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GUILHERME ZAPATA: «SI LA GENTE PUEDE DISFRUTAR DE LA MÚSICA Y ACOMPAÑARLA, VALE LA PENA CADA SEGUNDO DEDICADO A ESTO»

GUILHERME ZAPATA: «SI LA GENTE PUEDE DISFRUTAR DE LA MÚSICA Y ACOMPAÑARLA, VALE LA PENA CADA SEGUNDO DEDICADO A ESTO»
25 APRIL 2026

Hay recorridos que empiezan en colectivo, en ese espacio compartido donde la identidad se diluye y se reconstruye constantemente entre otras voces. El de Guilherme Zapata ha transitado durante años por ahí, entre proyectos como Bifannah o Mvnich, antes de encontrar un punto de inflexión desde el que replantearse su relación con la música y, sobre todo, su lugar dentro de ella.

Ese desplazamiento, más interno que estético en un primer momento, termina materializándose en Segredo (Desayuno Buffet, 2026), un debut en largo que funciona menos como una carta de presentación al uso y más como un ejercicio de reencuentro. Entre la necesidad de decir(se) sin filtros y la voluntad de construir un relato sonoro coherente, el disco se articula como un archivo emocional en el que conviven memoria, lenguaje y paisaje. Hablamos con él sobre ese proceso de apertura, la tensión entre lo individual y lo colectivo y una forma de entender la creación que sigue moviéndose, incluso ahora, entre la intuición y la búsqueda constante.

 

 

 

Después de años trabajando en proyectos colectivos como Bifannah, Wild Balbina o Mvnich, donde la identidad se construye también desde el diálogo constante con otros músicos, debutabas en solitario en 2023 con un single, “Tanto ten”. ¿En ese presentarse sólo hubo una mayor sensación de libertad o un cierto vértigo a la hora de tomar todas las decisiones?

Guilherme Zapata: El arranque fue un subidón de posibilidades. El proyecto nace en un momento en el que necesitaba re-enamorarme de la música y buscar decir algo de forma diferente, explorando procesos nuevos y encontrándome a mí mismo probando acordes y letras sin tener la presión de seducir a las otras personas dentro de un grupo. Eso es algo para lo que hay que tener una energía y confianza totales, y en ese momento no las tenía. Por lo que empieza como un impulso libre luego va hacia lugares más vertiginoso internamente: tener que compartir esas primeras ideas para grabar fue un subidón de nervios, así que sentí que el círculo podía cerrarse y empezar a dar canciones “de verdad”.

 

 

 

 

Un año después, en 2024, aparecía un segundo single “Fatal” donde ya te rodeabas, como en el primero, de colaboradores como Julián López Goicoa y Fiz García (Mundo Prestigio). ¿Por qué con ellos? ¿Cómo ayudaron a configurar el sonido del proyecto?

Guilherme Zapata: La relación con Julián y Fiz viene de hace muchos años compartiendo vida, espacios y música. En el momento de arrancar el proyecto necesitaba tener una confianza a todos los niveles que solo ellos me podían dar. Son los mejores músicos que conozco, tienen una forma incríble de trabajar y de tomarse la música y la vida, algo que para mí es lo más importante. Los dos singles fueron una prueba para ver si podía salir algo interesante, sin presión, recuperando el modelo que hacíamos hace años: quedar, probar, hacer un asado, salir a dar una vuelta al monte a hablar… Y resulta que su forma de ver la música estaba en un momento de alineamiento con lo que yo quería hacer a nivel artístico y sonoro, por lo que fue un acierto total.

 

 

“Tanto ten” habla de una ruptura. “Alguén dixo que isto vai parar, que teña paciencia e todo irá... fatal”, cantas en “Fatal”. ¿En eso de lanzarse en solitario tuvo algo que ver cierta búsqueda de catarsis? ¿Fue ese el detonante?

Guilherme Zapata: Me encanta cada interpretación externa que se hace de las letras que puedo escribir, siempre me quedo flipado con las diferentes lecturas. “Tanto Ten” es una canción post-apocalíptica de amor, seguramente una de las más explícitas que he hecho. “Fatal” es catártica a nivel generacional y laboral. Son ejercicios de sinceridad con los que tuve que luchar y con la obligación de escribir de la forma más directa posible lo que pasaba por la cabeza y por el corazón en ese momento, intenté sacar y poner en palabras ideas que normalmente se quedaban dentro. La clásica movida terapéutica buena.

 

Por cierto, esos dos primeros temas quedaron fuera de Segredo, del que hablaremos ahora. ¿Cuál fue la razón?

Guilherme Zapata: Son dos canciones que quiero mucho y que estarán en los directos, pero pienso que son fruto de otro momento vital por un lado y de otra forma de producir por otro. Siguen su propia órbita.

 

 

 

Segredo (Desayuno Buffet, 2026), el primer LP, llegaba en marzo después de un parón artístico, más allá de eses dos sencillos de los que hablábamos antes. ¿Crees que este nuevo trabajo funciona como un cierre de esa etapa vital o más bien como un punto de partida desde el que comenzar a explorar nuevas direcciones?

Guilherme Zapata: Justo un par de meses después de lanzar los singles, empecé a trabajar en Segredo. La dinámica de hacer un disco es algo diferente a los singles. Para mí tiene que haber cierta cohesión, cierta intención en esa colección de canciones. Entre el periodo de demos y la primera selección de canciones para llevar al estudio pasaron unos ocho meses. A partir de ahí llegó la grabación entre Galicia y Madrid con mucha calma y disfrutando más que nunca del proceso. En total hasta que salió el disco pasaron casi dos años, que fueron los que necesitaba para darle forma y escuchar las canciones hasta saber que era el camino con el que estoy cómodo y que me permite abrir nuevas vías de composición y producción.

 

Después de colaborar con artistas y grupos de contextos muy diversos a lo largo de tu trayectoria, desde propuestas más psicodélicas hasta otras más cercanas al art rock o al tropicalismo, ¿qué aprendizajes sientes que han sedimentado en Segredo? ¿Hay algún “eco” claro de esas etapas anteriores en esta nueva etapa?

Guilherme Zapata: Quiero pensar que todo queda y tiene su porqué y su influencia en lo que hacemos hoy. Puede no ser de forma explícita, pero desde la forma de cantar, buscar la comodidad de registro o forzarlo, hasta el uso de efectos de guitarra que igual no usaba en Bifannah pero sí sonaban en Mvnich. Para mí hay algo clave en todo esto que es que no me quiero aburrir a mí mismo. No puedo aceptar escuchar o hacer algo que ya hubiera hecho hace diez años de forma voluntaria. Obviamente hay detalles que siempre van a estar ahí, pero quiero seguir explorando hasta dónde puedo llegar.

 

Foto: Gustavo Vázquez

 

En este disco encaras un giro hacia el groove, las melodías y un enfoque más ligado al soul. Pero, más allá de las etiquetas, ¿cómo describirías tu sonido? ¿A qué suena Guilherme Zapata?

Guilherme Zapata: Hace unas semanas un buen amigo hablaba del Sonido Zapata. Sencillamente no sé definir lo que es eso. Me gusta mucho contrastar, meter acordes menores en una base o ambiente que puede sonar luminoso y al contrario. En la batidora hay muchas referencias que me gustan y que quiero seguir explorando: tropicalismo, soul, folk, pop…

 

Si partimos de la idea de Segredo como “ese álbum de recuerdos sonoros”, que mencionas en una entrevista, en el que se mezclan experiencias vitales, paisajes y vínculos personales, ¿en qué momento del proceso sentiste que el disco dejaba de ser un conjunto de canciones aisladas para convertirse en un disco, aunque fragmentario, con identidad propia?

Guilherme Zapata: Hubo un momento previo a la grabación en el que me sorprendí a mí mismo al escuchar que la cadencia y las progresiones de gran parte de las canciones me llevaban a ciertos lugares y recuerdos. Imagino que eran cosas que tenía rondando por ahí y que conseguí bajar de alguna forma a tierra. El pegamento de todos esos fragmentos, la fase más importante del disco, fue arreglando y trabajando sobre las bases que teníamos grabadas, tomando decisiones con Julián y haciendo un proceso que me recuerda mucho a la posproducción de cine. Fue de la mano con el trabajo de las letras, flashes vitales diferentes que me gustaría escuchar dentro de 10, 20, 30 años y pensar: objetivo conseguido.

 

Ls singles de adelanto —“Oriom”, “Pedras Preciosas”, “Necesito/Tengo” o “Revancha”— ya dejaban entrever esa diversidad de registros dentro del álbum. A la hora de escoger esos primeros cortes, buscabas precisamente eso, presentar diferentes caras del proyecto?

Guilherme Zapata: Sí, realmente lo bueno de salir con un primer disco es que nadie espera nada, por lo que hay liberdad total para mover un single o otro. La idea era mostrar las cartas estilísticas que se escucharán después en el disco.

 

 

En las letras, las canciones se mueven entre lo íntimo y lo evocador, con ritmos que las acarician y envuelven. ¿Cómo es tu proceso a la hora de escribir: partes de una imagen, de una emoción concreta, es algo que va tomando forma al mismo tiempo que la música…?

Guilherme Zapata: Siempre estoy anotando ideas a partir de imágenes, frases, anécdotas y gente que veo que luego me pueden dar pie para escribir canciones u otras cosas. La forma real de la letra llega cuando la música ya va teniendo sentido, muchas veces incluso cuando ya está todo grabado. Puedo tener una melodía de voz con una idea y después esa idea es la que me da margen para escribir. En el disco intenté hacer cosas nuevas como escribir letras antes de la música, como en “Oriom”, y el resultado me gustó, así que habrá que probar todas las formas posibles.

 

Foto: Luis Basilio 

 

¿La materia prima de esas letras son siempre experiencias personales? ¿Hay lugar para la ficción?

Guilherme Zapata: Buah, hay una buena mezcla de cosas. Me gusta imaginar lo que le diría a alguien real, o me imagino en momentos diferentes del tiempo para contar ciertas cosas. ¿Eso sería algo cercano a la autoficción? Lo cierto es que en este proyecto intento hacer el ejercicio de contar y expresar ideas que parten de la realidad o de un sentimiento real, vaya.

 

“E quen quere unha vida tan lonxe do mar?” empiezas preguntando en el tema “Oriom”. Ese mar, también presente en la portada del disco, ¿es más un lugar de refugio, de memoria o más bien un espacio de incertidumbre y cambio?

Guilherme Zapata: El mar es mi refugio, mi desatascador mental. Es una de las cosas que peor llevo cuando estoy lejos. Es algo en lo que pienso a diario, así que además de refugio también es memoria y lo que me hace tomar con ganas un cambio. Como diría el otro: todas las respuestas son correctas.

 

 

En un disco en el que la identidad parece construirse también a través del lenguaje, llama la atención la convivencia entre gallego y castellano, especialmente teniendo en cuenta que en Bifannah cantabas en portugués. ¿Cómo has vivido ese tránsito entre lenguas? ¿Responde a una búsqueda estética, emocional tal vez?

Guilherme Zapata: Tengo muy claro que la base de este proyecto es cantar en gallego, por identidad, comodidad y capacidad de transmisión. Hay dos canciones en español, una por adaptación, una versión junto a yavy, y otra que originalmente era en gallego pero que, volviendo a lo del aburrimiento, me forcé a cantar en español y de repente me gustó la plasticidad, algo puramente estético. Intento tomar este tema idiomático de la forma más natural posible. En directo haremos canciones en portugués y es posible que con el tiempo adaptemos alguna de las canciones de Bifannah. Siempre hago la misma broma, pero igual en el siguiente disco aprendo italiano-napolitano y si el resultado final no es una falta de respeto, pues adelante. Sea como sea, la base del proyecto es en gallego.

 

Siguiendo con esa idea, ¿crees que cada lengua te permite acceder a matices distintos a la hora de escribir e interpretar? ¿Hay cosas que solo puedes decir —o sentir— en gallego, en castellano o en portugués?

Guilherme Zapata: Sin duda. Es posible que a día de hoy, que tengo más lejos mi vivencia portuguesa, no emplee la lusofonía en mi día a día en la calle, algo que echo de menos y en lo que pienso habitualmente. Por eso intento leer y escuchar portugués semanalmente. El nivel de profundización que puedo tener y expresar en gallego o castellano, aunque pueden estar cerca, los empleo de formas diferentes, para contar cosas diferentes y en distintos escenarios. Por lo que sí, hay una variedad de contextos que llevan a matices exclusivos de cada lengua, es natural.

 

El disco también incluye dos temas instrumentales (“Revancha” y “En Xaz”) que parecen introducir dos partes, como sugiriendo una cara A y una cara B. ¿Era esa la idea?

Guilherme Zapata: No era la idea de inicio, pero después de mezclarlas parecía algo natural. Grabé algunas instrumentales más que podrían haber tenido su espacio en el disco, pero me pareció que estas dos tenían que estar justo donde están.

 

 

El disco se creó entre Galicia y Madrid, dos contextos que, de algún modo, también representan tiempos y ritmos diferentes. ¿De qué manera influyó esa dualidad geográfica en el proceso creativo? ¿Notas que hay canciones más ligadas a un lugar concreto, a una atmósfera determinada?

Guilherme Zapata: Creo que es algo que afecta a la intención del disco más de lo que me gustaría reconocer. Muchas ideas, reflexiones e imágenes son fruto de la distancia. Al mismo tiempo, el 85% del disco se grabó y mezcló en Galicia, lo que hacía que tuviera que viajar, moverme y estar concentrado en Oleiros o Vigo. Al final esa sensación de ser de un lugar y vivir en otro y no reconocerlos cuando vas y vuelves, o cuando eres consciente del paso del tiempo, es un sentimiento que hay que saber gestionar. Hacer el disco me dio la oportunidad de reflexionar, escribir y cantarle a ese sentimiento.

 

Segredo no sería lo mismo sin la producción compartida con Julián López Goicoa o la colaboración de yavy, Mundo Prestigio o Lois. Segredo es un trabajo en solitario, pero ¿en qué medida es también una obra, de algún modo, “colectiva”?

Guilherme Zapata: Tal cual, me gusta decir que es un proyecto personal muy bien acompañado. Estoy muy muy agradecido a tanta gente que quiso participar, juntarnos algunas tardes para hacer música y grabar. En algunos casos fue incluso la excusa para verse y pasar el día juntos. Es algo que me dio muchos ánimos y energía para querer sacar el mejor disco posible. Son gente con un talento brutal y resulta que no les parecía mal sacar una canción conmigo. Es un honor.

 

 

En el hecho de rodearte tanto de músicos consolidados como de artistas emergentes, ¿buscabas un diálogo entre experiencia y frescura?

Guilherme Zapata: No reparé mucho en eso, la verdad. Es toda gente que está presente en mi vida de una forma u otra y en algunos casos tenía muchas ganas de ver qué podía pasar, si podía funcionar, y así fue.

 

Segredo es una de las primeras referencias de Desayuno Buffet, un sello de reciente creación, ¿cómo está siendo la experiencia de ese (nuevo) comienzo compartido?

Guilherme Zapata: Es un orgullo poder formar parte de un proyecto que pone tanto cariño y atención al detalle. Es algo que llevaba tiempo rondando y que creo que desde la humildad y saliéndose un poco del terreno más comercial podemos dar juntos pasos muy interesantes.

 

Hay algo en tu manera de construir las canciones —esas capas rítmicas, ese modo de hacer que todo respire sin necesidad de acelerar— que parece pensado también para el directo. En el proceso de crear Segredo, ¿tenías ya en mente cómo se iba a trasladar ese universo al escenario?

Guilherme Zapata: La verdad es que no. Al ser un proyecto de esta naturaleza, que no es una banda que va sonando y decidiendo las cosas prácticamente al momento, primero me centré mucho en la parte de la grabación, de la producción, y ahora, como si fuera otro deporte, toca llevar eso al directo. Es la primera vez que lo tomo de esta forma, pero entiendo que es por el planteamiento del proyecto y por no adelantar pasos: no tendría ningún sentido adelantar lo que podía pasar en el directo sin tener una sola fecha a la vista, y eso está bien, me gusta que cada proceso tenga su tiempo.

 

Foto: Luis Basilio

 

Y, finalmente, ¿cómo serán los directos? ¿Hay ya fechas cerradas que puedas adelantarnos?

Guilherme Zapata: La idea es ser fieles al disco y que los conciertos sean sostenibles a nivel personal, musical y vital. Están planteados con banda pero más adelante no descarto poder hacer algo más minimalista o llevar una sinfónica. ¿Por qué no? De momento hay concierto en Madrid dentro de Sound Isidro el 21 de mayo, visitamos Sevilla en junio y habrá varias fechas que me hacen mucha ilusión en Galicia entre septiembre y diciembre.

 

Después de exponer un trabajo tan personal como Segredo, en el que parece haber una voluntad clara de compartir memoria, afectos e incluso fragilidades, ¿cómo es para ti el momento de “dejar ir” el disco y que pase a pertenecer también a quien lo escucha?

Guilherme Zapata: Es algo tan precioso que a veces me quedo bloqueado cuando alguien tiene palabras tan bonitas para algo que lleva en tu cabeza y oídos los últimos años. O cuando alguien comenta o canta parte de una letra... Son momentos con los que me vuelvo loco porque internamente asumes que las canciones ya están por ahí, y es la forma de superar el vértigo del que hablábamos al principio. Si la gente puede disfrutar de la música y acompañarla en diferentes momentos de su vida, eso ya es algo que hace que valga la pena cada segundo dedicado a esto.

 

Y ya con algo de distancia —aunque sea muy corta—, si miras hacia adelante, ¿qué tipo de preguntas te gustaría seguir formulando a través de la música? ¿Crees que el camino abierto con Segredo tiene continuidad o intuyes que el siguiente paso irá por lugares completamente distintos?

Guilherme Zapata: Segredo me permite conducir a la vez por carreteras de influencias muy amplias, así que hay que tomar esos caminos para ver adónde llevan. ¡Toca explorar!

 

Foto: Luis Basilio

 

¿Qué artista o grupo gallego nos recomendarías ahora mismo? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Guilherme Zapata: Además del reciente discazo de Mundo Prestigio con Mariagrep, hay un grupo con base en Vigo llamado Vloom que hacen un dreampop de atmósfera lofi que creo que van a dar muchas alegrías pronto.

 

Y si abriéramos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% sinceridad, 0% vergüenza.

Guilherme Zapata: Llevo una semana en bucle con el primer disco de Loaded Honey, de 2025, también con el disco de Arthur Verocai de 1972, el nuevo de Kim Gordon “Play Me” y con “Discoteka Jugoslavija” de Lovski, que salió hace un par de meses.

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