde luego. En estas semanas desde el lanzamiento, mucha gente me escribía para decir que conectaba mucho con este tipo de letras, que yo pensaba que quizá podían haber sido las más desapercibidas… Es una sorpresa, desde luego, porque al externalizar este tipo de sensaciones me doy cuenta de que, en realidad, son cosas universales y comunes a todas nosotras y, al menos a mí, me hace sentir comunidad y me hace sentir visto.
Y en medio de todo eso hay… ¡una cumbia!, «Arredor de ti», sobre el peso del amor no correspondido: «cántame unha canción, arredor de ti, paga a pena menear o corpo para esquecer as tristuras». ¿Cómo se logra encajar esa pieza, aparentemente dispar, sin que afecte a la coherencia del trabajo?
Dani Cornes: Creo que, sobre todo, es en la temática y en la instrumentación. Intenté mantener siempre la coherencia y desde luego componer una cumbia fue un reto. Al principio lo imaginé como el run-run de un tren, pero me di cuenta con el tiempo de que venía de mi afán por la música del otro hemisferio, de la admiración y de la voluntad de explorar ritmos que quizá no tengo tan cerca de casa. Y también me parecía que encajar el desamor en una despedida, casi en la mitad del disco, también tenía sentido, tanto narrativo como lírico.
Tu trayectoria va mucho más allá de hacer canciones: dirigiste Onde dormen as gaivotas; firmaste la banda sonora de Os espazos en branco, sobre Xela Arias; trabajaste en el diseño sonoro de una exposición de la Fundació Joan Miró en Barcelona… Son mundos distintos pero todos pasan por el sonido y la imagen. ¿Cómo se alimentan entre sí?
Dani Cornes: Desde luego que se retroalimentan; pienso mucho en la música como algo visual también, y en las canciones como una posibilidad de narrativizar y ficcionar ideas y sentimientos; el álbum sigue un hilo narrativo de una forma más o menos libre, pero sirve también para explorar imágenes que plasmo directamente como colores, horizontes, lugares… Me gusta pensar que hacer canciones es como hacer fotografías o vídeos, y se da el caso de que muchos de esos vídeos acaban siendo piezas como cortos o largos que necesitan música. Es como una serpiente que se muerde la cola.

Foto: Paula Vázquez Guisande
En el videoclip de la canción que da título al disco eres a la vez el cineasta que piensa la imagen y la figura que aparece en ella: sabes exactamente lo que la cámara va a hacer contigo. ¿Cómo cambia eso tu presencia delante del objetivo, o precisamente por eso pudiste construir algo tan desnudo, tan íntimo?
Dani Cornes: ¡Fue terrible en realidad! En las semanas anteriores pensaba en dirigirme a mí mismo, entonces lié a mi pareja, Ariadna Cordal, que también dirige piezas y monta. Hicimos una especie de tándem porque, en realidad, cuando yo no salía en plano sí que podía dirigir un poco lo que hacía el director de foto, Aarón Vilariño, con la cámara. Pero estando yo delante… No sé cómo lo hace la gente que dirige y actúa a la vez. Jafar Panahi, Elena Martín… hacer este videoclip renovó el respeto que tengo hacia ellos.
En el disco participa tu entorno personal, trabajando en roles creativos muy distintos: imagen, diseño, audiovisual. ¿Hay algo distinto en que sean personas que te conocen las que le den forma visual al proyecto?
Dani Cornes: La realidad es que tuve la suerte de estar siempre rodeado de gente muy fructífera y muy talentosa en lo creativo, así que para mí fue súper fácil contar con ellos para poner su granito de arena. Paula Vázquez en la foto, Adán Cordeiro en el diseño, Ariadna Cordal en la dirección del videoclip… son gente que conocí realmente durante la carrera. No tengo más que admiración y halagos.
Para quien aún no te ha visto en directo: ¿qué va a encontrar en un concierto de Dani Cornes?
Dani Cornes: Desde luego, revolución respecto a mis directos anteriores. Creo que estoy cambiando hacia una concepción más total y holística de cómo quiero que sea mi directo. Antes nos presentábamos con los instrumentos, un par de pedales, y venga, a tocar. Ahora estoy pensando en todo, desde el vestuario hasta la iluminación. Quiero que todo sea coherente y que como espectador te atrape (pero en realidad, quiero ser como mis referentes).

Foto: Paula Vázquez Guisande
Mencionaste que estás muy contento de ver cómo hay una explosión y una diversificación de la oferta cultural en gallego, que ya no existe esa imagen estereotipada de que la música en gallego era solo rock bravú o hip-hop. Como artista que forma parte de ello, ¿cómo ves ese panorama desde dentro?
Dani Cornes: Súper ilusionado, sobre todo porque creo que fuimos capaces de deshacernos de ese estereotipo por mérito musical propio. No se trata solo de que con la democratización de la tecnología musical haya más cantidad de artistas, sino también de que el panorama musical gallego parece especialmente fértil para nosotros. Nunca vi con tanta facilidad la posibilidad de relacionarnos entre nosotros, de hablar por redes, en persona, en eventos, tejer lazos y generar conexiones.
Entre todos los agradecimientos del disco en tu Instagram hay uno que no es a una persona: el piano de tu madre. «No one knows me like the piano in my mother’s home», escribes citando a Sampha. ¿Sigues reconociéndote en él? ¿Sigue él reconociéndote a ti?
Dani Cornes: ¡Fua! Sí, por supuesto. Ese piano debe tener unos treinta y pico años, al menos cinco más que yo, acurrucado contra la pared del salón. Sufre incluso más que yo con la humedad costera y, aun así, siempre que nos vemos, acabamos cantando algo juntos.

Foto: Paula Vázquez Guisande
¿Qué artista o grupo gallego nos recomendarías ahora mismo? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Dani Cornes: Estoy muy metido con Pantis ahora mismo. No es justo recomendar a alguien del mismo pueblo, pero wow. Flipé con su último LP. Tuve el placer de verlo en directo y disfrutarlo mucho. Cuando pincho, casi siempre cae «Piketón», de Hydn (temazo, nunca falla). También tengo que mencionar a De Ninghures, Tanxugueiras y Fillas, que son imprescindibles, pero también Caamaño & Ameixeiras, Pansenfron, Xurxo Fernandes y Man The River.
Y si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% sinceridad, 0% vergüenza.
Dani Cornes: [Risos]. A ver. Llevo cuatro meses intercambiando una lista de reproducción mensual con mi amigo y el diseñador del disco, así que gran parte de lo que estoy escuchando son canciones que no me recomienda el algoritmo, sino él. Es una experiencia muy agradable y se la recomiendo a todo el mundo, aunque vosotros ya hacéis eso más o menos con el 90x15 [risos]. Estoy escuchando mucho los álbumes de Diego Lorenzini, además de VVV Trippin’ You, Alcalá Norte, CORTE!, Parquesvr, Rodrigo Cuevas, Autoservei, Geese, Cameron Winter, Triángulo de Amor Bizarro y Los Hermanos Cubero. Ese es mi último mes, aproximadamente (hay más, pero menos presentes).

