CONDE VARO: «MIS LETRAS HABLAN DE COSAS QUE TODOS SENTIMOS, PERO NO SIEMPRE SABEMOS EXPRESAR»
Conde Varo es el nombre artístico de Xián Gómez, un músico gallego cuya trayectoria resume el espíritu independiente del pop‑rock contemporáneo. Con influencias que van del rock clásico al pop alternativo, su música destaca por letras introspectivas y una producción cuidada que el artista compostelano daba a conocer con el lanzamiento de Proyecto Manhattan (2022), su primer largo.
Desde entonces, Conde Varo ha ido haciéndose un hueco en la escena, consolidando un estilo fácilmente reconocible, cargado de simbolismo —o, como él suele llamarlo «sincronicidades»— y del que hace gala en su nuevo disco y segundo largo, 14:41 (2025).

Xián Gómez es el músico y compositor compostelano detrás de Conde Varo, proyecto musical en activo desde la primavera de 2020. ¿Cuál dirías que fue el momento clave en el que decidiste lanzar tus propias canciones después de pasar por otras formaciones?
Conde Varo: «La pandemia de la COVID, realmente. La historia es curiosa, porque en otoño de 2019 toda mi vida parecía alinearse en la dirección de esta decisión: justo salía de una relación de dos años, la banda en la que llevaba año y pico tenía que parar porque el cantante se marchaba a Madrid, iba a tener menos materias aquel año en la carrera... Estaba ya apostándolo todo grabando los dos primeros sencillos de lo que acabaría siendo Conde Varo (“Juego de Espejos” y “Las Damas de Noche”). El único obstáculo fue una crisis personal ligada al fallecimiento de un familiar, que hizo que tuviera que retrasar todo unos meses.
Fue ya en la primavera siguiente, confinado y después de pasar tres semanas encamado con mononucleosis (añado que ponerse enfermo de algo tan raro en plena pandemia fue una auténtica paranoia en sí) cuando finalmente vi el camino totalmente abierto para hacer públicos los primeros temas».
Publio Quintilio Varo fue un político y militar romano conocido por la batalla de Teutoburgo contra los germanos, que finalizó en una sonada y catastrófica derrota. ¿Este Varo tiene algo que ver con tu nombre artístico o salió de otro lado?
Conde Varo: «Pues es curioso, porque nada que ver (que yo sepa, por lo menos). También me gusta bromear con que Conde Varo significa “conde del dinero” [risas] porque, al parecer, en México al dinero también les llaman “varo”. Pero ni “Conde” es un título nobiliario ni “Varo” es por el dinero o por militares romanos: son los segundos apellidos de mis padres (y los primeros de mis abuelas).
Inicialmente, este iba a ser un proyecto de tres personas: mi mejor amigo, mi hermana y yo. Pero mi amigo tuvo que bajarse del carro en marzo de 2020 y quedamos mi hermana y yo. Ella me dijo que no se veía con la capacidad de comprometerse como integrante del proyecto, pero iba a estar siempre apoyando (cosa que hasta ahora fue cierto 110%). Fue en ese momento cuando me di cuenta de que tenía que usar un nombre artístico que me representase a mí, pero dejase espacio en su significado para englobarla a ella también. Como compartimos apellidos, la respuesta era evidente. Resolví acudir a Conde Varo” porque por DNI somos Gómez Rodríguez (un poco genérico), pero recordé que mi padre fue actor durante muchos años usando el apellido materno, Varo, en lugar del paterno, Gómez (por esta misma razón). Y así quedó lo de Conde Varo».
Antes comentábamos que fuiste parte de bandas de rock y blues, ¿qué dirías que aportó esta experiencia previa a la hora de conformar tu proyecto en solitario?
Conde Varo: «Me ayudó mucho a salir del cascarón. Siempre fui muy introvertido y, a veces, hasta temeroso a nivel social. La idea de ir a tocar a sitios e interactuar con el mundo de ahí fuera me daba pánico. Subirme a un escenario a tocar era fácil, siempre fue mi naturaleza; hablar con el dueño del local o pedirle algo al técnico de sonido... eso ya era una odisea. Abrirme a esa experiencia arropado por otras personas que sientes que saben lo que hacen me permitió dar un importante paso adelante en ese aspecto.
A mayores, diría que la habilidad como bajista (el rol que tuve en estas bandas), es algo que puede pasar desapercibido a primera vista, pero que me permitió sentar una base muy sólida en la construcción de las grabaciones que no tendría solo con mis dotes de guitarrista (que es mi instrumento principal)».
Además de músico y compositor, también eres psicólogo. ¿Crees que esta otra faceta influye de alguna manera en la forma en que escribes canciones? De ser así, ¿cómo?
Conde Varo: «Tengo que aclarar que soy psicólogo de formación (tengo el Grado en Psicología), pero no ejerzo profesionalmente, por lo que no tengo claro que sea legal hacerme llamar así [risos].
Realmente creo que esta faceta no influye directamente en mi música, sino que mi personalidad es una muy apta para ambas disciplinas. Siempre fui extremadamente introspectivo, analítico y empático, y tuve mucha curiosidad por aprender a comunicar emociones, pensamientos y estados internos con palabras de la forma más precisa posible. Esto dio como resultado que mis letras tengan un carácter único y personal, y expresen cosas que todos sentimos, pero no siempre sabemos expresar.
Por otro lado, también me hizo tener la curiosidad de ver qué podía aprender acerca de la mente estudiando la carrera de Psicología. Pero no creo que sea influencia entre facetas, sino que ambas facetas son síntomas de mi forma nata de ser».
Tus composiciones bien podrían caer dentro del pop-rock o indie, pero sin etiquetas, ¿cómo definirías tu música? ¿A qué suena Conde Varo?
Conde Varo: «Diría que soy una mezcla entre el pop-rock español de finales de los 90 y principios de los 2000 (que es la música que más escuchaba en la radio en los viajes en coche cuando era un niño), y la escena del rock alternativo americano y británico de los 90».

Tom Petty & The Heartbreakers, The Beatles u Oasis leemos que son algunas de tus influencias, ¿quién más dirías que tiene, o tuvo, particular impacto en tu manera de hacer música?
Conde Varo: «Una de mis reviews favoritas de mi proyecto es que soy el Leiva de AliExpress [risas]. Fue algo que me llegó por parte de la amiga de una amiga cuando estaba empezando a sacar canciones y, aunque fue duro de escuchar, tengo que reconocer que imitar a Leiva fue parte vital de mi aprendizaje: si no sabía cantar, le copiaba los ademanes de la voz; si no sabía tocar, escuchaba los licks de guitarra de Pereza; si no sabía producir, usaba sus arreglos de referencia.
Con el tiempo me voy separando más de esa definición y encontrándome a mí mismo, pero recordar esa etiqueta de mis primeros pasos me ayuda a mantener los pies en el suelo».
Conde Varo, el proyecto, surgió en plena pandemia. ¿Qué papel jugó un contexto como el del confinamiento en la creación de tu identidad musical? Es decir, ¿de no ser por la pandemia, a día de hoy, existiría Conde Varo?
Conde Varo: «Seguramente sí. La pandemia fue solo un momento de decir “venga ya, que ahora las condiciones son idóneas”, pero como comenté antes, la idea de empezar a publicar temas venía ya de muy atrás, desde finales del 2019. El confinamiento solo me dio el ambiente de tranquilidad y sin distracciones que me permitió presionar el gatillo, pero la decisión estaba tomada de mucho antes. Tarde o temprano habrían salido todos los temas igualmente».
Entre 2020 y 2022 publicas una serie de sencillos, totalmente autoproducidos, que más tarde compondrían tu primer disco, del que hablaremos más adelante: tres en 2020, seis en 2021, dos en 2022... ¿ibas publicando conforme tenías listas las canciones o respondía a algún tipo de estrategia?
Conde Varo: «No había estrategia detrás realmente. Como mucho, elegir qué canción podía ser interesante publicar a continuación. Fui publicando según iba teniendo canciones producidas y tenía más o menos un concepto de qué contenido podía acompañar al tema en cuestión (una portada, un videoclip, una fotografía significativa...).
Lo que es la composición, casi todas las canciones de esa época llevaban escritas desde finales de 2019 o antes —algunas datan incluso de 2013 o 2015 como “Inocencia de Febrero” o “Las Damas de Noche”— con la excepción de “Top Negro”, que la escribí y maqueté en verano de 2021 y, a principios de 2022, cuando pensé en recopilarlas en un CD dije: “Esto tiene que cerrar el disco”».

Después de dos años, en abril de 2022 lanzas Proyecto Manhattan (2022), un largo que recopila todas estas canciones, más “Versos” como bonus track. Aunque compuestas en diferentes momentos de tu vida, parecen conformar un todo homogéneo. ¿Cómo logras «esconder» los saltos cronológicos?
Conde Varo: «Pues, con total sinceridad, no era consciente de haber conseguido esconderlos, fue un logro involuntario [risas]. Es cierto que la canción más vieja de ese disco, “Inocencia de Febrero”, que data de 2013, tuve que retocarla en versos sueltos para esconder ciertos recursos de inmadurez como letrista, pero fueron cambios puntuales.
Si me pongo un poco más filosófico con la respuesta, puedo parafrasear a Platón en su diálogo de Fedro, donde Sócrates menciona que un texto que contiene ideas auténticas, genuinas y llenas de verdad, es, independientemente de su forma, un texto que perdura de forma eterna y se vuelve atemporal.
De hecho, muchas de esas canciones aún me identifican a día de hoy, aunque encuentro en ellas significados que no tenía en mente cuando las escribí en su momento».
El Proyecto Manhattan fue un proyecto secreto de la Segunda Guerra Mundial para desarrollar la primera bomba atómica y, en la portada del álbum, apareces tú sobre el símbolo del trébol radiactivo hecho en la arena. Como se relacionan estas referencias históricas y estéticas con la carga emocional (¿o explosiva?) del álbum?
Conde Varo: «Pues empezó como una broma muy tonta entre mi hermana y yo. Cuando estaba preparando ese disco, tenía en mi cuarto una pequeña pizarra en laque anotaba las tareas pendientes por realizar en el proyecto: nombres de canciones, instrumentos por grabar, mezclas por hacer... Un día íbamos a subir una foto de la pizarra a Instagram a modo de adelanto misterioso y, como la idea de sacar disco era aún un secreto, escribí en la pizarra “Proyecto Manhattan”, por ser algo misterioso y hecho a escondidas, pero preparado para salir “pegando fuerte” (básicamente como la bomba atómica).
Al final, me di cuenta de que la narrativa del disco coincidía mucho con el nombre de broma, y acabó siendo el título oficial, que luego acabó inspirando las decisiones estéticas de la portada y demás».
En “Superpoderes” abordas la experiencia de un flechazo y cómo deseas tener algún superpoder para poder controlarlo. Musicalmente hablando, ¿qué superpoder te gustaría tener?
Conde Varo: «Durante toda mi vida, estaba seguro de que mi respuesta sería “saber cantar mejor y controlar mejor los agudos”, pero el tiempo (y tal vez la madurez, pero de eso no sé si puedo presumir demasiado) me hace responder distinto.
Creo que el superpoder que más me gustaría a día de hoy sería el de llegar de repente a todas las personas que puedan resonar con mi música. Así, en un instante. Que, de un día para otro, alguna (o algunas) de mis canciones exploten como la pólvora y de golpe todo el mundo la conozca, la cante, la incorpore a su vida diaria. En definitiva, que acabe por hacerse más del mundo que mía propia».
“Inocencia de Febrero” es un nostálgico viaje sonoro a tu infancia, ¿cómo fue el proceso de traducir esos recuerdos, que tan bien se ven en el videoclip, en canción?
Conde Varo: «Un detalle sobre mí es que tengo una memoria muy buena; pero enfermizamente buena. De esto que soy capaz de citar frases literales que se me dijeron hace muchos años o décadas, con detalles de dónde estaba, con quién estaba o lo que estaba haciendo en aquella época. Por un lado, esto es maravilloso, porque donde muchos requieren fotos para recordar, yo no, ya que lo llevo todo en cabeza. Por otro, es una pesadilla cuando la nostalgia ataca y no tienes forma de escapar, porque todas las imágenes viven gratuitamente en tu cabeza.
Fue así como, un día gris en mayo de 2013 —añado pruebas de que tengo hasta imágenes mentales de cuando me senté a escribir esta canción— con 15 años, me puse a pensar en mi infancia, con 4 o 5 años, cuando todo parecía más sencillo, sin tantas responsabilidades (admito que según crezco no envidio a mi versión de 15 años, porque la vida se me hizo más fácil según fui creciendo). Ahí escribí la primera versión de “Inocencia de Febrero” y, un par de años más tarde, hice el retoque de versos que comenté; pero el 85% de la canción quedó escrita aquella tarde en 2013».
Este disco es todo un ejemplo del Do It Yourself, desde las composiciones hasta la mezcla pasando por la grabación de los instrumentos. ¿Por qué asumir todo el proceso creativo? ¿Qué ventajas, o limitaciones, encontraste en el camino?
Conde Varo: «Asumí todo el proceso creativo en primer lugar por motivos económicos, ya que solo necesitaba de la inversión en materiales de grabación (que habría hecho de todos maneras, porque es algo que disfruto haciendo igualmente) para poder financiar el proyecto.
Otra razón es que no me es fácil encontrar personas que compartan mi visión artística. Rara vez encuentro alguien que me proponga algo y realmente yo crea que mejora mi concepto original; una de las pocas excepciones es Icía, mi hermana, que sí que es capaz de aparecer a veces de la nada con algo que yo digo: “Esto es oro”.
La clara ventaja es que el disco se siente muy coherente: la producción está al servicio de las canciones porque nacen juntas, no son arreglos impuestos a algo escrito por otra persona; lo mismo con el apartado gráfico, que nace de la misma visión que vio nacer las canciones en primera o segunda persona. La visión artística está muy centrada, no va dando bandazos laterales, podríamos decir.
La principal limitación es que a veces no tienes claro cuál es el siguiente paso a dar, pero tampoco suele ser una limitación. Aunque descarte mucho del feedback que llega de fuera, no es sin valorarlo primero, y suelo tomarme todo como una “señal”. Como si el universo me hablase tanto a través de sucesos aleatorios como de la voz de otras personas. En el fondo, siempre me siento como guiado y acompañado por algo, aunque no tenga claro que es ese algo».

Estas presentando 14:41 (2025), tu nuevo disco y segundo largo que ya llevabas un tiempo adelantando. ¿Cuál es la idea tras él? ¿Cómo la fuiste desarrollando hasta materializarse en el trabajo que es hoy?
Conde Varo: «Aunque no fue de manera voluntaria que acabase siendo así, 14:41 es un poco un resumen de mi 2020, que fue cuando escribí todas las canciones del disco (y aun hubo unas cuantas de ese año que se quedaron fuera). Salvo dos canciones que datan de antes de verano, el resto de temas los escribí en el proceso de conocer a una chica con la que pasé el verano, y acabé por enamorarme de ella. Cuando llegó septiembre, la cosa terminó de forma muy brusca y algo desconcertante, lo que me hizo empezar a escribir de forma compulsiva para tratar de cerrar esa herida interna en un momento en el que todavía había restricciones por COVID (toques de queda, limitaciones de movilidad entre ayuntamientos...).
Curiosamente, esta persona volvió a aparecer en mi vida en 2023, cuando estaba empezando los preparativos para grabar el disco, y la cosa terminó de forma similar a la primera (ambos teníamos aún mucho que aprender sobre relaciones, está visto), por lo que acabé grabando las canciones en el proceso de volver a cerrar la misma herida que cuando las escribí.
Lejos de querer sonar victimista, esta me pareció una forma extremadamente hermosa de cerrar el círculo del proceso creativo del disco, igual que cerrar un círculo emocional».
¿Por qué «14:41» como título del disco? ¿Qué tiene, o tuvo, de especial esa hora? ¿Dirías que el concepto del tiempo (recuerdos, presente, futuro) conecta de alguna manera a decena de canciones del álbum?
Conde Varo: «Realmente el tiempo es algo casi anecdótico en el título. Entre finales de 2019 y principios del 2020 tuve un despertar espiritual: abrí la mente a que igual no todo lo que compone la realidad es materia, que puede haber algo más. Esto se manifestó en mi vida en forma del que C.G Jung llamaba “sincronicidades”, que son la manifestación material de estados mentales internos; casi como “señales” del universo. Y, en todo el proceso que me llevó a enamorarme y arreglar mi corazón roto en 2020, el 14 empezó a aparecer repetidamente, cosa que me sigue persiguiendo hasta el día de hoy —no me pasa desapercibido que hago esta entrevista como artista de la semana del 8 a 14 de septiembre [risas]—. Con el tiempo dejó de ser solo el 14, y empezó a aparecer también el 41, muchas veces unidos como 14:41 en el reloj, 4114 al coger un tren para ir a tocar a Madrid por primera vez, 1414 en el código postal de una discográfica interesada en lo que hago... cosas así.
Finalmente, decidí usar el “14:41” porque es un número espejo y me recuerda una frase de la tradición hermética a la que llegué por Carl Jung: “Como es dentro, es fuera; como es arriba, es abajo”. Es una manera de recordar que todo lo que vemos fuera es, de alguna manera, un reflejo de nuestro mundo interno».

Lo primero que escuchábamos era “El bueno de Tom”, un corte homenaje a Tom Petty & The Heartbreakers que compusiste al escuchar su canción “Wildflowers”. ¿Qué supuso este tema para ti como para dedicarle una canción?
Conde Varo: «No fue tanto el tema en sí como el contexto en el que lo escuché. En general, todo el álbum de Wildflowers diría que es mi favorito de Petty, y fue en ese verano de 2020 cuando lo escuché por primera vez. Muchas canciones fueron quedando asociadas a ciertos momentos, unos cuantos de ellos relacionados con este amor de verano.
En concreto, “Wildflowers” representaba muy bien lo que me hizo enamorar de aquella chica: una belleza natural y casi salvaje que, de esa misma manera, pertenece a la naturaleza y a lo salvaje, por lo que merecía ser libre. Si su libertad la llevaba a elegir estar conmigo, maravilloso; si no, por mucho que doliese, era el orden natural de las cosas».
Para “La Terminal” grabaste un videoclip en el aeropuerto Rosalía de Castro de Santiago de Compostela y, por aquel entonces, descubrimos que habías aceptado un trabajo allí para, efectivamente, tener la oportunidad de rodar en una terminal. ¿Cómo recuerdas la experiencia?
Conde Varo: «La historia de “La Terminal” es una de estas “sincronicidades” que me refuerzan la idea de que hay algo que no vemos (llámalo Dios, llámale universo...), pero que en el fondo controla todo. Os cuento por qué.
En septiembre de 2023 dejé un trabajo que tenía desde hacía años para dedicarme 100% a la música, así como salto de fe. Conseguí seguir a flote económicamente hasta la primavera de 2024, pero mi cuenta bancaria estaba ya pidiendo papas. Cuando llegó mayo, me entró la devolución de la declaración de la renta y respiré un poco más tranquilo... durante tres días. Esa misma semana tuve un reventón de la rueda del coche que me costó el importe exacto de la renta. A todo esto tengo que añadir que tenía paro acumulado por los años trabajados, pero había pasado demasiado tiempo desde mi última alta en la Seguridad Social, por lo que requería algún contrato con alta y baja para poder acogerme a la prestación por desempleo.
De esto que, al salir de una sesión de orientación laboral del INEM —en la que añado la orientadora me animó muy fervientemente a seguir con mi proyecto— me llegó la oferta de trabajo a tiempo parcial limpiando coches en el aeropuerto: 20 horas por semana, que me dejaban tiempo de sobra para la música. La acepté e hice el primer día de formación, durante el cual, tras pasearme por todo el aeropuerto viendo carteles que decían “terminal” se me encendió la bombilla: llevaba semanas pensando en publicar “La Terminal”, pero no sabía qué videoclip hacerle. Sumé 1+1 y, en mi segundo día de trabajo, llevé la cámara para grabar a las escondidas por el aeropuerto adelante.
Al finalizar esa segunda jornada, mi primer día después del período formativo, de pronto todo es un caos: el contrato que me llega es de más horas de las prometidas, los horarios están mal hechos, no me avisan de cuándo y dónde tengo que trabajar, las condiciones laborales del contrato no son las acordadas, hay errores de comunicación entre la empresa de trabajo temporal y la contratante... Total, que resuelven terminarme el contrato en período de prueba, y me quedo sin trabajo... eso sí, teniendo ya grabado el videoclip de “La Terminal” y, esta vez, pudiendo cobrar la prestación por desempleo. Una serendipia en toda regla».
La catarsis puede referirse a la purificación de las pasiones de la que hablaba Aristóteles o al método de psicoanálisis... ¿pero qué, o quién, sirvió de inspiración para tu “Catarsis”?
Conde Varo: «Para sorpresa de nadie, la inspiración de “Catarsis” fue también este amor de verano de 2020. Durante esta breve relación, hablábamos mucho de la catarsis que suponía estarse conociendo, verse reflejado el uno en el otro, la liberación emocional de vernos después de echarnos de menos... Ya después de separarnos, en los meses de otoño, yo tenía la impresión que había algo raro en cómo ella se estaba comportando, como si estuviese reprimiendo lo que realmente sentía y estuviese haciendo todo lo posible por alejarse para escapar también de las emociones que le provocaba nuestra relación.
“Catarsis”, en este caso, expresa ahí mi deseo de ver aquellas emociones explotar y salir a flote en aquel momento, volviendo a juntarnos en el proceso».
Al hilo, dices que «estas diez canciones son un claro ejemplo del que yo llamo un proceso alquímico: hacer luz de los momentos más oscuros». ¿Cómo así? ¿Consideras, pues, la composición de este trabajo como una manera de «sanación»?
Conde Varo: «No tengo claro se diría sanación en sí, pero sin duda hacer lo mejor y buscar lo bonito de una situación dura, tratando de sacarle provecho. Un “no hay mal que por bien no venga”. Al escribir casi todo el disco procesando una ruptura muy dolorosa y difícil de gestionar a nivel emocional, al tiempo que el mundo estaba volviéndose loco por la pandemia y sus restricciones, la única solución era tratar de ver algo bello en todo aquello. El hecho de que canciones como “Como Gatos”, “En Blanco” o “Catarsis” nacieran de ahí, me parece un acto de luz pura en medio de la noche más oscura. Lo mismo aplica a la producción: empecé a grabar el disco en 2023, teniendo que volver a gestionar otra separación de la misma persona, el cierre de algunas puertas que se me habían abierto en la industria musical y un momento personal complicado.
No tengo claro que me ayudase a curar nada, pero sí a, por lo menos, tener algo que hacer mientras lamía las heridas [risas]».

“Como gatos (Chiquilla)” aborda el complejo de salvador «en su aspecto más luminoso», un corte que ti mismo afirmas «dentro de la sencillez, es una de las publicaciones más lindas que hice dentro de Conde Varo». ¿Qué tiene de especial para que la califiques de tal manera?
Conde Varo: «Pues es una canción a la que le tenía tanto aprecio como miedo.
El aprecio por esta canción tiene raíz en un momento muy agridulce para mí, que fue la vivencia que la inspiró. Dos días antes de que el amor de verano del que vengo hablando terminase, esta chica y yo pasamos una noche juntos en vela mientras yo estudiaba para un examen. Ya por la mañana, ella se quedó dormida mientras yo terminaba de leer los apuntes. Como quería dejarla descansar tranquila, la fui a avisar de que me iba y ya volvería después del examen; cuando la desperté para avisarla, ella me agarró del brazo, más dormida que despierta, y dijo que no con la cabeza, pidiéndome que me quedase. Me quedé tan asombrado con lo bonito del gesto y con el hecho de que naciese tan natural de ella, que decidí quedar y, después del examen, también volví para dormir juntos aquella noche. Dos días después algo cambió repentinamente en ella, y básicamente puso distancia de manera súbita entre los dos. Con esta yustaposición de imágenes en mente —la eres pidiéndome que me quedase y, dos días después, alejándose de mí—, fue unas semanas más tarde cómo nació la voz y piano “Como Gatos”.
Grabé una maqueta a piano, voz y dos guitarras en marzo del 2021, pero no me atrevía a hacer la versión definitiva, porque en mi cabeza necesitaba de ciertos elementos de producción (un piano bien tocado, una buena técnica vocal y unos arreglos de cuerda que sonasen de una manera muy concreta) que yo sentía que estaban más allá de mis capacidades. Además, el contraste entre las partes más suaves y delicadas con los momentos grandes de corte orquestal era algo a lo que no me había enfrentado nunca como productor. Básicamente tenía miedo de romper la canción original con mi torpeza como intérprete y productor.
Cuando finalmente vi la canción finalizada y mezclada, con el impacto emocional que creo que acabó teniendo, para mí fue una muy grata sorpresa. De hecho, lloré varias veces en el proceso de mezcla [risas]».
Cada una de esas diez canciones que recoge el LP vienen acompañadas de una carta de tarot, diseñadas por tu hermana Icía. ¿Cómo surge esta idea?
Conde Varo: «Como todas las buenas ideas: rápido, por inercia y la última hora [risas]. Mi fascinación con el tarot empezó en 2020 cuando comencé a ver este 14 por todos lados, y, buscándole significado, encontré la carta de la Templanza como una posibilidad. Con el tiempo, esto implicó significados distintos para mí: primero, equilibrio y paciencia; luego, sanación; por último, la señal de un ángel de la guarda que me protege (al cual acabé llamando Sophia por otras sincronicidades de la vida).
Más tarde, me acabé familiarizando con todas las cartas y algunos de sus significados, porque, independientemente de su naturaleza espiritual genuina, las encontré una herramienta psicológica potentísima. Lo importante no es lo que dicen las cartas en sí, sino el contenido de la mente propia que uno proyecta en ellas; algo semejante a lo que ocurre con el test de Rochard, el de las manchas de tinta sin forma concreta.
Fue por toda esta importancia que tuvo el tarot y la dimensión psicológico/espiritual que me acompañó a lo largo de la grabación de este disco que se me ocurrió la idea de diseñar un tarot para ilustrar las diez canciones del disco. Al igual que las canciones comunican algo, pero son las proyecciones de cada uno las que determinan el mensaje final, las cartas comunican algo, y cada uno determina qué significan a partir de sus propias proyecciones».
Ya que la mencionamos, tu hermana es una constante en este proyecto musical: desde la ilustración hasta la fotografía, pasando por ser tu compañera de directos. ¿Cuál es su papel en Conde Varo? ¿Que sería de Conde Varo sin Icía?
Conde Varo: «Básicamente puedo resumirlo en que Icía es un regalo para Xián, y su papel en Conde Varo es solo uno de las muchas manifestaciones que este regalo tiene en su vida.
Desde el momento en que el nombre del proyecto es Conde Varo para poder englobarla a ella —como comenté en la pregunta acerca del nombre artístico— se hace evidente que es parte esencial y vital del proyecto desde sus inicios. Ella se refiere a sí misma como colaboradora artística en Conde Varo, pero no es más que un tecnicismo, porque sin ella esto no tendría el impacto que realmente tiene, y yo haría mucho que estaría cansado y amargado de la soledad en mis labores artísticas.
Icía y yo crecimos habitación con habitación, ella vino cuatro años después que yo y fue la primera pobre víctima (y tal vez causante involuntaria) de mi complejo de salvador y protector. Cuando empecé a escuchar a los Beatles, ella cayó también, y fue así como descubrimos que era capaz de hacer armonías con la voz como quien no quiere la cosa (algo que para mí siempre fue más bien complicado). Desde entonces, cantar con ella mientras yo toco la guitarra es una de mis actividades favoritas en esta existencia. Lo daría todo por ella y me siento privilegiado de que toda su creatividad acabe repercutiendo en el proyecto que llevo incubando desde que era adolescente.
Siento que yo llevo el nombre de Conde Varo por los dos porque esta denominación permite que compartamos los beneficios, pero también que sea yo quien se encargue de absorber los golpes cuando las cosas vayan mal o puedan llegar críticas excesivamente duras para el proyecto».

¿Cómo llevarás 14:41 a los escenarios? ¿Cuándo y dónde podremos disfrutar del disco en directo?
Conde Varo: «De momento no hay ningún plan concreto sobre los conciertos. Llevo dos años en un proceso de cambio personal importante que acompañó la producción del disco y, ahora mismo, necesito ir haciendo todas las cosas muy poco a poco sin pensar diez pasos más adelante, porque pierdo perspectiva. Pero a todo el mundo interesado, le aconsejo seguirme en redes, porque cualquier evento, presencial o digital, que vaya a tener lugar dentro del universo Conde Varo, será anunciado por ahí con antelación».
En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Conde Varo: «Pues hay un artista del que ya había oído hablar hacía tiempo, pero no me había puesto a escucharlo, y es Vizcaíno. Hace poco que me lo recomendó un amigo con bastante bueno gusto musical, y la verdad es que tengo que reconocerle el buen ojo con la recomendación, porque es de lo mejor que escuché en gallego en esta línea de cantautor con la que siento que mi proyecto también resuena de alguna manera».
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Conde Varo: «Pues ahora mismo, mucha Shakira [risas]. Fuera bromas, su discografía entre 1998 y 2005 tiene letras muy interesantes, increíble producción, y una voz que, a pesar de sonar “rara”, no renuncia a ser bonita. Creo que es una artista de la que aprender mucho.
Otro artista que tengo siempre en bucle es Brian Fallon, un cantautor estadounidense que también es cantante en una banda llamada The Gaslight Anthem. Muchos lo consideran heredero simbólico de Springsteen y, la verdad, es que estoy obsesionado con su forma de hacer letras. Mucho de lo que escribo desde 2022 refleja bastante su influencia.
Por lo demás, un remix bastante heterogéneo de rock, pop-punk y metal, mucho del cual uso para entrenar, porque nada mejor que heavy metal para levantar barras de hierro pesadas [risas]».

