LULA MORA: «LULA MORA NACIÓ CON EL OBJETIVO CLARO DE CREAR A TRAVÉS DE LA MÚSICA UNA FORMA DE HABITAR EL MUNDO»
Como un puente musical entre sus dos identidades culturales y geográficas, Galicia y Canarias, se erige Lula Mora. El dúo liderado por Sara Caride y Silvia Izquierdo teje música y poesía en canciones que se nutren de vivencias personales para hablar de encuentro, cambio, esperanza y sororidad. Aunque parten del género de canción de autora, sus sonidos se empapan de sonoridades de otros géneros como el indie, el rap, el folk o la música de raíz.
Y de raíces, amor y sororidad están lleno su primer trabajo discográfico, Hogar (2025), una historia de un viaje, de una migración, que resulta de un profundo cuestionamiento sobre el arraigo, la identidad, el territorio y las personas que lo habitan.

Hace tres años que Lula Mora nace en Santa Cruz de Tenerife de las voces de Sara Caride y Silvia Izquierdo. De aquella, ¿cómo surgió el dúo... y con qué objetivo?
Sara Caride: «Lula Mora nace del impulso de compartir la música. Hace tres años llegué a Tenerife y en esa época escribí muchas canciones en la soledad de mi casa; fue un momento muy introspectivo en mi vida, de mucho trabajo personal y reflexión a raíz de mi migración a Canarias. Esas canciones acompañaron muchos procesos personales y necesitaba darles un nuevo significado. Silvia fue la primera en creer en ellas, en que podían ser un trabajo discográfico conjunto. Ella también estaba pasando un momento vital muy semejante al mío, experimentando el encuentro con el territorio y cuestionándose mucho sobre el arraigo y la sensación de pertenencia. Fue un momento clave para ambas».
Silvia Izquierdo: «Sara me presentó un cuaderno lleno de canciones, buscaba una guitarrista con quien empezar un grupo —una familia— musical. El primer día que quedamos en el parque García Sanabria para hacer música juntas las dos lo tuvimos claro; conectamos a nivel musical y personal desde el primer momento.
Lula Mora nació como un proyecto musical, pero con el objetivo claro de crear a través de la música una forma de habitar el mundo. Soñamos con contar historias, viajar, descubrir, crear y compartir a través de la música; y hasta ahora así fue, pudimos vivir muchas experiencias rodeadas de personas increíbles gracias a este camino que emprendimos juntas».
¿Por qué «Lula Mora»? ¿Por qué este nombre propio para designar el proyecto?
Sara: «A la hora de pensar un nombre, tomamos como referencia a las cantoras que más nos estaban influenciando en esa época: Silvana Estrada, Mercedes Sosa, Natalia Lafourcade... todas ellas tenían nombre y apellidos. Nos remitimos a la raíz familiar para buscar un nombre: Lula es el nombre de mi madre y Mora nos remite a una sonoridad muy interesante, que acompañaba mucho».
Silvia: «Decidimos crear un seudónimo que tuviera nombre y apellido como las cantautoras que admiramos. Ahora lo utilizamos también entre nosotros y con nuestras amigas como un adjetivo que representa un poco la personalidad caótica de ambas, somos muy “lulas”».
El dúo es de reciente creación, pero no así vuestra pasión por la música: Silvia estudió guitarra clásica, mientras que Sara empezó como saxofonista en una banda local. ¿Cómo fue evolucionando vuestro interés por esta disciplina hasta llegar al punto en el que os encontráis ahora, dúo incluido?
Sara: «En mi caso (y también en el de Silvia) la música está ahí desde siempre. Recuerdo a mi madre tocando la pandereta cuando era niña, era profe de música en el colegio donde yo estudié. Siempre trataron de inculcarme el amor por la música. Yo toqué muchos instrumentos y pasé por el conservatorio, pero sobre todo encontré lugar en el canto.
Tuve la suerte de estudiar con una profesora buenísima y en una coral en Cambados en la que cantábamos versiones de canciones chulísimas, como “Bohemian Rapsody” o “Sweet Dreams (Are Made of This)”. Desde ese momento nunca dejé de cantar en diferentes agrupaciones musicales allí donde viajaba».
Silvia: «En mi caso, desde muy pequeña estuve en escuelas de música aprendiendo guitarra, lenguaje musical y canto. A mi hermana (Isa Izquierdo) y a mí nos encantaba cantar, hacer música, bailar y preparar shows para nuestra familia. Recuerdo pasar las tardes en casa con la guitarra aprendiendo canciones en YouTube para luego cantarlas en el colegio o en las reuniones familiares.
En la universidad, cuando estudiaba ADE y guitarra clásica en el conservatorio, descubrí el mundo de las jams y los micros abiertos; fue una época muy bonita, en la que aprendí mucho junto a otros artistas del gremio. En los escenarios de las jams fue donde conocí a Sara».

Hablando de eso, Silvia, ¿qué crees que le aporta una formación clásica reglada a un músico que no centrará su carrera en la interpretación de música clásica?
Silvia: «La música es un lenguaje y entender la teoría musical o dominar la técnica de un instrumento te abre nuevas posibilidades dentro de ese lenguaje, te da herramientas para expresar artísticamente una idea y comunicarte con otros músicos. En el conservatorio creas una base sólida en este sentido, sobre la que luego puedes seguir creciendo y a aprender.
Una formación reglada musical también enseña una manera de escuchar y entender la música, construye una mirada crítica y analítica, con una apertura para escuchar algo nuevo desde la curiosidad. Para mí esto es uno de los aprendizajes más bonitos, ya que te permite amar la música en un sentido muy amplio».
Entre vuestras influencias, leemos nombres como Silvana Estrada y Natalia Lafourcade, Ozelot o La Chica (a los que arriesgamos a añadir otros como Sílvia Pérez Cruz o Valeria Castro)... ¿es así? ¿Quién diríais que tiene, o tuvo, particular impacto en vuestra manera de hacer música?
Sara: «Hay muchísimas artistas que marcaron esta primera etapa de nuestro proyecto, Valeria y Silvia también estuvieron presentes, por supuesto. En ese año escuchaba mucha música, pero a nivel de sonoridad los que más influenciaron pienso que fueron tres álbumes: Hortela de Maro, Marchita de Silvana Estrada y Sustancia de Club del Río. Me sentí muy identificada y me removieron profundamente. Ozelot influenció en temas más concretos, como “Dudas”, pero sin duda es otro artista cuya huella estuvo presente por la profundidad de sus letras, que tienen muy presente esa dimensión existencial».
Silvia: «Para ambas la música de cantautoras españolas y latinoamericanas marcó una gran influencia en nuestra forma de hacer música. Silvana Estrada y su álbum Marchita fue sin duda una de las que más nos inspiró en nuestro álbum Hogar. También De todas las flores de Natalia Lafourcade, o la música de Maro, Rita Payés y Sílvia Pérez Cruz.
Ambas empezamos a cantar acompañadas por una guitarra, un ukelele o un teclado, y creo que eso influyó mucho también en la forma que tenemos de componer; así como en la música que escuchábamos para inspirarnos.
El año en que grabamos el álbum nos retiramos un mes a Galicia y estuvimos componiendo los arreglos de los temas en la casa de la familia de Sara. Todos los días escuchábamos una canción de alguna artista que nos inspirara para empezar la sesión de trabajo. Escuchábamos a Silvia Pérez Cruz, José Gonzalez, Ella Fitzgerald, Rita Payés, Lianne A Havas, Jorge Drexler, Silvio Rodríguez, Perota Chingó, La Muchacha, Laura Murica, Bon Iver, La Otra...».
Ambas vuestras tierras de origen, Galicia (Sara) y Canarias (Silvia), tienen tradiciones musicales muy ricas, ¿influyen estas de algún modo en vuestras composiciones? De ser así, ¿cómo?
Sara: «Sin duda, sí; estar en contacto con ambas escenas musicales determinó las bases de nuestro proyecto. Tenemos mucha suerte porque, sobre todo cuando empezábamos, estábamos rodeadas de grandes artistas que eran amigas y amigos muy cercanos».
Silvia: «Ambas tierras cuentan con una riqueza musical impresionante. De momento incorporamos tímidamente la pandereta de Galicia y el timple de Canarias en algunas de nuestras canciones, pero nos gustaría honrar nuestras raíces incorporando más elementos del folclore en nuestra música».
Si bien es cierto que partís del género de la canción de autora, vuestro sonido se construye en base a sonoridades cercanas al folk, la música raíz o el indie. ¿Cómo lo definiríais? ¿A qué suena Lula Mora?
Sara: «A mí me gusta que este proyecto no es una sola cosa; podemos hacer rap, folk o música de raíz y para mí la esencia es la misma. La intención que tenemos de contar historias profundas y personales, que nos conectan entre nosotros, que muestran una visión del mundo muy concreta, tratando de recoger, traducir y materializar emociones con un corte bastante existencial».
Silvia: «El primer álbum siguió esa línea folk porque era la música que escuchábamos y que nos nacía en ese momento. Son canciones que puedes cantar alrededor de una hoguera, arropada por el calor de la familia que conforma un hogar. La propia música recrea el mensaje del álbum. Sin embargo, ninguna queremos aferrarnos a componer siguiendo un único estilo, para nosotros lo importante es poder contar historias, transmitir un mensaje a través de la música y sentirnos libres de explorar nuevas sonoridades y ritmos».

Sara, fuiste parte de una de las residencias artísticas de R.A.R.O. Buenos Aires, programa en el que pudiste profundizar tus conocimientos en la improvisación sonora. ¿Cómo recuerdas la experiencia? ¿De qué manera dirías que afectó a tu desarrollo tanto personal como profesional y como se traslada a Lula Mora?
Sara: «Marché a la Argentina en un momento en el que el grupo estaba despegando. Volví muy inspirada de allí. Conocí a personas increíbles y tuve experiencias personales y vitales que me animaron mucho a seguir ese camino. Sentir que vivo y establezco rutinas en sitios muy distintos a mi lugar de origen hace que tenga esa sensación de “vivir muchas vidas”.
En Buenos Aires, ese primer contacto con la experimentación sonora también me animó a estudiar producción musical, estudios que sigo cursando actualmente en Canarias».
Ambas pertenecéis a Mare Fem, un espacio interseccional donde se defiende el feminismo y la solidaridad con propuestas creativas (¡como la vuestra mismamente!). ¿Podéis hablarnos del proyecto? ¿Cómo veis la situación actual de la mujer en la música?
Sara, Silvia: «MareFem surge de un espacio de encuentro y creación artística en el seno de nuestro grupo de amistades. Estábamos atravesadas por vivencias machistas de diversa índole y encontramos en el arte un canal muy importante de expresión, así que tratamos de crear espacios seguros y diversos para que otras artistas y artistes emergentes del panorama local tengan un altavoz donde poner en valor sus propuestas. Trabajamos sobre todo con proyectos inéditos, con personas que hacen música de gran calidad pero que no están nada visibles.
Cada vez son más los proyectos artísticos liderados por mujeres, pero creemos que aún falta un camino largo por visibilizar a productoras o instrumentistas, que son roles bastante masculinizados».

A principios del febrero pasado publicabais Hogar (2025), vuestro primer trabajo discográfico. ¿Cuál es la idea detrás de este disco? ¿Cómo fuisteis construyendo este «hogar»?
Sara: «Hogar es la historia de una migración, es llegar a un sitio nuevo y preguntarte quién eres ahí y qué lugar ocupas. Trata temas como el arraigo al territorio y el encuentro con las personas que viven en él, pasando por todos esos momentos donde se presentan la nostalgia, las dudas, la alegría, la tristeza o la morriña que caracterizan un cambio vital tan grande como es migrar de la tierra donde creciste».
Silvia: «Hogar parte de la historia de migración de Sara. Cuando ella llega a Canarias se forma un grupo de amigas, artistas, personas activistas con sede de descubrir la isla y todos los movimientos culturales y sociales que había en ella. Personas de Tenerife y de otros lugares que nos juntamos y sin darnos cuenta fuimos creando una familia. Éramos un grupo de veinteañeros tratando de encontrarnos en una nueva vida adulta, golpeándonos con realidades como el precio desmedido del alquiler, las condiciones precarias del trabajo o las consecuencias de un turismo masivo, al tiempo que vivíamos una crisis migratoria en la que veíamos a Europa dar las costas a miles de personas que llegaban en patera.
Las canciones que escribió ella en ese momento escondían una historia de migración en la que muchas otras personas podían verse reflejadas. Nos parecía un mensaje potente y por eso decidimos hacer este álbum».
Leemos que Hogar es un álbum conceptual en el que las diez canciones se presentan enhebradas para contar una historia. ¿Cuál es ese hilo conductor que las une? ¿Qué historia queréis contar?
Sara: «Hogar tiene una narrativa muy pensada detrás, cada canción ocupa su lugar exacto; desde “Voar”, el anhelo de un cambio o movimiento, una canción desnuda y minimalista, finalizando en “El charco”, una canción por el contrario de encuentro, de sensación de raíz y pertenencia en el nuevo lugar, que se conforma con bastante instrumentación y pistas de voces. El hogar lo hacen las personas que lo habitamos juntas, y esa es la conclusión a la que llegamos ambas. Es más un espacio emocional que un espacio físico».
Silvia: «Hogar narra la búsqueda de lo que conforma un hogar, una búsqueda que no es lineal ni sencilla, y que está atravesada por distintas realidades, contextos y reflexiones personales. En el álbum quisimos reflejar los momentos de dudas, el refugio que pasa a ser la voz y el propio cuerpo cuando todo alrededor parece mutable, el encuentro con el territorio y las personas que lo habitan, las historias de otras migraciones que se cruzan en un mismo punto geográfico...
A través de la música tratamos de reflejar también este hilo conductor. El álbum empieza con “Voar”, que habla de nuestra necesidad de cantar para expresar aquello que nos es difícil hacer de otro modo, por eso comienza a capela. En “Dudas” aparecen por primera vez la batería, el saxofón y el thunder, marcando un cambio en la sonoridad con respeto al resto de temas; y utilizamos un lenguaje musical más contemporáneo y disonante. “Nana para no niños” es una nana en la que nos reconocemos en los pasos de nuestros antepasados.
La conclusión final del disco es que el hogar lo conforman las personas que lo habitan, y por eso el álbum termina con un audio de nuestro primer concierto, en el que cantamos rodeadas de las personas que son hogar para nosotras».
Que lo primero que escuchásemos de este Hogar fuese “Refuxio” no fue casualidad, ¿no? ¿Es así como pretendíais que el oyente acogiese el disco, como un espacio seguro, confortable?
Sara: «Personalmente no había llegado a una reflexión tan conclusiva, pero me gusta mucho la interpretación. “Refuxio” es la última canción que escribí y habla del encuentro con la propia voz cuando fuera todo se mueve. Es un buen punto de partida y una canción a la que le pusimos especialmente muchísimo cariño».
Silvia: «Es una muy bonita forma de interpretarlo. Para nosotros, “Refuxio” sintetizaba muy bien la esencia del disco. También a nivel sonoro es quizás una de las que más nos gusta y más orgullosas sentimos del resultado final.
La canción partió de una idea que arrancó Sara un día con el guitalele junto a un charco, rodeadas de amigas. Fue cogiendo forma en las semanas siguientes junto a nuestros amigos y nuestras amigas en un viaje a Gran Canaria, así que también nos trae recuerdos muy bonitos de cuando fue creada».

Esa sensación de hogar, de alegría cotidiana, se refleja en el vídeo que acompaña el tema. ¿Cómo recordáis la grabación?
Sara: «Este disco está rodeado de amigos, no podía ser de otra forma. Gaspar Gariglio y Matteo Archondis son las personas que principalmente están detrás de todos los visuales de este primero trabajo; son personas muy cercanas a nosotros que queremos mucho. Fue increíble trabajar con ellos y sigue a serlo. También ponen mucho de sí mismos en todo lo que hacen».
Silvia: «Tenemos la suerte de estar rodeadas de amigas artistas que con las que compartir ideas creativas y proyectos. El disco se materializó gracias a la colaboración de muchas de ellas, como es el caso del videoclip, que fue grabado por Gaspar Gariglio y Matteo Archondis, dos artistas a los que admiramos muchísimo y que además vivieron junto a nosotros la creación de Lula Mora, acompañándonos desde un principio. Nunca habíamos vivido el rodaje de un videoclip profesional y para ambas fue una experiencia única. Depositamos nuestra confianza en ellos y durante el rodaje se encargaron de que solo nos centrásemos en disfrutar».
“Dudas” empieza siendo una pieza recitada para finalizar con los versos arropados por brillantes melodías. ¿Cómo nació esta canción en concreto? ¿Qué os llevó a componerla de esa manera, con esa progresión tan marcada?
Sara: «“Dudas” nace de una sensación de vacío y soledad muy grandes, fuertemente marcado por la música de Ozelot. Fue un poema que escribí en un momento bastante difícil en este proceso migratorio que viví hace tres años. Es una canción sobre la idea de vivir sin certezas y sobre toda la frustración que esa inestabilidad trae consigo. Silvia aplicó sus conocimientos como guitarrista clásica y su sensibilidad y de esa fusión nació el tema. Siempre tratamos que las estructuras de las canciones acompañen las narrativas, y creo que en este caso quedó logrado».
Silvia: «Cuando estábamos en Galicia componiendo y terminando los arreglos de las canciones, Sara me enseñó este poema y sentimos que era necesario incluirlo en el álbum. Quisimos romper con la estética dulce del resto de temas y generar un contraste a nivel armónico como tímbrico (incorporando nuevos instrumentos), reflejando el caos interior que siente cuando estás perdida».
Sabemos que temas como “A fuxida” o “El mundo del racismo y el dinero” son fruto de las experiencias personales de Sara en los campos de refugiados. ¿Cómo fue el proceso de trasladar esas vivencias a letra y música?
Sara: «Creo que simplemente forma parte de mi realidad y vida cotidiana; te vinculas con la gente y aparece esa empatía, ese reflejo de los otros en ti y viceversa. Las historias y las personas con las que trabajo cada día me conmueven profundamente y casi siempre mi música nace diera lugar de revuelto emocional».

Al hilo, ¿qué papel pensáis vosotros que juega el arte, la música en este caso, como forma de despertar conciencias?
Sara: «Todo, simplemente. Escuchar, leer o ver la obra de alguien es como entrar en su espacio interior, en su manera de ver la vida y de interpretar las cosas. Si el artista traduce bien sus emociones y sabe contar bien, eso atraviesa al espectador. Yo hay cosas que escuché y que leí que me removieron muchísimo, que cambiaron mi manera de percibir ciertos temas y que fueron motores potentísimos de acciones tanto creativas como personales».
Silvia: «El arte tiene la capacidad de mostrar realidades, ideas, pensamientos, de una forma única, muy humana, universal. Tiene el poder de atravesar a quien escucha y puede ser un motor muy potente de unión y de cambio.
En los conciertos pudimos sentir la capacidad que tiene el arte de conectar con las personas. Por ejemplo, tuvimos público de Galicia lejos de su tierra que se emocionó al escuchar canciones en gallego, recordando su raíz; siendo el gallego una lengua en peligro de extinción. También personas que han migrado y sienten la historia del álbum como propia, o canarios que sintieron la impotencia al ver en primera persona a realidad de quien llega en patera. Sentir que nuestra música llega a otras personas de esta manera es lo que le da sentido a lo que hacemos».
En cuanto al proceso creativo, ¿hay reparto de tareas entre las dos a la hora de componer, arreglar...?
Sara: «Cuando empezamos el proyecto la mayoría de estas canciones ya estaban hechas y juntas buscamos una sonoridad grupal a través de las polifonías y de los arreglos instrumentales —sobre todo en esto último fue Silvia la que tuvo más visión y recursos— pero a medida que yo voy aprendiendo más técnica y que Silvia va componiendo más, ambos roles se van balanceando. La narrativa del álbum, este concepto de las canciones “hiladas”, la trabajamos paralelamente y en conjunto, así como toda la parte estética».
Silvia: «Este primer álbum nació de las canciones que tenía escritas Sara. Cuando empezamos, dedicábamos cada ensayo a trabajar sobre una o dos canciones buscando armonías para las voces y probando diferentes arreglos de guitarra que encajasen con los acordes de su ukelele. Algunas de las canciones, como “Dudas” o “Nombrarme” fueron creadas en alguno de esos días que ensayando nos fuimos por las ramas y le dimos forma a canciones nuevas. Cuando pensamos en los arreglos para el disco escuchábamos mucha música cada una en su casa anotando ideas de instrumentación, hasta que fue cogiendo forma todo el álbum.
Ahora que estamos entrando en una nueva etapa, ambas componemos y cuando surge una idea nueva nos la enseñamos la una a la otra y comenzamos buscarle armonías y arreglos juntas».

Aunque, obviamente, no nos extraña escuchar canciones en gallego y castellano en vuestro repertorio, no podemos dejar de preguntar ¿cómo es la elección del idioma? Es decir, ¿viene predeterminado, lo pide el tema conforme va creciendo...?
Sara: «Creo que, en este caso, las dos canciones introductorias vienen del momento en el que yo aún tengo un pie en Galicia, que estoy “aterrizando” en Canarias. No caso de “A fuxida”, también conecta la historia de las personas que llegan a Canarias con nuestra propia historia como pueblo migrante. Sin embargo, creo sobre todo es el tema lo que pide.
En “A fuxida”, por ejemplo, nos dimos cuenda que perdía muchísima calidad la traducción por la sonoridad más dulce que aporta tener más vocales. También trato de poner en valor el gallego siempre que puedo a pesar de llevar muchos años fuera, y estamos preparando nuevos temas en esta línea de reivindicación de la lengua y de la cultura propias».
¿De qué manera conseguís que la mayoría de las canciones del largo, por ejemplo “Voar” o “Primavera”, creen esa atmósfera única, casi como un viaje sensorial para quien escuche?
Sara: «Es una pregunta complicada de responder [risas]. Prefiero que sea la gente la que nos lo diga a nosotros, dejar abierto esto para que cada quien lleve nuestra música a donde quiera llevarla. Pero creo que las canciones son muy honestas con las propias emociones, y eso supongo que se nota en cómo suenan.
Silvia: «Son canciones muy honestas, creadas desde un sentimiento muy genuino. Esto quisimos que se tradujera en un sonido muy orgánico y natural. Grabamos sin un clic que marcara un tiempo estable, elegimos instrumentos en su mayoría acústicos, y tratamos de no perdernos en una superproducción que pudiera quitarle la esencia que tienen las canciones al cantarlas en directo».
Parte de estas sensaciones vienen dadas, creemos, por ese matiz acústico, íntimo, que además de las melodías, también acerca la voz de Sara, con esa modulación tan característica. ¿Cómo trabajas esa expresividad vocal para que encaje con la atmósfera emocional de la música? ¿Y cómo la arropáis con las armonizaciones a dos voces?
Sara: «Fue un proceso orgánico, de mucho encuentro y convivencia entre nosotras, de errar mucho y de encontrar caminos a través de la improvisación, de arreglar otros temas propios y covers... Cada una encontró un sitio complementario a nivel sonoro y ya conocemos cómo funcionan bien nuestras voces juntas.
En mi caso, estudié un par de años de canto lírico y cantar es algo que me conecta mucho conmigo misma, por lo que trato de hacerlo a menudo y a base de repetir y conocer tu voz en muchos temas vas modelando una forma personal en la que te agrada escucharte».

Antes comentábamos como partís de la canción de autora con la intención de explorar, abriros a otros géneros. ¿Hay alguna pieza de este álbum en la que hayáis dado rienda suelta a la experimentación, ya sea en la producción, uso de instrumentos menos convencionales...?
Silvia: «“Dudas” es el tema más experimental, nos dejamos llevar mucho por la intuición. En este tema incluimos un instrumento de percusión muy particular que se llama thunder, que consiste en un tubo de madera con una membrana en uno de los extremos de la que sale un resorte».
“Nana para no niños” destaca por su parte de spoken word, que también podíamos escuchar más extensamente en “Dudas”. ¿Con qué intención incluís estas performances poéticas en vuestras composiciones? Lo del diálogo entre música y poesía y marca de la casa, ¿no?
Sara, Silvia: «Damos mucho peso a las palabras y por eso todas las letras tienen gran carga simbólica y poética. Este híbrido entre recitar poesía y rapear a mí me gusta mucho y formó parte desde que comenzamos en muchas de las canciones y recientemente en la propuesta escénica teatralizada/performática que estamos presentando el disco nos directos».
En “Nana para no niños” escuchamos también la voz del cantautor canario Alberto de Armas, la única colaboración del disco. ¿Por qué él? ¿Qué diríais que aporta al tema?
Sara, Silvia: «Conocemos a Alberto cuando empezamos a tocar juntas y él marcó mucho esa etapa. Nos veíamos mucho en un bar llamado Vértice, donde presentábamos las nuevas canciones que íbamos arreglando para ver cómo las recibía la gente, nos hicimos amigos. Admiramos muchísimo su trabajo, para nosotros es de los mejores cantautores de Canarias; es tremendo y tiene un estilo muy personal.
Nos presentó este tema suyo un día para cantar juntos y sonaba tan bonito que no pudimos dejar de incluirlo en el álbum. Nosotros creamos nuestras estrofas y ese poema del medio, pero los arreglos y la canción son de Alberto, es preciosa».

¿Cómo son los directos de Lula Mora? Porque encima del escenario, además del dúo, descubrimos que también os presentáis en formato trío con contrabajista, como banda con percusión y mismo con otras propuestas en las que combináis la música con otras disciplinas como el teatro.
Sara, Silvia: «Tratamos de que los conciertos no sean solo música, sino una experiencia. Recreamos una atmósfera a través de escenografía y un guion que explica y une las canciones una a una, generando esa sensación de intimidad e incluyendo al público durante todo el espectáculo. Tenemos la suerte de contar con unos musicazos, que hacen todo esto posible y con los que nos sentimos parte de un gran equipo».
Y, ya que hablamos de escenarios... ¿cuándo, y dónde, podremos volver a escucharos?
Sara, Silvia: «De momento soltamos dos fechas en Galicia: viernes 5 de octubre en la sala Krazzy Kray (Cambados) y el domingo 7 de octubre en el Arca da Noe (Vilar de Santos). ¡Estaremos anunciando más próximamente en las redes sociales!».
En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Sara: «Mondra, De Ninghures, Aliboria, Mercedes Peón, Carlangas, Carlos Ares, Tanxugueiras, Gala i Ovidio, Caamaño&Ameixeiras, Leilía, Fillas de Cassandra... hay tantos que no terminaría. Tenemos una suerte de tierra, talento y cultura».
Si abriésemos vuestras cuentas personales de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza
Sara: «Desde que estudio producción musical abrí muchísimo el espectro y últimamente estoy a tope con Fred Again, alt-J, tahjii, Çantamarta, Paco Pecado, Tame Impala... e sobre todo Juana Aguirre, que fue de los últimos descubrimientos y no paro de escucharla. Bastante diverso en estilos y estéticas, y siento que va a condicionar todo lo siguiente que vayamos haciendo».
Silvia: «Mi cuenta de Spotify es una ensalada de muchos estilos diferentes. Por mostrar un poco lo que escuché las dos últimas semanas mencionaré a Fajardo, Anhelo, Kali Uchis, Ted Lucas, Tiken Jah Fakoly, Abocajarro, Hermanos Gutiérrez...».

