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MIGUEL MOLDES: «ˈFAIRGROUND BALLADSˈ ES UN ÁLBUM ORGÁNICO, FIEL A LO QUE ES EL DIRECTO»

MIGUEL MOLDES: «ˈFairground Balladsˈ es un álbum orgánico, fiel a lo que es el directo»
2 FEBRUARY 2026

Miguel Moldes llegó a la música siendo niño, cautivado por el poder de la guitarra como forma de expresión y relato. Nacido en Sanxenxo y establecido en Vigo, su trayectoria atraviesa distintas etapas y formaciones antes de encontrar una voz propia como cantautor. De esa experiencia colectiva como parte de bandas emerge, con el paso del tiempo, un artista atento a los matices y al peso emocional de la canción. 

Sus composiciones habitan un territorio en el que lo personal se abre a lo universal, explorando la memoria, la nostalgia y la soledad a través de melodías orgánicas y conmovedoras. Ese universo toma forma en su álbum debut,  Fairground Ballads (2025), un trabajo que dialoga con el lugar que ocupa el artista y con su honestidad creativa, mezclando influencias literarias y musicales que van de la poesía de García Lorca al folk o el blues.

 

Foto © Pablo Vázquez

 

Miguel, en tu bio leemos cómo la música “te hechizó” desde pequeño. ¿Cuál fue, y cómo recuerdas, tu primer contacto con la música? ¿Y qué hizo que ese hechizo fuese creciendo contigo hasta la actualidad?

Miguel Moldes: «La primera imagen que me viene a la cabeza es estar sentado, con una guitarra del mismo tamaño que yo, sin tener idea siquiera de por dónde tenía que poner los brazos para llegar a las cuerdas. De hecho, estuve unos años tocando con una postura terrible porque solo podía llegar (o al menos yo creía que solo llegaba así) por la zona más estrecha de la caja a las cuerdas.
Además, recuerdo perfectamente pasar prácticamente mi primer año con el instrumento aprendiendo dos acordes. No era precisamente un método muy motivador para los chavales, y desde luego no tuve una evolución prodigiosa; fue una cuestión de (mucha) paciencia, sobre todo al principio».

Encima del escenario y en el estudio sueles estar detrás de la guitarra. ¿Fue siempre este tu instrumento de referencia?

Miguel: Siempre. «Hace unos años empecé a tocar el banjo por puro divertimento y lo disfruto mucho, pero siempre he estado pegado a la guitarra. Me encantaría tener tiempo para poder aprender a tocar otros instrumentos, pero ya solo con la guitarra hay una infinidad de técnicas y teoría que me gustaría poder aprender. Me considero una persona que, cuando aprende algo nuevo, necesita ir más allá de la superficie; no me gustaría “saber tocar” veinte instrumentos pero no llegar a entenderlos mínimamente. Es algo personal y no pretendo decir que esto esté bien o mal, en absoluto; simplemente disfruto el proceso de aprender algo nuevo, y ¡hay demasiado que aprender!».

Foto © Aarón Sio Pretel

 

Esa fascinación por la música que comentábamos se desarrolló en un primer momento siendo guitarrista en grupos como Los Wavy Gravies, Dead Wood o Vatapá. ¿Afectó de algún modo ese bagaje previo a la hora de conformar tu proyecto en solitario?

Miguel
: «Absolutamente, todos ellos. Con Los Wavy Gravies y Dead Wood aprendí lo que era tocar sobre un escenario y como parte de una banda.
Les debo mucho tanto a mi tío (motivo por el cual acabé tocando; él era el guitarra de los Wavy y tocamos muchos años juntos) como a los hermanos Jorge y Martín López (núcleo de ambas bandas y de infinidad de otras, como los Bo Dereks). Tanto por la experiencia de empezar a vivir la música desde los escenarios como a nivel de referencias musicales, descubrí toda una infinidad de bandas y estilos. Con Vatapá tuve la suerte de conocer a Bea Míguez, la vocalista de Vatapá, en una jam session y desde entonces tenemos muy buena relación. En el momento en que me propuso colaborar con ellos fue un sí rotundo; es una formación compuesta por gente fantástica y con un talento enorme.
Si tengo que quedarme con algo en concreto que me afectase de estas experiencias de cara a conformar mi proyecto es, sin duda, la idea clara de que, si en algún momento pasaba a un formato de banda, tendría que ser rodeado de amigos. Tuve la enorme suerte de poder hacerlo precisamente a raíz de Fairground Ballads y creo que es lo que más estoy disfrutando en este momento».

Fue en 2022 cuando comienzas tu propio proyecto como cantautor, tras un invierno en Luleå (Suecia). ¿Hay alguna conexión entre el ambiente y la atmósfera de esa ciudad sueca y el estilo musical que acabaste desarrollando?

Miguel: «El año que viví en Luleå fue algo increíble. El invierno, en particular, consistía en prácticamente 20–22 horas al día de oscuridad y temperaturas de -10 ºC hasta -27 ºC que llegamos a alcanzar. Esto implicaba tener mucho tiempo para poder tocar, componer y dar vueltas y forma a los temas.
En la ciudad había un pequeño centro cultural en el que hacían un micro abierto una vez al mes y, tras tres meses allí, me animé a, por primera vez, subirme yo solo a un escenario y cantar un par de temas (total, no me conocía nadie; era el momento ideal). A partir de ese día tuve claro que quería comenzar este proyecto; no hubo vuelta atrás».

 

Foto © Pablo Vázquez

 

Por entonces presentabas tu mezcla de folk con tintes blues, R&B y gypsy jazz bajo el nombre de Doble M. ¿Qué te llevó a pasar de ese nombre al tuyo propio, Miguel Moldes? ¿Fue solo un cambio de nombre o también de dirección del proyecto?

Miguel: «Realmente el cambio de nombre fue algo más simbólico que de dirección, diría. En las grabaciones con los Wavy o Dead Wood siempre aparecí como Doble M, y en el momento de empezar a tocar me pareció una buena idea seguir como tal.
A raíz de preparar Fairground Ballads, me pareció que era un proyecto muy personal, tanto por el estilo como por las composiciones que lo conforman. Si bien eran temas que ya tocaba, algunos desde los primeros conciertos, me pareció el momento adecuado para pasar a ser (irónicamente) Miguel Moldes».






Dejando a un lado los géneros, ¿cómo definirías tu música? ¿A qué suena Miguel Moldes?

Miguel: «Me encantaría saberlo. A la hora de componer no pretendo encajar en un género determinado, aunque es inevitable que aparezcan influencias de folk, americana, blues, etc. Quiero pensar que suena a mí, que en cierto modo la amalgama de sonidos y técnicas que me gustan aparecen reflejadas de algún modo en este pequeño compendio de temas. Si tengo que definirla, diría que mi música suena a todo aquello que yo disfruto tocando».

 

John Fullbright, Nathaniel Rateliff o Eileen Jewell son algunos de los nombres que podemos leer —y escuchar— entre tus influencias. ¿Es así? ¿Quién más dirías que tiene, o tuvo, un impacto particular en tu música?

Miguel: «Son una pequeña parte, pero desde luego. Me parecen artistas que tienen algo en común que valoro muchísimo, y es el hecho de ser artistas que no sobrecargan sus temas, formatos relativamente simples en los que las canciones son las protagonistas. En el caso de Nathaniel Rateliff, tiene un disco que es particularmente representativo para mí, que es In Memory of Loss, en el que los temas se sostienen sobre una simplicidad que me fascina.
En términos de impacto sobre mi música y sobre cómo quiero hacer las cosas, creo que la artista que más importancia tiene es Sanny. Independientemente de tener la enorme suerte de que forme parte de la banda y de la buena relación que tenemos, la conocí mucho antes como artista que a nivel personal, y Loners Downtown(2019) es un EP que me cautivó desde el primer momento. Creo que es una artista paradigmática en el sentido que mencionaba antes: Sanny compone canciones que se sostienen por sí mismas, con una fuerza y una elegancia que me gustaría llegar a tener algún día, tanto en estudio como en directo».

 

Sanny. Foto © Pablo Vázquez

 

 

 

A finales de noviembre publicabas Faiground Ballads (2025), primer disco como Miguel Moldes, un viaje sonoro que tiene como eje la figura de la feria, que utilizas como metáfora del paso del tiempo, de la nostalgia… ¿Qué significado tiene ese imaginario para ti y cómo fue materializarlo en canciones?

Miguel: «Para mí es una figura muy significativa por el efecto que siempre tuvo en mí. Yo soy de Sanxenxo, y las fiestas allí son a principios de septiembre, por Santa Rosalía (de ahí el título de la intro del disco). Para mí, siendo niño, el verano era algo en lo que pensar durante todo el año; nunca fui particularmente popular en el colegio, y para mí eran tres meses en los que venían amigos que veraneaban año tras año, el buen tiempo (y las vacaciones, como cualquier niño); eran algo que esperaba impacientemente.
La feria suponía el final del verano; por una parte aún no terminaba hasta que llegase a su fin, pero por otra, la imagen de ver cómo se recogían los puestos, cómo apagaban las luces… mezclaba la tristeza con el pensamiento de los buenos momentos que había pasado.
Con el paso de los años, creo que todos cambiamos la forma en que vemos esta feria (o verbenas, o fiestas de nuestros pueblos en general); creo que sentimos en mayor o menor medida la pérdida de esa aura mágica que tenía cuando éramos niños, casi equiparable al sentimiento que tenía entonces al ver recoger los puestos. Esa imagen de sutil decadencia de lo que ayer era casi mágico es lo que trata de ser Fairground Ballads».

 

Foto © Aarón Sio Pretel

 

Las letras de Fairground Ballads exploran experiencias muy universales, pero también profundizan en tus propios sentimientos. ¿En qué, o en quién, están inspiradas?

Miguel: «“Fairground Ballad” es, sin duda, el tema más personal del disco. Condensa esa imagen de la feria, la nostalgia y la decadencia. Todos los temas, en mayor o menor medida, profundizan en mis propios sentimientos: “Black over Blue no deja de evocar esa ansiedad que llega en el momento de apagar las luces; “No Name Man” evoca la sensación de pérdida de aquello que damos por hecho simplemente porque siempre estuvo ahí… Pero también tienen una importancia y una influencia enorme las personas que me rodean, especialmente mi familia.
“Needle”, por ejemplo, es un tema dedicado a mi madre. Ella, del mismo modo que mis abuelas y muchísimas mujeres, fue costurera; este tema trata de reflexionar sobre la dureza y el esfuerzo detrás de una vida generalmente tan poco reconocida, como si nadie hubiese visto nunca las manos de una costurera.
Por último, mi pareja, Sara, es una influencia y una referencia innegable tanto en el momento de buscar inspiración como a la hora de componer. “Moon” es una referencia obvia del Romance de la Luna Luna, y le debo a ella la magnitud del impacto que Lorca tuvo en mí, a sus recomendaciones literarias y a las largas conversaciones y discusiones sobre estas imágenes, símbolos y pensamiento. Como persona de ciencias, poder aprender de, y con ella, es un absoluto placer y una suerte».

¿Por qué escoger “No Name Man” como sencillo de presentación? ¿Qué lo hace destacar para esa función entre los ocho cortes que componen el disco?
Miguel: «No fue fácil escoger el sencillo, pero la decisión de que fuese No Name Man vino dada por considerarla un tema representativo de lo que es, o al menos pretende ser, este disco. Quería que fuese un tema grabado como banda, porque la dimensión que aportaron Álex, Anxo y Sandra a los temas me parece algo precioso. El hecho de presentar este disco de la mano de este corte y de todos ellos como banda me pareció la mejor decisión».



 


Profundizando en el proceso creativo, ¿cómo recuerdas el de Fairground Ballads? ¿Empezabas por melodía, letra, dependía…? ¿Cómo se fue gestando el disco?

Miguel: «En este disco hay temas que llevan compuestos muchos años, incluso antes de comenzar el proyecto. En todos ellos, de todos modos, el proceso suele ser similar: la armonía es lo primero que tiendo a buscar, y sobre ella ir componiendo la letra. Nunca trato de cerrar una estructura o las melodías; siempre es un proceso de adaptación mutua de melodía a la letra y viceversa, hasta llegar a su forma final.
En el caso de los temas que fueron grabados por toda la banda, el último giro fue por parte de ellos. Entendieron perfectamente lo que buscaba, y fue un proceso increíblemente sencillo en el que llegaba a sentirme un espectador de cómo las dinámicas cambiaban, las estructuras se iban refinando y siempre para mejor. En términos generales, el proceso creativo de este disco fue un camino sencillo, y les estoy muy agradecido».

 

Foto © Aarón Sio Pretel

 

“Black over Blue” bien podría acompañar una escena de un western clásico, con una atmósfera propia del Lejano Oeste. ¿Cómo lograste crear esa tensión entre melancolía e intensidad?

Miguel: «“Black over Blue” fue un tema que compuse para un proyecto previo, en realidad, con David Falcón y Andrea Area, los Gypsy Souls. Con ellos tomó forma el tema y creamos esta atmósfera. Por desgracia no pudimos seguir adelante con el proyecto, y recuperé el tema para seguir interpretándolo en solitario.
En el momento de verlo como banda, diría que es una de las piezas que más directamente preparamos; de hecho, diría que fue lo primero que vimos juntos. Tanto Anxo como Álex entendieron el tema perfectamente, y la base rítmica alcanzó esa intensidad que hizo que fuese el tema ideal para abrir el álbum.
También tiene un papel muy importante Javi Vicalo aquí, quien nos ayudó a terminar de dar forma a esta dinámica y formó equipo con Álex durante la grabación, dando como resultado unas líneas de bajo fantásticas».

 


 


Por cierto, los 28 segundos de “Santa Rosalia’s Twilight” abren el EP, pero también parecen una introducción a “Black Over Blue”. ¿Fue ese su origen o siempre fue un tema independiente?

Miguel: «Esta introducción a Fairground Ballads pretendía ser ese primer extremo del hilo del que va tirando el resto del álbum. Realmente corresponde con el puente de Fairground Ballad, adaptando el tono para encajar con el inicio de “Black over Blue”, abriendo así la puerta, en cierto modo, del EP.
Soy perfectamente consciente de que cada vez es menos habitual escuchar los álbumes en orden, pero quería tener esa coherencia y esa línea conductora en este trabajo».




 

Tu lado más country folk se escucha en “Five Dynamite Blocks”. ¿Qué es lo que te atrae de este estilo musical, en principio algo alejado de nuestra realidad, y cómo integras esos elementos del country en tus composiciones?

Miguel: «Lo que más me atrae de elementos como los juegos con la guitarra en este tema es el puro disfrute, además de ser muy agradecidos a la hora de interpretar los temas como solista. Creo que son elementos que aportan un color y una dinámica muy interesantes, además de ser generalmente “juegos” bastante sencillos. No hay un propósito más allá de que surjan en el momento de componer, y la convivencia de estos recursos con otros más próximos al jazz (más básico, claro), blues o R&B es un poco el resultado de esto».




 

Anxo Paz. Foto © Pablo Vázquez

 

En “Moon” la guitarra toma protagonismo, dibujando una especie de paisaje lleno de texturas. ¿Cómo trabajaste la guitarra para lograrlas?

Miguel: «Lo primero de todo, agradeceros de corazón este comentario. Me hace muchísima ilusión pensar que pueden llegar a transmitirse este tipo de imágenes y sensaciones.
A la hora de componer “Moon” recuerdo tener una primera idea de la guitarra y, al enseñársela a Sara, me dijo que aquello ya existía (y tenía toda la razón; fue una de esas jugadas del subconsciente en las que acabas replicando algo que tienes en la cabeza). Entonces traté de darle un giro hacia una guitarra más arpegiada, que me permitiese jugar con las dinámicas del tema a medida que se fuese desarrollando ese arpegio. El trabajo no fue mucho más allá de ese cambio, de una guitarra más sencilla a este arpegio, pero a partir de ahí salió prácticamente del tirón. Fue una de esas cosas que, una vez hecha, tienes claro que tiene que quedarse así».





 

La interpretación casi desnuda de “Fairground Ballad”, guitarra y voz, le da un tono mucho más íntimo en comparación con el resto de las canciones. ¿Por qué escogerla como cierre del disco?

Miguel: «“Fairground Ballad”, junto con “Moon”, son los dos temas que se grabaron con una única pista de guitarra y voz, dejando una orquestación mínima en contraste con el resto de temas. La elección de esta balada como cierre viene dada por el hecho de que no deja de ser una despedida, un breve resumen del espíritu del EP que concluye lo que abrió la introducción que antes comentábamos.
Tenía clara la idea de hacer esta estructura de apertura–cierre en el álbum, y el cierre tenía que ser “Fairground Ballad”».

 




 

Fairground Ballads fue grabado en formato banda con Sandra Gómez (Sanny), (teclados, guitarra acústica, voces), Anxo Paz (batería, percusiones) y Alejandro Neira (bajo). ¿Por qué ellos? ¿Qué dirías que aportan al disco?

Miguel: «Para mí grabar con ellos, y seguir ahora adelante como banda, es una auténtica suerte. Por una parte, tenemos una muy buena relación de amistad más allá de lo musical, pero además son músicos increíbles.
Con Anxo y Sandra ya había tenido la oportunidad de tocar previamente, y siempre fue muy sencillo preparar cosas juntos. En el momento de buscar un bajista, recuerdo estar hablando con Álex sobre el tema y, como si no fuese nada, decir: “Pues toco yo el bajo”. Es muy buen músico, y ya lo tenía claro, así que no quise saber más. Anxo tenía un bajo en casa, y así completamos la carambola.
El resultado fue inmejorable; todos ellos tienen muchísimo gusto a la hora de dar forma a los temas, son muy (muy) trabajadores y desde el primer ensayo tuve claro que aquello había sido una decisión buenísima; el resto es historia».

 

Foto © Aarón Sio Pretel

 

Este formato banda expande el sonido intimista que venías trabajando como cantautor en solitario. ¿Cómo describirías la evolución musical (e incluso creativa) desde tus primeras composiciones hasta este álbum?

Miguel: «Creo, y espero, que fue un proceso de ir madurando como cantautor. Especialmente en la faceta de cantante, lo que más me costó (y aún ahora me cuesta) es quitar un poco el sentimiento de impostor.
Estoy tranquilo como guitarrista, son muchos años y no es algo que me genere inseguridad a estas alturas, pero a la hora de hacer letras e interpretarlas sentía un muro delante de mí. Poder cantar por primera vez en Suecia fue muy positivo por poder hacerlo delante de gente desconocida, sin “presión”.
Creo que en estos años fui poco a poco ganando algo más de confianza en esta faceta, aunque quede mucho camino, y es esto lo que más noté en la evolución de mis composiciones. Siento que hay menos complejos a la hora de escribir y más tranquilidad a la hora de interpretar los temas; cada vez puedo disfrutarlo más».



Notamos un uso muy marcado de texturas y atmósferas acústicas. ¿Qué papel tuvo la producción de Javier Vicalo en la creación de esa sensación envolvente y orgánica que se percibe a lo largo del trabajo?

Miguel: «Javi tiene mucha culpa del resultado final del EP. La grabación en Escusalla Sonora fueron unos días que se sintieron como ir de campamento con amigos. Javi entendió desde el primer momento lo que pretendía transmitir con el disco: un álbum sin grandes alardes pero, ante todo, orgánico, fiel a lo que es el directo. Durante toda la grabación nos recomendó ajustes e ideas que iban en esta línea; tuvimos una conexión muy buena en todo momento con él».

 

Con todo, da la sensación de que en el estudio ya teníais bastante claro cómo debían sonar los temas en directo y que básicamente fue eso lo que recogió la grabación. ¿Fue así o la sensación es más aparente que real?

Miguel: «La idea fundamental estaba muy clara, y los temas venían bien preparados. No obstante, aún había dinámicas o estructuras con las que no estábamos 100 % seguros.
Reconozco que antes de empezar tenía miedo de que tuviésemos que dar muchas vueltas a algunas cosas, o que el resultado final acabase por no convencernos… pero en absoluto. Javi hizo un trabajo fantástico, y tanto Anxo como Sandra como Álex hicieron un trabajo impecable.
Estuvimos tres días grabando, y recuerdo la sensación al terminar el primer día de pensar: “Esto no puede ser tan sencillo, tiene que estar a punto de aparecer algún cristo”. No fue así, y fue un proceso en el que estuve muy a gusto desde el primer hasta el último momento».

 

Alejandro Neira. Foto © Pablo Vázquez

 

A Casa de Arriba acogió el concierto presentación de Fairground Ballads a principios de diciembre. ¿Cómo fue la acogida del disco en directo?

Miguel: «Escogí hacer allí la presentación porque fue el primer lugar donde confiaron en mí para tocar como cantautor. Jorge siempre nos dio un lugar donde poder tocar y un trato inmejorable.
La presentación fue el 5 de diciembre, viernes previo al puente, por ser la única fecha posible antes de Navidad. Podía ser un buen o un mal día, porque mucha gente no trabajaba el sábado, pero al mismo tiempo sabíamos que mucha gente se marcharía fuera. Fuimos a montar todo a primera hora de la tarde, porque la logística en Vigo con el alumbrado es… compleja. Contábamos con haber vendido algunas entradas anticipadas, pero no teníamos grandes expectativas; de hecho, teníamos familiares y amigos que las iban a comprar allí en el momento. Cuando Jorge nos dijo que apenas quedaban 5 o 6 no lo creíamos, y finalmente se vendió todo en el momento en que avisamos a la gente que estaba pendiente.
No estamos hablando de un estadio, ni mucho menos, pero habitualmente toco para mucha menos gente. Fue un día perfecto y la presentación tuvo muy buena acogida; estoy muy agradecido».

 

¿Cómo son los conciertos de Miguel Moldes? ¿Cuándo y dónde podremos volver a veros sobre los escenarios?

Miguel: «No son los conciertos con los mejores interludios, reconozco que no soy un gran orador, pero creo que son conciertos en los que el espíritu del disco está completamente presente, y esta mezcla de estilos aparece bien representada. Me gustaría pensar que se transmite lo mucho que estamos disfrutando nosotros mismos en el escenario, y creo que los temas ganan bastante energía.
Estamos muy contentos con el álbum, pero lo que realmente queremos y más nos gusta es el directo, sin ninguna duda. Tocamos recientemente, el domingo 18, en Cambados, en Krazzy Kray, y el sábado 31 en sesión vermú en Pontevedra, en NaSantiña. Esperamos poder ir cerrando más fechas que tenemos en el aire pronto; recomendamos estar pendientes de nuestras redes sociales».

 

Foto © Pablo Vázquez

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Miguel: «Creo que mi recomendación de Sanny quedó más que clara, pero considero que estamos en un momento en el que hay muchas artistas y bandas gallegas haciendo cosas muy interesantes en prácticamente cualquier género.
Si tuviese que quedarme con alguien a quien recomendar ahora mismo, creo que sería Pablo Corbillón y sus mil formatos, aunque, de recomendar uno, diría Pablo y Los Ciervos Dorados. Pablo es un artista tremendamente talentoso, tanto instrumental como vocalmente, y este proyecto, en formato trío, es una delicia de escuchar y, sobre todo, de ver en directo, tanto por su parte como por la banda; recomendadísimo».

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100 % sinceridad, 0 % vergüenza.

Miguel: «Encontraríais una mezcla bastante variada, la verdad. Desde cantautores más próximos al folk como Sharon van Etten o Marty O’Reilly, hasta bandas como Wunderhorse, Black Lips, Fontaines D.C., o funk/soul brasileño como Di Melo, ¡que recomiendo encarecidamente!
Me gusta descubrir nuevas referencias y siempre estoy abierto a recomendaciones; es un gusto conocer nuevas artistas».

 

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