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PÁLIDA: «LA PISTA DE BAILE ES UN LIENZO PARA LA EXPRESIVIDAD HUMANA, INDIVIDUAL Y COLECTIVA»

PÁLIDA: «LA PISTA DE BAILE ES UN LIENZO PARA LA EXPRESIVIDAD HUMANA, INDIVIDUAL Y COLECTIVA»
20 OCTOBER 2025

Con sonoridades que se mueven entre lo electrónico, el shoegaze o el Detroit techno, Pálida impone un discurso sonoro poco convencional, pero claramente identitario. Desde sus inicios, el proyecto del vigués José Garnelo desafía los moldes prestablecidos de la música de baile al combinar emociones indescifrables y energía infinita, explorando un espacio donde las máquinas se vuelven orgánicas y el directo se transforma en un territorio de experimentación sensorial.

 

 

Hace ya más de una década que escuchábamos a José Garnelo en proyectos de pop y rock como Sugar Overdose, Clover o Durarará!!, pero ¿cuál fue, y cómo recuerdas, tu primer contacto con la música?

Pálida: «Mi primer recuerdo que implica música se remonta a cuando, de niño, algunos domingos por la mañana mi madre y yo bailábamos después de desayunar en el salón: Police, Suzanne Vega, Neil Young... música siempre con un tinte melancólico para momentos muy alegres».

 

Fue con Durarará!!, trío gallego de grunge, noise pop y rock alternativo, con quien entraste a participar en la Metamovida, el colectivo musical y cultural del underground vigués. De aquella, ¿qué te aportaba ser parte de la Metamovida? ¿Con qué te quedas de aquellos años?

Pálida: «Mi vínculo con la Metamovida emerge de Buogh!, una de las bandas del colectivo, y la amistad que me unía (y une) a sus componentes, que se remonta a la época cuando tocaba en Sugar Overdose en Barcelona. A través de ellos, a mi vuelta a Galicia (2010) conocí al resto de la gente del colectivo, que entonces estaba justo empezando a tomar forma, y orgánicamente, por pura inclinación personal y espiritual, me fui acercando la esta gente».

 

 

Llegados a este punto, ¿cómo nace Pálida? ¿Cómo pasas de tocar en bandas de rock alternativo a liderar un proyecto de música electrónica (toda vez que, por aquel entonces, tampoco es que le tuvieses mucho aprecio al género...)?!

Pálida: «Pálida nace de la curiosidad: Tarot Sport de Fuck Buttons, Strawberry Jam de Animal Collective, las exploraciones ambient de Deerhunter, la participación de Sonic Youth en el Sónar, el From Here We Go Sublime de The Field... son obras que poco a poco me van fascinando con la electrónica y me invitan a explorar sus posibilidades.

Lo cierto es que cuando era aún más idiota que ahora pensaba que la música electrónica carecía de posibilidades expresivas que tuvieran calor humano. Obviamente no conocía la electrónica adecuada, y la arrogancia y la ignorancia hicieron el resto. Por suerte nunca le tengo mucha consideración a mis opiniones: la vida me enseñó que la cantidad de errores supera con creces a los aciertos.

Entonces me junté con Pablo Garnelo, el guitarra de Why Go?!, que siempre quisimos hacer algo juntos, y nos pusimos a hacer cosas, pero él vivía ya en Madrid y era complicado trabajar a distancia; y como yo tenía los cacharros en la casa y quería hacer cosas con ellos TODO El RATÓN (xD), decidí continuar en solitario».

 

Foto © Lucía Alonso

 

¿Por qué Pálida? ¿Por qué escoger este adjetivo para designar el proyecto?

Pálida: «Un día un compañero con el que tocaba en Clover, proyecto donde empiezo a explorar mi curiosidad por la electrónica en varios de los discos, me dijo: “creo que Pálida es un nombre muy guapo para un proyecto musical”. Yo estaba de acuerdo, y cuando empecé a hacer cosas con cacharrada electrónica (unas Electribes azul y roja) le pregunté si me cedía el nombre y me lo regaló».

 

De los primeros años recordamos especialmente el vídeo de “Puma”, del disco The Puma Pum/Q (2014), —un título en el que también resuena la Metamovida—, que protagonizaban Guilherme Zapata y Antía Figueiras (ambos después en Bifannah). ¿Cómo recuerdas la grabación de ese vídeo, que era casi un pequeño cortometraje?

Pálida: «Fue una cosa muy sencilla, de una tarde en las escaleras del edificio de mis padres. Anti y Guille son queridas amigas y personas muy magnéticas, tanto en lo físico como en lo espiritual. Yo me dedico a la narrativa audiovisual (estudié cine, soy animador y director) así que tuve esa idea, ganas de hacerla y la posibilidad de llevarla a cabo. Lo demás fue rodado (pun intended)».

 

 

Musicalmente, la electrónica es un género muy amplio, amplísimo; la que tú firmas mezcla noise, psicodelia, shoegaze, trance, techno... pero, sin utilizar ninguna etiqueta, ¿cómo describirías tú tu música? ¿A que suena Pálida?

Pálida: «Creo que mi música con Pálida dibuja una trayectoria que va desde lo profundamente melódico, luminoso y concreto hasta música mas abstracta, oscura y amorfa, que es el punto en el que me encuentro ahora, las palabras que sintetizan un poco mis intereses contemporáneos».

 

New Order, Sonic Youth o Nathan Fake son algunos nombres que leemos entre tus influencias. ¿Quién más dirías que tiene, o tuvo, particular impacto en tu manera de hacer música?

Pálida: «A decir verdad, ni Nathan Fake ni New Order son artistas de cabecera para mí. Sin embargo, Sonic Youth es la banda de mi vida, una explosión de creatividad de 30 años de duración. Ellos y Fugazi probablemente son los dos grupos que marcaron más mi actitud y forma de operar la hora de acercarme a la musica.

Particularmente en la electrónica, al principio creo que Four Tet era bastante mi epítome aspiracional, pero pronto cambié la mirada hacia The Field, más o menos al mismo tiempo que me interesaba por Deerhunter: al final había un denominador común entre ellos (ambient techno/ambient punk) y creo que miraba escudriñando con curiosidad en esa dirección».

 

 

Cuando hablamos de Pálida, hablamos de música hecha para la pista de baile, para una pista llena de emociones indescifrables y energía infinita pero, para ti, ¿qué significa realmente ese espacio físico —o emocional— que es la pista?

Pálida: «Es un lienzo para la expresividad humana, individual y colectiva. Indescifrable e infinita son dos adjetivos que le van fetén».

 

Hace unos años confesabas que «todo lo que suena en Pálida está creado con un sintetizador, un sampler y una caja de ritmos. Todo orgánico, nada digital, nada de ordenadores». Más específicamente, ¿de qué está compuesto tu set?

Pálida: «Pues efectivamente tengo uno sinte (Analog4), un sampler (Octatrack), una caja de ritmos (Analog Rytm) y recientemente añadí uno sinte granular (Atempera) y un finalizador (Oto BOUM). Añade un mixer Mackie y ya lo tienes :)».

 

 

Al hilo, en la actualidad ¿sigues manteniendo esa aproximación tan, digamos, restringida? ¿Sigues prefiriendo el hardware analógico o, poco a poco, empiezas a abrazar el virtual?

Pálida: «Sigo, sigo, aunque quisiera aprovechar, en las grabaciones, las posibilidades que ofrece el trabajo en el estudio, pero controlo poco de Ableton y soy mas bien vago para chapar una nueva interfaz.

Al final, para mí, la música tiene mucho que ver con la inmediatez, con el momento, por eso grabo en directo y en mis directos improviso muchísimo —no hay setlist, procuro nunca tocar una canción tal como la grabé, etc.— estoy en la búsqueda de la inspiración, el feliz accidente. Todo muy Fugazi: cuando sale mal es una mierda, pero cuando sale bien es lo más. Creo que el público siente esa energía, ese escalofrío de vértigo y genuina emoción por estar en tierra incógnita».

 

 

 

De hecho, y ya que mencionamos hardware analógico, The Clutch (2016) es el primer «destilado» con el que inaugurabas una nueva etapa en Pálida, marcada por un sonido renovado gracias al relevo de los Electribes de Korg por unos Elektrons. ¿Por qué el cambio? ¿Qué diferencias encontraste entre ambos y de que manera dirías que este cambio definió el sonido de este álbum?

Pálida: «¡Todo es un proceso! Las Electribes molan mucho, pero se quedan un poco pequeñas a nivel tanto de sonido como de control sobre el mismo y posibilidades. Con las Elektron llevo casi diez años a vueltas y estoy en un punto en el cual empiezo a comprender realmente bien cómo trabajar con ellas y quitar un buen sonido (al ser autodidacta y un poco lerdo es lo que tiene): aprender a manejar esos instrumentos me llevó a querer explorar facetas sónicas muy específicas, y cuanto máss las controlo, más profundo voy en esa dirección.

Es todo un proceso muy orgánico».

 

 

 

 

Lo siguiente que escuchábamos de ti era Shönen Kingdom (2018), un disco de ocho cortes originales inspirados en la estructura narrativa del anime y el manga, que ahondan en el IDM, house experimental y el club. Además de la ilustración de la portada, ¿cómo tradujiste esas referencias visuales y narrativas propias del anime al lenguaje sonoro?

Pálida: «Creo que tiene mucho que ver con el tipo de melodías que utilicé, y también con la estructura de varios de los temas, que tiene algo de desarrollo dramático de anime.

“Orange”, sin ir más lejos, tiene un motivo musical que se asemeja mucho a uno que escuché en la BGM de un anime diera nombre. Irónicamente, esta, que es la referencia mas directa al anime que hay en ese trabajo, es un shojo (anime para chicas), un poco la otra cara del shonen.

No tiene nada que ver, pero viva Ai Yazawa <3».

 

 

Con 200 conciertos a espaldas, este álbum fue grabado en riguroso directo en la terraza del Bar Embora (Santiago de Compostela). ¿Por qué escoger este espacio en concreto para registrar el disco y cómo influyó el lugar y el público en la energía de la grabación?

Pálida: «¡A estas alturas probablemente son muchos más conciertos! Hubo una época en la que tocaba muchísimo.

Sobre la grabación en el Embora, fue fruto de las circunstancias. De aquella estaba empezando a currar con la Melona y ellos tenían muy de mano al Embora; les era fácil montarlo ahí y el sitio es bien lindo. Fue muy guay aquello, tengo un recuerdo precioso de esa grabación y mucha de la gente que bailaba allí conmigo es gente que sigue viniendo a mis bolos. Su energía y sonrisa son un regalo siempre».

 

 

 

Poco después lanzabas una perla de la electrónica, A White Sphere (2018), con la que volvías a tu techno orgánico y visceral, con temas directos y asequibles por una parte, y experimentales por la otra. ¿Cómo gestionaste ese equilibrio entre accesibilidad y experimentación?

Pálida: «Ese EP fue muy de mi momento; era una época convulsa en lo personal y estaba fozando con esos temas y los grabé así, sin tener muy claro lo que quería hacer con ellos. Creo que de ahí viene ese carácter extraño y un poco incómodo diera disco.

Al final nuestra labor creativa es una suerte de diario de vida».

 

 

 

 

Effects of Sunlight (2020) consta solo de dos temas pero muy largos, “Reflection” y “Refraction”. ¿C´pmo fue la composición de estas piezas? ¿Cuánto de improvisación tienen?

Pálida: «Fue un proceso inspirado por ciertas cosas que hizo Four Tet. De hecho, creo que también tiene un disco con esta estructura, dos temas muy largos con varias partes; todo muy progresivo. También muchos discos de psicodelia sesentera y setentera que me gustan mucho.

Hay poca impro en ese disco, fue todo muy meditado; me apetecía mucho hacer algo así. Me gusta el resultado, pero no me gusta mucho el sonido de ese disco.

Pero bueno, por regla general hace pocos años que me gusta el sonido de mis discos. En particular, desde 2022, cuando cambié mi Machinedrum por la Analog Rytm. Lo que ganó mi sonido en profundidad y claridad desde entonces es el día y la noche».

 

 

 

 

Uno de tus trabajos de 2023 fue The Pond: Audio Files (2023), un álbum que fue creado para acompañar a la performance homónima de Rosana Antolí. En The Pond, tanto el público como los bailarines y las esculturas escenográficas conforman una especie de sistema acuático futurista. ¿Cómo recuerdas componer la música para este espacio coreográfico híbrido?

Pálida: «Fue un proceso colaborativo, muy mano a mano con Rosana: ella me dio unas pautas, un tono y una escaleta del guion. A partir de ahí fue todo muy sencillo, nuestras sensibilidades conectaron de una forma muy orgánica y apenas tuve que hacer ajustes a las primeras versiones que le entregué».

 

 

 

 

Tu álbum más reciente, Sylphid and Gnome (2025) son ocho cortes que salen «del corazón», presentados en una fusión de slow techno, carácter hipnótico y atmósferas minimalistas, psicodélicas y experimentales. ¿Qué papel jugó la emoción en el proceso de composición de este disco?

Pálida: «Me llama la atención el uso del adjetivo minimalista para definir el sonido de este álbum, yo lo siento súper maximalista, todo para fuera bien grande, pero me parece interesante; menciono esto porque no es la primera vez que usan este adjetivo para hablar de estas canciones.

En cuanto al tema emocional... Yo siempre trabajo desde la emoción, especialmente en la música; no tengo formación de ningún tipo en el ámbito sonoro o musical, así que no queda otra que trabajar con la intuición y seguir lo que pida el corazón. Normalmente soy yo tratando de evocar los sentimientos que otras músicas me hicieron sentir y, al pasar por mi prisma, acaban siendo las canciones que podéis escuchar».

 

 

En cuanto al proceso de creación de este largo, ¿cómo fue el flujo de trabajo? Por ejemplo, ¿empezaste con un loop, grabaste sesiones improvisadas, experimentaste hasta el hartazgo...?

Pálida: «Mi proceso es el mismo desde que empecé: voy trabajando los temas en las máquinas, los tocó en directo, pruebo diferentes cosas a ver qué funciona y qué no... y cuando la cosa se siente madura, grabo la movida.

En el momento de grabar procuro pulir un poco la producción, pero lo más importante es hacer tomas y tomas para ir perfilando una estructura, una manera de hacer que la canción se mueva. Por lo demás, grabo siempre en directo: de los cacharros al ordenador. Esto es en parte porque no tengo ni idea de cómo funcionan los programas de edición de sonido (una vez más, autodidacta carente de formación), pero también tiene mucho que ver con un enfoque personal: no quiero grabar nada que no pueda tocar en directo.

Quizás en algún momento querré aprovechar las posibilidades que el estudio brinda, y si tengo suficiente tesón, tocará chapar para aprender a fozar con esas herramientas, pero con Pálida todo lo hago muy con filosofía Fugazi: en directo, crudo, sin cartón ni bambalinas».

 

 

De entre toda tu discografía, ¿cuál dirías, de momento, que fue el tema más complicado de componer y por qué?

Pálida: «Más que un tema en particular, para mí lo más difícil fue a aprender a hacer que las cosas suenen mínimamente bien. El sonido es una cosa muy jodida, muy compleja, y la música que hago, con muchas capas y cosas sonando al mismo tiempo, demanda una precisión y savoir faire que costó de conseguir.

También porque soy un vago y nunca quise estudiar cómo hacerlo xD.

Pero tiene mucho que ver con la relación que quiero tener con mis instrumentos, cómo me gusta relacionarme con ellos... Y también qué quiero hacer con el tiempo y con la energía que le puedo dedicar a la música. En mi caso, casi siempre prefiero encender los cacharros y ponerme a fozar antes que ver un tutorial o leer documentos al respecto.

Probablemente si fuese más disciplinado en ese sentido conseguiría mejores resultados más rápido, pero yo hago música porque quiero disfrutar de todas las facetas del proceso, y francamente, no me gusta nada estudiar».

 

Además de músico, también eres animador 2D —de hecho, trabajaste en Psiconautas (2015), Premio Goya a la Mejor Película de Animación— y estás detrás de la webserie Sky Plaza, presentada el año pasado en el Galician Freaky Film Festival. ¿Cómo dialogan estas dos facetas creativas, la de músico y la de animador, en tu trabajo artístico?

Pálida: «De hecho, yo me considero antes director y animador que músico; ahí soy más intruso laboral que otra cosa.

En cuanto al diálogo que mencionas, tanto el cine como, especialmente, la animación son artes muy lentas; requieren mucho tiempo para crear un segundo, de modo que demandan mucha paciencia. Es como hacer calceta: tiene que molarte el rollo.

En la música yo encuentro inmediatez, visceralidade, una relación más directa entre acción y reacción, de modo que practicar ambas disciplinas me ayuda a encontrar un cierto equilibrio».

 

 

Eres uno de los impulsores de Furiosa Fest, festival que nació en 2019 con la intención de revitalizar y diversificar la escena electrónica viguesa. ¿Cómo describirías la evolución del festival desde aquella primera edición hasta la de este año?

Pálida: «La verdad es que pienso que no ha cambiado mucho. Tuvimos la suerte de poder crecer en los últimos años gracias al amparo que la Sala Komisnky nos ofreció, pero la propuesta y el ideal al que aspiramos son siempre los mismos: compartir las artes de gente que en nos flipa y dar a esa gente un espacio donde puedan hacer su movida, poner la música que les mola, etc. Al final todo es compartir.

De mientras, lo hacemos como podemos dadas las circunstancias y los medios a nuestro alcance».

En este 2025, el Furiosa Fest rindió homenaje al vinilo: objeto y soporte de culto, y símbolo de la electrónica en su forma más pura. En una época donde el consumo digital de la música no hace más que incrementar, para ti, ¿qué representa hoy el vinilo dentro de la escena de la electrónica, más allá de la nostalgia?

Pálida: «No tengo una idea muy definida. Me gusta mucho ver la DJ usarlos; en general, encuentro mucha belleza en la expresión física de los y de las DJ mientras hacen lo suyo: hay un lenguaje corporal hermoso, muchas veces muy reveladora de facetas de la persona que está pinchando. Hay por ahí una sesión de DJ Kruss que es uno de mis fetiches...

Más allá de eso, es una herramienta, una elección, pero no le subordino ningún misticismo o virtud particular. No soy mitómano, creo que cada artista debe escoger, dentro de sus posibles, las herramientas que le permitan expresar su sensibilidad de una forma que le resulte orgánica y amplificadora (no sé si eso es una palabra real, espero que se me entienda)».

 

Por cierto, en tu opinión, ¿cómo ves el panorama de la música electrónica en Galicia?

Pálida: «Estamos comiendo bien, la verdad. Tenemos una oferta sabrosa, rica y variada, mucho mas ecléctica y abundante que cuando empezamos con Furiosa y, desde luego, que cuando yo empecé a producir.

Aún queda mucho terreno por conquistar, claro está, faltan espacios con buen sonido, programación regular, puesta en valor del talento local... Siempre hay nuevas cimas que escalar. ¡Pero estamos comiendo bien!».

 

Foto © Facundo Pardo

 

Se tuvieses que escoger una sala viguesa para actuar, ¿cuál sería y por qué?

Pálida: «Hmmm... probablemente la Rouge. Su programación no es nunca santo de mi devoción, pero suena superguáy. El Island Club también tiene un sonido que te cagas. No es mi ideal de espacio a nivel estético, pero el sonido es lo más importante a la hora de tocar, de escuchar y de bailar».

 

Hace años hacías una reflexión: «no puedes ir buscando en la electrónica lo mismo que en Led Zeppelin, al igual que no escuchas Led Zeppelin de la forma que escuchas música clásica». ¿Qué esperas tú que el oyente «encuentre» en la electrónica de Pálida?

Pálida: «En la música no tengo ni idea, nunca lo había pensado. En los directos espero ofrecer una experiencia hipnótica, que invite al mismo tiempo a la introspección y a la comunión. Cuando uno está haciendo una sesión de club se siente un poco como un chamán: estás intentando hipnotizar a la peña, llevarlos a tu terreno para luego poder jugar con ellos. No jugar en el sentido de manipularlos (también hay algo de eso) sino en el sentido infantil, invitarles —a través de las melodías, del ruido, de los ritmos, de las texturas— a participar en un juego que estás creando sobre la marcha (siempre improviso en directo, rara vez interpreto un tema tal cual lo grabé)».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Pálida: «Parautas es, sin duda, mi productor fav de la comunidad. Hace una música que toca todas la mis teclas predilectas y la hace con una clase y una maestría que hace que parezca fácil. Como todos los grandes. Y además, es una persona bellísima a lo que quiero con locura, pero aunque fuera un gilipollas seguiría flipando con su música.

Pero por mencionar un nombre menos habitual dentro de los círculos autonómicos, creo que nadie debería perderse los trabajos de Javier Marimón: tanto en lo visual como en lo sonoro hace unas cosas que son una pasada. Una música con un carácter hiperabstracto, casi intangible, pero superpoderosa. Y también es un amor de persona».

 

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Pálida: «Mucho ambient, del bonito y del mas cabrón. Mucha música instrumental contemporánea de la que diluye las barreras entre la electrónica, la clásica, la concreta. Me gusta mucho la música difícil de definir.

Luego encontraríais mucho hit de pop de los 80, los nuevos románticos británicos, Prefab Sprout en cabeza, cosas más nuevas como FKA Twigs, Lola Young o Royel Otis. Mucha psicodelia en general, hecha hace décadas o reciente, de instrumentos analógicos o digitales... me mola mucho la música que foza con sondio, que intenta derretirte las neuronas.

Algo de mis grupos de cabecera: Sonic Youth, Asian Kung-Fu Generation, Yo La tengo... Y mucho techno y cosas adyacentes, claro. La cabra tira al monte».

 

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