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COCHÈ VIL: «TENGO PREDILECCIÓN PORQUE SEAN LOS INSTRUMENTOS MUSICALES LOS QUE HABLEN»

COCHÈ VIL: «TENGO PREDILECCIÓN PORQUE SEAN LOS INSTRUMENTOS MUSICALES LOS QUE HABLEN»
20 SEPTEMBER 2021

Fue parte de Biosbardos y la mitad de BIOS; también fue bajista junto a Miguel Costas (Siniestro Total, Costas) y autor de más de media docena de bandas sonoras. Cochè Vil (Ourense, 1963) pasó de un folk rock psicodélico en grupo al rock progresivo en solitario, un proyecto que, afirma, es el resultado de buscar una potente mezcla sonora sin perder la esencia de los setenta.

El músico materializa este proyecto progresivo en su último trabajo discográfico, Invincible (2020), un largo que recoge una decena de piezas en las que Cochè deja constancia de la potencia de sus manos sobre las cuerdas y sobre las teclas.

 

 

 

Del rock sinfónico con cadencia folk de Biosbardos a la electrónica ambient en BIOS. ¿Qué te llevó a «sumergirte» en tu proyecto en solitario actual?

Cochè Vil: «Fueron muchos años luchando en diferentes proyectos en los que tan solo eres una pieza más, por lo que no te sientes cien por cien realizado. O sea, con tu música eres más tú mismo».

 

En ambos proyectos la constante tiene nombre propio: Maxo Nóvoa. Después de tantos años, encima y abajo de los escenarios, ¿cómo describirías tu viaje personal y musical junto a él?

Cochè Vil: «Aprendimos juntos a tocar después de escuchar toda aquella discografía de las grandes bandas de rock sinfónico de los setenta... hoy llamado progresivo».

 

Con BIOS publicas Interior Sounds (1997), un CD enfocado al mercado internacional con su versión reducida en casete, Sons do interior (1997), pensada para el consumo local. ¿Por qué marcar la diferencia? ¿Qué buscabais con ella?

Cochè Vil: «No fue algo premeditado. El sello inglés Electronical Dreams quiso editar este trabajo en casete y nosotros, desde la simple perspectiva de nuestra juventud, nos negamos totalmente.

Más tarde, el cantautor y gran amigo mío Suso Vaamonde publicó Interior Sounds con su sello, de ahí que aparezca el CD en inglés como nos gustaba, y la cinta en gallego, como es debido en Produccións Trebón».

 

 

Este trabajo fue definido como pionero en la escena gallega, una profunda perspectiva de la new age a mediados de los noventa. Y para ti ¿qué fue? Echando la vista atrás ¿cómo lo ves ahora?

Cochè Vil: «Creo que fue una pena no aprovechar lo que estábamos haciendo, como pasó con Biosbardos. Estuvimos muchas veces en distintos programas de la TVG, hicimos muchos conciertos, pero nos faltó una buena dirección... un buen mánager, creo yo».

 

Una de las piezas de esta época, “The Dark Journey”, fue incluida en el CD de la revista inglesa Sequence y formó parte del recopilatorio Electronic Spanish Music Vol. 1 (Lightnet Music 2000). ¿Fue esta la respuesta del «mercado internacional» que esperabas?

Cochè Vil: «Fueron cosillas que iban apareciendo, pero no voy a decir que no me hubiese gustado llegar más allá, a más público».

 

 

Aunque siempre has compaginado rock con otros estilos, tu faceta de compositor con la de música o la guitarra con el bajo, tuviste una década llena de punk y hard rock... siendo bajista junto a Miguel Costas (Siniestro Total, Costas). ¿Cómo recuerdas esta experiencia?

Cochè Vil: «¡Toda una experiencia de más de diez años! Fue divertido tocar en tantos y diferentes lugares. Desde la sala más pequeña hasta escenarios gigantes como la Plaza de la Quintana en Compostela, Castrelos en Vigo o el estadio de Balaídos, en la fiesta de ascenso del Celta. Fue todo muy enriquecedor como músico, sobre todo de directo».

 

Eres coautor de un par de bandas sonoras, y autor de las de León y Olvido (y Olvido y León), Rafael, Un ajuste de cuentas o Una historia para Olivia. ¿Cómo afrontas este tipo de composiciones? ¿De qué manera influye tener una imagen, o una sinopsis, predeterminada en la que basarte?

Cochè Vil: «La música para el cine está sujeta a ciertos parámetros dados por la escena que se está reproduciendo, y el directo te indica lo que quiere conseguir, por lo que estás más limitado artísticamente que cuando haces tus músicas. Además, la corta duración de las escenas es otra limitación a la hora de componer».

 

 

Tu debut en solitario se presenta bajo el título de Ai’dias (2017), un EP de rock sinfónico compuesto e interpretado íntegramente por ti, guitarra en mano. Siguiendo el juego de palabras, ¿qué ideas pretendías transmitir a lo largo del álbum?

Cochè Vil: «Este trabajo fue precisamente esa arroutada (arrebato) que te da cierto día, de ahí el título; más de la mitad de los temas surgieron durante el proceso de grabación.

Estoy precisamente ahora revisando los temas, junto al guitarrista y productor Sebastián Mato, para hacerlo más guitarrero, más duro».

 

 

A la hora de componer ¿quién dirías que son tus principales influencias?

Cochè Vil: «Mis influencias no pueden ser otras que los grupos principalmente de los años setenta que escuché hasta la saciedad, y continúo escuchando, como Pink Floyd, Camel, King Crimson, Yes, Jethro Tull o Tangerine Dream... Sin olvidar otros más actuales como Porcupine Tree».

 

Invincible (2020) es tu último largo, compuesto por una decena de temas que muestran una «muestra potente actual, pero sin perder el sonido de los años setenta». ¿Cómo empezó a desarrollarse el disco?

Cochè Vil: «Estuve haciendo pruebas con diferentes músicos locales, también de diferentes comunidades, pero a veces no acabas de encontrar lo que quieres. En Navidad de 2020 empecé la búsqueda, también por Internet; me llevó varios meses de escucha continua de baterías, cantantes, etc., hasta encontrar los que, sin duda, me gustaron a la primera escucha».

 

 

La mayoría de cortes son instrumentales menos dos, “When Time Comes” y “Believe”. ¿De qué depende que un tema necesite o no letra? ¿Y por qué esa preferencia por lo instrumental?

Cochè Vil: «No siempre fue fácil saber cuándo la música debe llevar voz o no. Últimamente creo que tengo las cosas más claras, aunque a veces hago música para voz intencionadamente y, otras, me doy cuenta conforme voy escuchando. Tengo predilección porque sean los instrumentos musicales los que hablen».

 

 

En este disco contaste con las colaboraciones especiales de Fernando Jaramillo a la batería y la voz de Leonel Silva. Además de instrumento y voz, ¿qué aportaron al disco?

Cochè Vil: «Si tardé meses en dar con alguien como Fernando o Leonel, fue precisamente porque no es fácil encontrar músicos que aporten algo a tu música de la forma que lo hicieron ellos. Tanto la batería como la voz hacen suya la composición, proporcionando nuevas líneas melódicas».

 

¿Por qué abrir con “Navegas por ningures Part I” y cerrar con “Navegar por ningures Part II”? ¿Fueron estas piezas concebidas por separado o como una sola que luego dividiste?

Cochè Vil: «En algún momento se me ocurrió hacerlo así por el capricho de tener un disco de verdad, motivo por el que tampoco el vinilo es rojo o de colores, sino negro, como el de toda la vida. Además, abría y cerraba perfectamente el trabajo».

 

Además de su versión en digital, Invincible está también disponible en vinilo por encargo. En una época en la que el consumo digital es protagonista, ¿por qué seguir apostando por el formato físico?

Cochè Vil: «Los buenos melómanos se sientan a escuchar música y, precisamente, el vinilo obliga a eso. El CD es más para andar por casa y el MP3 mejor ni nombrarlo, es como no tener nada».

 

 

De vez en cuando sacas temas sueltos en forma de singles autónomos sin que acaben recogidos en un álbum. ¿Son ideas que van surgiendo y a las que no le ves un nexo en común? ¿Por qué hacerlo así?

Cochè Vil: «Exactamente, tengo muchos temas sueltos que quizás algún día formen parte de algún trabajo... ¡Dan para varios álbumes!».

 

De hecho, este año lanzabas un muy poderoso single, Psycolights, que huele a rock progresivo y psicodelia de los setenta (sonido de mellotron incluido). ¿Qué puedes contarnos acerca de él?

Cochè Vil: «Es un tema que llevaba grabado mucho tiempo. Le tengo mucho aprecio a esa melodía media improvisada de guitarra, por lo que me decidí a subirlo a las redes. En esta ocasión, [conté] con las colaboraciones del batería orensano David Falide, Sebas Mato metiendo Organ B4 y Alexandre Hasson Ὀρφεύς con el mellotron real (¡no plugin!)».

 

 

El pasado julio sorprendías con BIOS – Improvisations Live (2021), un paseo nostálgico compuesto por ocho cortes grabados en directo. ¿Cómo surgió esta idea? ¿Tuvieron las restricciones actuales de la música en directo algo que ver?

Cochè Vil: «Estoy rescatando músicas de mis inicios, en gran parte debido a la gente que le gusta este tipo de cosas y me lo pide».

 

 

Pisaste un escenario por primera vez en mayo de 1985; ahora, con más de tres décadas (¡que se dice pronto!) de trayectoria a tus espaldas. ¿Qué le dirías hoy a aquel chaval que empezaba su andadura musical?

Cochè Vil: «Si te refieres a aquel chaval como a mí mismo, le diría que vaya a por todas. Que si realmente le gustaría vivir de la música que luche por ello con todas sus fuerzas. ¡Creo que hoy en día es todavía más difícil que de aquella!».

 

Por curiosidad, ¿por qué Cochè Vil como nombre artístico?

Cochè Vil: «En algún momento la gente me empezó a llamar así... Cochè me llaman de siempre y lo de Vil es la abreviatura de Villanueva, sin más».

 

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Cochè Vil: «Aunque no es música para cualquier oído, para mí sobresalen los Cró!. También me llama la atención lo que hace Moura, o incluso los Stoned and Pompeii, más melódicos».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Cochè Vil: «Siempre soy yo mismo en todo lo que hago, sea un tema más duro o más blando. Cuando tenga Ai’dias Revisited, y algunos trabajos más en los que ando ahora, en Spotify, entonces seré yo 100%».

 

 

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