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MARÍA DOMÍNGUEZ: «LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA NO BUSCA TANTO LA ADHESIÓN INMEDIATA COMO EL DIÁLOGO CRÍTICO»

MARÍA DOMÍNGUEZ: «LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA NO BUSCA TANTO LA ADHESIÓN INMEDIATA COMO EL DIÁLOGO CRÍTICO»
27 OCTOBER 2025

En la encrucijada entre el piano clásico y el repertorio contemporáneo se encuentra el universo artístico de María Domínguez. Pianista de formación clásica, docente e investigadora, su propuesta busca redefinir la relación con el piano —liberarlo de moldes conocidos— y llevar el instrumento a nuevos territorios, donde la electrónica, la performance y lo visual se convierten en pausas y resonancias del sonido.

 

 

Descubrimos que con «cinco o seis años» pediste un piano a tu padre... y el resto es historia, ¿no? ¿Cuál fue, y cómo recuerdas, tu primer contacto con la música y que hizo que apostases —y sigas apostando— por el piano?

María Domínguez: «Mi primer contacto con la música fue en casa, gracias a los conciertos a los que mi padre me llevaba y a sus propios cantos. Además, con ocho años entré en el conservatorio, algo que marcaría directamente mi trayectoria.

Mi padre tiene un amor inmenso por la música y me lo transmitió sin que yo me enterase. Crecí escuchando sus melodías y viendo la pasión con la que vivía cada nota. Aquel ambiente fue el que me llevó a pedir un piano siendo niña y, con el paso de los años, a comprender que la música no era solo un juego».

 

Siendo el piano tu «medio natural», ¿cómo lo describirías? ¿Qué significa para ti este instrumento?

María: «El piano es para mí el medio artístico que me permite crear y descubrir nuevas posibilidades sonoras y expresivas. Constituye una herramienta de exploración continua, un espacio donde puedo investigar, comunicar y dar forma a las emociones y a las ideas. Es también un medio de expresión en el que confluyen sensibilidad y pensamiento, intuición y técnica, convirtiéndose así en el eje central de mi identidad musical».

 

Musicalmente hablando, «creces» en el mundo de la clásica, con una amplia formación que empiezas en el Conservatorio de Ourense, pasando por el Superior de A Coruña —donde consigues el título de piano— para continuar después en el Conservatorio de Maastrich, en el de Ámsterdam o en el Ictus de Bruselas. ¿Dirías que estas experiencias en el extranjero cambiaron tu perspectiva musical? De ser así, ¿de qué manera?

María: «Por supuesto. A nivel cultural, el hecho de haber estado en instituciones de Maastricht, Ámsterdam o Bruselas marcó radicalmente mi concepción y mi trayectoria musical. Estar en contextos abiertos a nuevas experiencias, en contacto con otras corrientes estéticas y con distintas formas de entender la creación me permitió ampliar la mirada y cuestionar muchas de mis certezas iniciales».

 

 

En estas instituciones de Países Bajos y Bélgica te especializas en la música contemporánea. ¿Qué hizo que enfocases tu carrera hacia ella?

María: «Mi orientación hacia la música contemporánea nació de la voluntad de explorar otro tipo de repertorio, con nuevas posibilidades sonoras.

Sentía la necesidad de salir de los límites del repertorio tradicional y de abrirme a otras formas de creación. Estar en contacto con nuevos creadores, medios y lenguajes me permitió entender la música como un territorio en constante evolución, en el que cada obra es una oportunidad para descubrir y repensar el acto de escuchar y de interpretar».

 

¿Cómo ves tú la relación de la música contemporánea con el público? Porque no es precisamente mainstream...

María: «La relación entre la música contemporánea y el público es, sin duda, compleja. Se trata de un ámbito artístico que, al alejarse de las convenciones tonales y estructurales de la tradición, requiere una escucha diferente, más analítica y abierta. Su finalidad no es necesariamente la de agradar, sino la de provocar reflexiones, interrogantes y nuevas experiencias perceptivas. En ese sentido, considero fundamental repensar los modos de mediación y de acceso, para que el público pueda contextualizar el discurso contemporáneo y comprender su diversidad estética y conceptual.

La música contemporánea no busca tanto la adhesión inmediata como el diálogo crítico, y es precisamente en ese espacio de encuentro donde reside su mayor potencial transformador».

 

 

Si preguntamos por tus influencias, ¿a quién señalarías? Sea compositor, intérprete... o no, ¿quién dirías que tiene, o tuvo, especial impacto en tu manera de entender la música?

María: «No podría señalar un compositor o una figura en particular como influencia principal. Mi recorrido estuvo siempre marcado por el contacto con múltiples autores, intérpretes y contextos, y fue precisamente esa diversidad la que más influyó en mi manera de entender la música. El diálogo con diferentes estéticas, lenguajes y concepciones del sonido me permitió desarrollar una visión más amplia y crítica de la creación e interpretación musical.

Más que seguir un modelo concreto, me interesa la capacidad de cada obra o artista para cuestionar los límites del conocido y abrir nuevos caminos de pensamiento musical».

 

 

Además de tu carrera como solista, también has colaborado con orquestas y diferentes proyectos multidisciplinares en los que eras parte de espectáculos de danza, artes visuales o artes plásticas. ¿Cómo recuerdas estas colaboraciones en las que, digamos, empezabas a «dialogar» con otras disciplinas artísticas?

María: «Fueron experiencias totalmente enriquecedoras. Trabajar con otras disciplinas artísticas, como la danza, las artes visuales o las plásticas, supuso ampliar el horizonte de mi práctica musical y entender el sonido como parte de un diálogo más amplio con el cuerpo, el espacio y la imagen.

Estos proyectos me permitieron explorar nuevas formas de comunicación y percepción, en las que la música deja de ser un elemento aislado para convertirse en un lenguaje compartido. La colaboración con otras artes puso también de manifiesto la importancia de la escucha mutua y de la flexibilidad, aspectos que considero fundamentales en el proceso artístico».

 

 

Al hilo, ¿de qué manera estas experiencias ayudaron a dar forma a tus propios proyectos interdisciplinares? ¿En qué momento sentiste que querías ir más allá de la interpretación académica y sumergirte en propuestas experimentales y performativas?

María: «A través del diálogo con otros artistas y de la oportunidad de conocer otras miradas y formas de pensamiento empecé a entender la música desde una perspectiva más abierta y plural. Estas experiencias me permitieron ver que la música podía expandirse más allá de su dimensión puramente sonora, integrándose con otras artes y generando nuevos significados.

Fue en ese proceso de intercambio y reflexión donde surgió la necesidad de ir más allá de la interpretación académica y de sumergirme en propuestas experimentales y performativas».

 

 

Uno de estos proyectos fue Contenco junto al percusionista Pablo Paz, en el que la música contemporánea conversaba con los movimientos del bailaor Federico Ordóñez. ¿Qué pretendíais despertar en el espectador con esta mezcla entre un lenguaje musical vanguardista y una expresividad corporal más tradicional como es la del flamenco?

María: «Con Contenco queríamos establecer un puente entre tradición y vanguardia, explorar cómo dos lenguajes aparentemente lejanos, podían dialogar y encontrar un espacio común.

Nuestro objetivo era provocar en el espectador una experiencia de encuentro, en la que la expresividad corporal y el discurso sonoro se influyeran mutuamente, sin jerarquías ni fronteras. Nos interesaba observar como el flamenco, con su fuerza ritual y emocional, podía transformarse al entrar en contacto con las texturas y estructuras de la música actual, y viceversa».

 

 

En Contenco el repertorio incluye a György Ligeti (1923-2006) y compositores más contemporáneos. Hay incluso una composición hecha especialmente para el proyecto; ¿cómo fue la selección de ese repertorio?

María: «En el proyecto Contenco comisionamos una pieza al joven compositor Iago Hermo, quien elaboró obras pensadas específicamente para el diálogo entre el piano, la percusión y el movimiento. Además, incluimos e interpretamos obras icónicas del repertorio pianístico y de compositores contemporáneos de referencia, como György Ligeti, así como piezas de Vinko Globokar.

El programa se completa con elementos más vinculados al flamenco clásico, lo que nos permitió construir un recorrido en el que tradición y vanguardia se entrelazan de manera orgánica».

 

 

Pulso Ensemble es otra de las formaciones en la que te escuchamos junto a Pablo Paz (percusión), Sara Méndez (saxo) y Pedro González (violín, multimedia). ¿Cómo y con qué intención nace este proyecto?

María: «Pulso Ensemble nació de la necesidad común de un grupo de intérpretes gallegos que, después de formarnos en el extranjero, sentíamos el deseo de traer a Galicia todas las influencias y aprendizajes adquiridos en Centroeuropa. Todos nosotros estábamos realizando estudios de máster en ámbitos como la música contemporánea o la creación multimedia, y compartíamos el interés por crear un espacio propio desde lo que poder desarrollar proyectos.

El ensemble surge, así, como una plataforma para difundir nuevos lenguajes y promover la experimentación sonora y escénica en nuestro contexto, contribuyendo también a ampliar el panorama musical gallego contemporáneo».

 

Entre el repertorio del ensamble está “Sensate Focus” de Alexander Schubert (n.1979), una obra comisionada por el Huddersfield Contemporary Music Festival en 2014 y compuesta originalmente para guitarra eléctrica, clarinete bajo, violín, electrónica en directo y luces animadas. ¿Qué os llamó la atención de esta pieza para incluirla en la selección?

María: «Decidimos incorporar “Sensate Focus” de Alexander Schubert porque, a nivel estético, conectaba muy bien con la identidad del ensemble y con el tipo de trabajo que estábamos desarrollando. A pesar de estar escrita para una instrumentación diferente, consideramos que podíamos adaptarla a nuestra formación, redistribuyendo funciones y sustituyendo la parte de guitarra eléctrica mediante el uso de un teclado con sonidos electrónicos que recreasen su carácter.

Además, es una pieza con una gran carga gestual y visual, aspectos que encajaban perfectamente con nuestro interés por explorar la performatividad y la relación entre cuerpo, sonido y tecnología».

 

 

El trabajo del ensemble apuesta por un discurso alrededor de la contemporaneidad y la relación entre el individuo y la revolución digital. ¿Cómo se traduce esta reflexión en el plano musical —la elección de repertorio— y escénico?

María: «Esta idea se traduce, en el plano musical, en la elección de un repertorio que incorpora la electrónica, el procesamiento en tiempo real y el uso de nuevas tecnologías como herramientas creativas. Buscamos obras que cuestionen los límites entre lo acústico y lo electrónico, entre el intérprete y la máquina, y que hagan visible esa tensión constante entre el humano y el digital.

En el plano escénico, esto se manifiesta en una apuesta por la performatividad y por la integración de elementos visuales y multimedia, entendiendo el concierto como una experiencia expandida. El cuerpo, la luz y el gesto se convierten también en materia musical, en un intento de construir una narrativa estética que dialogue con el presente y con las transformaciones de la cultura tecnológica».

 

 

Al hilo, ¿cómo crees que afecta al contexto digital actual a la manera en que los individuos se relacionan con la música, tanto en su creación como en la suya escucha?

María: «El contexto digital actual transformó radicalmente la manera en que nos relacionamos con la música, tanto desde el punto de vista de la creación como de la escucha. La accesibilidad tecnológica y la inmediatez de la información multiplicaron las posibilidades creativas, pero también modificaron nuestro tiempo de atención y nuestra forma de percibir el sonido.

En la creación, el mundo digital abrió caminos hacia la hibridación de lenguajes, al trabajo colaborativo y a la experimentación con el espacio virtual, generando nuevas identidades sonoras y escénicas. Por su parte, en la escucha, la saturación de estímulos y la cultura de la velocidad obligan a repensar el papel de la experiencia musical: frente al consumo rápido y fragmentario, la música contemporánea propone un espacio de pausa, reflexión y presencia.

Creo que el reto actual consiste precisamente en encontrar un equilibrio entre estas dos dimensiones, la expansión tecnológica y la necesidad de escucha consciente, para que lo digital no sustituya el humano, sino que lo complemente y amplifique».

 

 

Una de tus últimas propuestas artísticas es Koun(t)erpoint, un proyecto que combina piano, danza e instalación lumínica en una experiencia inmersiva. ¿Cómo nació la idea de cruzar ahora estos tres elementos y que te interesaba explorar con esta confluencia?

María: «Koun(t)erpoint nace con la idea de emplear el piano en un contexto más íntimo y personal, en un trabajo a solo que, sin embargo, dialoga con otras artes como la danza y las visuales. Quería crear una propuesta que me permitiera profundizar en una dimensión más introspectiva, alejada de la intensidad colectiva y rítmica de otros proyectos como Pulso Ensemble.

Este proyecto surge también del deseo de explorar la sencillez y la belleza de lo esencial, de construir un lenguaje más depurado en el que cada gesto, cada sonido y cada interacción con la luz adquieren un valor propio».

 

 

El título Koun(t)erpoint remite al contrapunto, una técnica que juega con la independencia y la combinación armónica de varias voces. Más allá de su definición musical, ¿qué significado tiene para ti el kounterpoint? ¿Cómo dialoga esta idea con el enfoque multidisciplinar del espectáculo y con la relación entre los diferentes lenguajes escénicos que lo componen?

María: «En efecto, el título Koun(t)erpoint hace alusión directa al concepto de contrapunto, entendido no solo como técnica musical sino también como metáfora de la interacción entre distintas voces y lenguajes.

El nombre surge, además, de la pieza “Counterpoint” de Steve Reich, una de las obras que formaron parte del espectáculo y que resultó esencial en su concepción».

 

 

Interpretas piezas de Benjamin Van Esser —“Dart” y “Ten Steps Without Pace”— un compositor y pianista belga que combina piano y música electrónica en obras que van de lo abiertamente experimental, como R-Data, a otras más asequibles en discos como I’m Error o Forever Frozen, de un minimalismo que recuerda a las colaboraciones de Alva Noto y Ryūichi Sakamoto. ¿Qué aspectos de la obra de Van Esser la hacían idónea para Koun(t)erpoint?

María: «Lo que más me atrajo de la obra de Benjamin Van Esser fue la sencillez de sus melodías y el tratamiento de las texturas electrónicas, que crean una atmósfera de gran delicadeza. Su trabajo se caracteriza por una mezcla muy equilibrada entre lo acústico y lo electrónico, entre lo orgánico y lo tecnológico, algo que encajaba perfectamente con la estética y la filosofía de Koun(t)erpoint. A nivel estético, esa sencillez conectaba directamente con el tono y con el carácter minimalista del programa, en el que la repetición, el silencio y la sutileza tienen un papel fundamental.

Las piezas de Van Esser reforzaban esa búsqueda de la belleza del esencial, convirtiéndose en un elemento clave dentro de la narrativa sonora y visual del proyecto».

 

 

Por su parte, “Série Blanche” es obra de Pierre Jodlowski, compositor y artista multimedia francés conocido por composiciones que combinan lo acústico con lo electrónico. ¿Cómo la integras dentro de la narrativa sonora y visual de Koun(t)erpoint? ¿Qué tipo de criterios seguiste a la hora de confeccionar el repertorio?

María: «La pieza “Série Blanche” de Pierre Jodlowski aporta al proyecto un carácter más agresivo y directo, en clara contraposición con la sutileza y el minimalismo de Benjamin Van Esser. Sin embargo, su estética y el diálogo que establece con el piano encajaban muy bien dentro de la narrativa global de Koun(t)erpoint, ya que introducía una tensión y una intensidad que equilibraban el conjunto del programa.

A la hora de confeccionar el repertorio, busqué establecer un recorrido que combinase contraste y coherencia, alternando obras de distinta energía».

 

 

La bailarina Amara Pérez introduce el cuerpo como parte activa de la experiencia interdisciplinar que es Koun(t)erpoint. En esta ocasión, ¿cómo es el diálogo entre música y movimiento?

María: «Amara Pérez proviene del ámbito de la danza clásica y contemporánea, y en este proyecto su movimiento afectaba directamente al sonido, al igual que el sonido influía en sus gestos. El diálogo entre ambos lenguajes era constante y mutuo.

El trabajo previo que realizamos juntas fue fundamental para entender cómo articular determinados movimientos, con qué intensidad y de qué manera podían modificar la percepción sonora».

 

 

La iluminación, a cargo de Laura Iturralde, no es solo un apoyo escénico sino parte central de la dramaturgia. ¿Cómo conseguís construir ese paisaje visual y que buscábais transmitir al público?

María: «La iluminación, diseñada por Laura Iturralde, constituye un elemento fundamental dentro de la dramaturgia de Koun(t)erpoint. No funciona como un acompañamiento escénico, sino como un lenguaje autónomo que dialoga con el sonido y con el movimiento. El trabajo con la luz fue concebido desde el inicio como parte del proceso compositivo: cada cambio lumínico responde a una estructura musical y emocional concreta, contribuyendo a modelar la percepción del espacio y del tiempo».

 

 

En esta edición de los XII Premios Martín Códax da Música fuiste galardonada con el melómano en la categoría de Música Clásica y Música Contemporánea. Enhorabuenas aparte, ¿qué supuso para ti este reconocimiento?

María: «Este reconocimiento supuso un impulso muy importante para continuar trabajando y desarrollando nuevos proyectos. Más allá del premio en sí, lo siento como un apoyo y una validación al camino que llevo recorrido, especialmente dentro de un ámbito como el de la música contemporánea, que no siempre cuenta con la misma visibilidad.

Recibir el Martín Códax es también un estímulo para seguir investigando, creando y compartiendo, y, al mismo tiempo, un agradecimiento implícito a todas las personas e instituciones que hacen posible que este tipo de propuestas artísticas tengan espacio en Galicia».

 

Con Koun(t)erpoint cumpliendo dos años y poco, ¿hay algún proyecto nuevo en el que estés trabajando actualmente?

María: «Sí, en este momento estoy centrada en la creación de material propio, desarrollando nuevas composiciones que integran todo el bagaje adquirido a lo largo de estos años de experimentación y colaboración con diferentes disciplinas.

Se trata de un proceso de síntesis personal, en el que intento reunir las influencias, aprendizajes y experiencias que fueron conformando mi identidad artística».

 

Te conocemos sobre todo como intérprete, vamos a conocer a María Domínguez compositora entonces...

María: «Sí, justo como comentaba antes, esa faceta compositiva siempre estuvo presente, aunque de manera más silenciosa. La María intérprete también fue, de algún modo, creadora en secreto: a través de la imaginación, de la forma de construir los proyectos y de entender la interpretación como un acto creativo en sí mismo.

Ahora ese proceso está haciéndose más consciente, más visible; siento la necesidad de transformar esa creación imaginaria en obra propia, de darle forma e identidad sonora».

 

 

Compaginas tu faceta como músico e intérprete con la docencia y la investigación, ¿ves interés entre el alumnado por la música clásica en general y la contemporánea en particular?

María: «Actualmente imparto clases en el Conservatorio Superior de Música de Vigo, y es cierto que dentro de mis aulas procuro transmitir el interés y el amor por la música contemporánea. Creo firmemente que la educación musical debe incluir el contacto con la creación actual, ya que solo así el alumnado puede comprender la evolución del lenguaje musical y valorar nuevas propuestas estéticas.

Muchas veces el desconocimiento genera distancia, pero cuando el alumnado se acerca a estas músicas desde la práctica, el análisis y la experimentación, descubre un universo lleno de posibilidades».

 

Si pudieses viajar de vuelta a tu infancia, ¿qué consejo darías a aquella María de cinco (o seis) años que pedía un piano?

María: «¡Caramba! No soy yo mucho de dar consejo... [risas]. Pero probablemente no le diría nada, porque aquella niña se caracterizaba por una inocencia y unas ganas inmensas de aprender y de mejorar. Gracias a la formación y a la curiosidad, esa misma energía es la que me trajo hasta aquí.

Así que, se tuviera que decirle algo, sería que siguiese trabajando, esforzándose y, sobre todo, que lo hiciese siempre desde lo disfrute, la ilusión y el amor por la música».

 

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

María: «Soy una apasionada de Nastasia Zürcher, una cantante maravillosa con un talento vocal que realmente encandila. Tiene una sensibilidad y una fuerza que la hacen única dentro del panorama gallego. Estoy deseando poder colaborar con ella próximamente, porque admiro su manera de entender y vivir la música».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza

María: «Pues últimamente, si abrís mi cuenta de Spotify, lo que vais a encontrar son muchas nanas... Mi pequeño escucha música para dormir todos los días, así que el algoritmo ahora piensa que soy una experta en canciones de cuna... [risas]. Supongo que no era la respuesta que esperabais, pero es la realidad del momento».

 

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