ABRIL: «SIEMPRE BUSCAMOS QUE LAS CANCIONES REPOSEN»
La Real Academia Galega define medrar como «hacerse más grande», pero también como «hacerse más intenso» o «coger más volumen». Y eso es precisamente lo que parece hacer ABRIL: expandir un universo construido desde la música tradicional hacia nuevos lugares sin perder nunca el vínculo con los orígenes.
Formado por Claudia Abril y Marina Carpente, el dúo lleva años desarrollando una manera propia de entender la música de raíz, en la que el violín, la voz, la percusión y la electrónica conviven con una idea muy viva de lo colectivo, la experimentación y el cuidado. En Medrar (2026), su primer álbum de estudio, este proceso toma forma a lo largo de nueve piezas que parten de la tradición oral para transformarse desde el presente.
Hablamos con ellas sobre la ETRAD y la transmisión de la música tradicional, sobre el momento actual del violín dentro de la escena gallega, sobre la importancia de las redes afectivas y sobre una forma de crear que insiste en dejar reposar las canciones antes de compartirlas.

Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
Antes de todo lo demás, hay un encuentro entre vosotras dos. ¿Cómo os conocéis y en qué momento decidís que podéis sostener un proyecto conjunto?
Claudia: Nos conocimos hace unos quince años en el San Simón Fiddle Camp, un campamento infantil-juvenil que tiene lugar en la maravillosa isla de la ría de Vigo. Ese primer encuentro estuvo rodeado de música; allí aprendimos a disfrutar con las amigas, tocando, y nuestra relación desde entonces fue a través de la música tradicional.
Marina: De hecho, ya compartimos una banda hace unos años con María Jorge y Hugo Franco que se llamaba DADGA y con la que comenzamos a profesionalizarnos y sacamos un álbum. Hace unos 4 años, cuando ninguna de las dos estaba con proyectos entre manos, decidimos juntarnos para poder tocar y pasarlo bien, y así hasta hoy, en el que ya tenemos, por fin, nuestro primer disco como ABRIL.
Ambas veníais de una formación más ligada a lo clásico antes de sumergiros en la música tradicional. ¿Cómo se produce ese desplazamiento? ¿Qué fue lo que os llamó la atención para que quisierais investigar más?
Claudia: Al descubrir la música tradicional tanto en el campamento como en la E-Trad de Vigo, en la que estudiamos ambas, se abre un mundo de posibilidades, ya que se trabaja sin partitura, aprendiendo las piezas de oído tal y como se hizo siempre con estas músicas y, lo más importante, es que se comparte la música.
Marina: Nos encontramos disfrutando de la música por primera vez, rodeadas de gente de nuestra edad y con gustos en común, y no tocando solas en una habitación. Nos parece muy importante esto, ya que se conecta con la música de una manera muy especial, el aprendizaje es horizontal y se trata la música como un juego, no como algo que meter en la cabeza a la fuerza.

Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
La ETRAD de Vigo aparece como un punto clave en vuestras trayectorias. Más allá de la formación técnica, ¿qué papel jugó en la manera en la que entendéis hoy la música de raíz?
Marina: La E-Trad es un lugar increíble para aprender. No solo aprendes de las mejores maestras (algunas son Begoña Riobó, Xaquín Xesteira, Anaïs Barbier, Alfonso Franco o Anxo Pintos), sino que te rodeas de un alumnado muy diverso, aprendes mucho de él y te motivas a hacer música. De allí salimos con muy buenas amigas y con muchas horas de foliada. En los últimos cursos incluso aprendes cómo funciona una banda, a hacer arreglos y tocar por ahí.
La propia existencia de un espacio como este también abre un debate interesante: la música tradicional, históricamente ligada al tejido asociativo, pasa a ocupar un lugar institucional y profesionalizado. ¿Qué pensáis que puede implicar para la transmisión y para el futuro de la tradición?
Claudia: Tiene que haber de todo. Las asociaciones hicieron una labor importantísima de preservar y divulgar la música y el baile tradicional. Nosotras mismas trabajamos en asociaciones como Trépia o Traspés y valoramos mucho todo lo que han hecho. También pensamos que sería genial llevar este conocimiento a escuelas en las que se pudiera profundizar en la teoría musical y en el estudio de las músicas tradicionales de manera oficial como un grado o una titulación oficial para quien tenga interés en formarse como músico profesional en este ámbito, como pasa en algunos lugares con la música jazz.
La primera pieza que publicáis como ABRIL es la «Xota de Parada de Achas», en 2022, que parte del canto de Concha de Luneda y de la «Jota del Guijar», una melodía castellana, y está grabada en un contexto muy íntimo: el desván de vuestra casa. En ese momento, ¿ya intuíais en lo que acabaría convirtiéndose el dúo?
Claudia y Marina: Para nada. Nosotras empezamos con intención de experimentar y expresar nuestra manera de ver la música tradicional. Desde cómo empezamos hasta cómo estamos ahora cambiaron algunas cosas, fuimos evolucionando como músicas y personas, y aprendimos muchas cosas. Seguimos haciendo música en casa y trabajando con amigas e intentamos buscar algo con lo que sentirnos identificadas y que nos represente musicalmente.
¿Reconocéis en ella el ADN del proyecto o sentís que ABRIL se definió más adelante?
Claudia: Sí, podríamos decir que esa canción es el germen de todo lo que vendría después. En este caso, descubrimos a Concha de Luneda en su programa de «Alalá» de la TVG y a partir de una melodía comenzamos a trabajar sobre el arreglo hasta lo que hoy es la canción. Esta forma de construir una canción o un arreglo es una de las que más empleamos. El ADN fue modificándose poco a poco a medida que íbamos creciendo y descubriendo un poco mejor nuestros gustos y las cosas que nos representan musicalmente.
En esa primera grabación ya aparece Zalo Rodríguez como productor, a quien definís como «artesano». ¿Presentíais ya que el vínculo iba a perdurar en el tiempo?
Marina: No teníamos esa intención. Éramos muy buenos amigos ya por entonces y hablamos con él para que nos ayudara a arrancar con esa pieza. Seguimos trabajando con él porque hacemos muy buen equipo y para nosotras es muy natural trabajar con Zalo. Nos conoce bien y sabe sacar el mejor sonido de nuestra música.

En este 2026 publicáis Medrar, vuestro primer álbum. Aun así, no suena a un punto de partida, sino a algo ya muy construido. ¿Cómo fue el proceso hasta llegar a él?
Claudia: Llevamos tocando muchos de los temas de este disco ya unos años y les teníamos mucho cariño, así que queríamos hacer una compilación en la que apareciesen. Muchos de ellos fueron evolucionando a medida que los íbamos tocando en los escenarios hasta llegar a lo que son hoy.
Otros decidimos re-arreglarlos para grabar. También hay tres temas inéditos que arreglamos para el disco, incluyendo unas pinceladas de novedad para intercalar con lo anterior. Estamos muy contentas con el resultado.
Mencionabais para Atlántico Diario que os gusta cocinar a fuego lento: ¿cómo se sostiene esa calma en un contexto que nos empuja a la inmediatez?
Marina: Para nosotras es bastante antinatural trabajar rápido, ya que siempre buscamos que las canciones reposen. Siempre piden pequeños cambios y cogerlas en diferentes momentos para que el resultado final sea de nuestro agrado. No podríamos arreglar un tema y grabarlo al día siguiente.
Además, grabar instrumentos acústicos tiene lo suyo y encontrarle el sonido que merecen los temas lleva su tiempo.
Claudia: Es algo angustioso ver cómo trabaja la escena y sentir que todo va tan rápido, sacar un tema y que a las dos semanas ya se haya olvidado. Intentamos adecuarnos a esto a nuestra manera y tratar de llevar nuestro ritmo.
Comentabais para ZigZag que el proceso de composición partía casi siempre de una pieza tradicional. ¿Cómo se produce ese paso desde el material de partida hasta la canción final? ¿Qué sucede por el camino?
Marina y Claudia: Es un proceso lento y no siempre salen ideas a la primera. Cuando tenemos alguna idea de la armonía que va a llevar el tema o surge algún motivo trabajamos sobre eso y tocamos mucho hasta que funciona. Es un proceso que se va dando en varias sesiones de trabajo, en el que intentamos reposar las ideas y en el que siempre hay muchos cambios hasta llegar al resultado final.
En el disco aparecen melodías de lugares muy diferentes: Cotobade, Toutón, A Fonsagrada, Malpica… ¿Hasta qué punto condiciona el lugar la elección de las canciones? ¿Cuál suele ser el punto de partida: la melodía, la informante, la letra…?
Marina y Claudia: Quizás no es tan importante para nosotras el lugar de recogida de las canciones. Nos gusta explorar repertorio de todo el país, estamos más en contacto con piezas, archivos y compiladoras de la provincia de Pontevedra, como Leni Pérez, Xandre Outeiro o Xisco Feijóo. Solemos partir de una melodía y a raíz de eso comenzamos el trabajo. Siempre que podemos escuchamos la melodía cantada por la informante, siempre es más especial y luego está presente al tocar la canción.

Claudia Abril. Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
Dentro de ese proceso, hay también temas que nacen de cero. ¿Qué hay de diferente ahí con respecto a cuando partís de una pieza tradicional? ¿Cómo trabajáis la escritura en ese caso, también en las letras que compartís con Petra Iglesias (Petra Porter), amiga vuestra y cómplice en su creación junto con Claudia?
Claudia: Siempre partimos de una pieza tradicional. Lo que hacíamos antes era cantar la misma letra que se cantaba en las recogidas y, a veces, incluir otras coplas tradicionales. Hubo un momento en el que decidimos meterle mano a estas letras y modificarlas para intentar que se parecieran más a lo que queríamos expresar. Para este disco, y teniendo a Petra de mano, decidimos pedirle ayuda para construir nuestras propias letras desde cero, pero partiendo de una investigación de las coplas tradicionales para intentar replicar estructura, fórmulas y figuras más utilizadas. Llevó mucho trabajo pero nos complementamos de maravilla.
Además de la tradición oral y de la música de raíz, ¿a quién tenéis como referente? ¿Algún artista o grupo que sintáis que puede llegar a infiltrarse en vuestras canciones?
Marina y Claudia: No pensábamos en nadie en concreto a la hora de componer y grabar, pero casi seguro que hay muchas influencias por ahí que vienen de artistas a las que admiramos. La primera que nos viene siempre a la cabeza es Silvia Pérez Cruz, que nos abrió mucho a la experimentación con el folklore cuando éramos más jóvenes. También todos esos grupos gallegos de música folk y tradicional con los que crecimos escuchando como Riobó, Berrogüetto, Treixadura, Mercedes Peón o Sondeseu, y grupos de otros países como Katie McNally Trio, Laura Cortese (USA), Trío Guardianes de la Huasteca (México)… Y ya de otros géneros escuchábamos mucho pop, jazz, rock, r&b, artistas como Julieta Venegas, Amy Winehouse, Lily Allen, Mac Demarco, etc.

Marina Carpente. Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
Medrar tiene una sonoridad muy cuidada, en la que conviven elementos muy orgánicos con la electrónica. ¿Cómo trabajasteis ese equilibrio sin que una cosa anulase a la otra?
Marina: Los elementos electrónicos vienen de los sintetizadores de Zalo, lo que realmente es un trabajo bastante artesanal a pesar de que la sonoridad sea electrónica, ya que cuida mucho los detalles e investiga bastante para encontrar esos sonidos. Creo que intentamos siempre que estén equilibrados, que los sonidos de los instrumentos acústicos no pierdan protagonismo y que los sintes aparezcan como elemento de conexión. Sin embargo, en temas como «Marañas» queríamos que los sonidos sintetizados generasen un ambiente cargado y angustioso, con lo que sí tienen más presencia. Zalo tiene mucha responsabilidad en conseguir ese equilibrio tan sofisticado.
La producción de Zalo Rodríguez y la mezcla de Hevi tienen un peso importante en el resultado final. ¿En qué momento entran en el proceso y qué aporta la mirada de cada uno de ellos al disco?
Marina: Llevamos muchos años trabajando con Zalo en las producciones, así que teníamos claro desde el principio que sería igual para este disco. La forma de trabajar fue similar a como lo veníamos haciendo: nosotras le llevamos los temas arreglados tal y como los hacemos en directo, y juntos hacemos las transformaciones necesarias para que al llevarlos al estudio esos temas suenen lo mejor posible.
Claudia: Cuando estábamos formando el equipo decidimos contar con una persona externa que no estuviese acostumbrada a los temas para la mezcla. Ya admirábamos el trabajo de Hevi desde hace tiempo y decidimos contar con él para esta. Fue un placer trabajar con él, le dejamos bastante cancha para que hiciese lo que le apeteciese y supo entender bastante bien lo que queríamos. Quedamos muy contentas con el resultado.
Hay muchos detalles en los arreglos que son los que acaban de conferirle vuestra personalidad al proyecto. Vuestras voces, las armonías, el violín… ¿Qué pensáis que es lo que define la identidad de ABRIL?
Claudia: No tenemos muy claro qué es exactamente lo que define la identidad del grupo. Probablemente sea una mezcla entre nuestra propia personalidad, nuestra sensibilidad, cómo nos expresamos cuando tocamos un instrumento y el empaste entre ellos.
Marina: Lo que sí nos gusta hacer (y quizá nos defina) es jugar con las emociones, hacer canciones intimistas y otras más bailables, intentar expresar todo el espectro de emociones y que el resultado sean canciones de colores muy diferentes.

Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
«Arredor da mesa» (también en el disco, pero estrenada en 2024) es una canción dedicada a las amigas, pero también construida con ellas, con la participación de artistas como Anaïs Barbier, María Jorge, Pedro Fariñas (que juntos conforman Caldo), Antón Veloso (Treba), el propio Zalo Rodríguez (Lontras) o Fergi Huins (Fergi). Todas forman parte de una escena muy activa y con proyectos propios. ¿Cómo fue compartir este proceso creativo? ¿Qué pasa cuando esa red de afectos coincide también con una red de referentes?
Marina: Fue una maravilla. Es gente muy cercana a la que conocemos desde hace mucho y con la que llevamos todo ese tiempo compartiendo música, con lo cual fue muy fácil montar el tema con ellas. También fue muy divertido el día que vinieron al estudio. Fue muy emocionante verlas allí a todas grabando con nosotras. Nos encantan esos momentos en los que puedes disfrutar tanto de un trabajo y estamos muy orgullosas de ellas por lo talentosísimas que son y por nuestra amistad.
Ese espíritu colectivo se traslada también al videoclip, en el que participa un equipo formado igualmente por personas muy próximas a vosotras. ¿Cómo se construye ese universo compartido más allá de la música?
Claudia: Ese universo se construyó muy fácilmente rodeadas de amigas. Entre todas se va haciendo y siempre estuvo ahí. El videoclip fue dirigido por Miguel Méndez (@fotomatong), Petra Iglesias y Marta Ferrer, y ellas son las responsables de que todo saliese tan bien. Nos conocen bien y consiguen expresar esa fantasía y ese colorido que nos representa. «Arredor da mesa» fue el punto de partida para la expresión de todo eso y a partir de ahí fue más fácil encontrar nuestro estilo audiovisual con la banda.
«Nas horas avelaíñas» parte de una pieza recogida a Elena de Toutón y mantiene esa carga de ternura e intimidad de las coplas originales, pero en el videoclip se lleva hacia un espacio compartido entre amigas, más próximo al cuidado y al sentirse arropadas. ¿Qué implica resignificar ese imaginario tradicionalmente ligado al amor romántico desde ese otro lugar?
Marina y Claudia: Siempre sentimos que el amor romántico tiene un papel protagonista en la mayoría de canciones que escuchábamos a lo largo de nuestra vida; sin embargo, en las nuestras no es en absoluto protagonista, con lo cual es fácil para nosotras diversificar las temáticas de las que hablar en nuestras canciones. Al final compartimos mucho tiempo entre amigas y entre nosotras mismas, que trabajamos juntas, pero también lo somos desde hace mucho tiempo, y queríamos expresar la importancia que tiene para nosotras esta red afectiva. «Nas horas avelaíñas» también es una canción dedicada a las que no están, que también nos acompañan y también ocupan un lugar en nuestros corazones.
«(outro) tempo», con Zalo Rodríguez y Sunil López, es una pieza especialmente íntima. ¿Cómo es llevar ese espacio delicado a un directo y compartirlo con el público? ¿Qué puede esperar una persona que todavía no os haya visto encima de un escenario?
Claudia: Cantar este tipo de canciones implica un estado de concentración y de conexión con las emociones que no siempre es fácil alcanzar en un directo, en el que además las intercalamos con otras canciones más festivas. Siempre quisimos expresar esta parte de nosotras más blandita e intimista, y hay mucha parte de eso en los directos. No siempre pasa en todos los escenarios, pero cuando conectas con el público en esos momentos se disfruta muchísimo. En nuestros conciertos puedes esperar de todo: temas para bailar, para llorar, para reír y desahogarte, para cantar…
Y hablando de directos, ¿alguna fecha que debamos apuntar en la agenda?
Marina y Claudia: El día 16 de mayo estuvimos presentando el disco en Muxía, el 23 de mayo lo haremos en el Ourensound, el 6 de junio en el festival Polas Bravas (Chantada). En el mes de junio estaremos unos días girando por Escocia y participando en el North Atlantic Fiddle Convention, y luego el 6 de julio participaremos en nuestro querido Encordass Fest presentando el disco.

Claudia Abril. Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
El violín nunca dejó de formar parte de la música tradicional gallega, pero en los últimos años parece haber vuelto a ocupar un lugar especialmente visible con proyectos como Caldo, Caamaño & Ameixeiras o De Ninghures, que lo están volviendo a poner en el centro. ¿Cómo leéis este momento?
Marina: Nos parece maravilloso encontrar tantas compañeras tocando violín tradicional en grupos con tanta expansión, sobre todo saliendo del San Simón Fiddle Camp en el que aprendimos la versatilidad y potencialidad que tiene este instrumento. Dentro de unos años se notará (ya se nota ahora) la influencia de este campamento en la escena folk y tradicional, ya que la pasión que se transmite allí se contagia fácilmente, y de ahí salimos y saldrán muchas músicas entusiastas.

Marina Carpente. Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
En vuestro caso, además, hay una conexión directa con el trabajo alrededor de la violinista fonsagradina Modesta Fernández, conocida como «A Cega de Noceda», en el libro-disco O violín que trae o vento, de Adrián Méndez, y donde también participan PÄRBO, As Cegas de Ouselle, Caldo, Caamaño & Ameixeiras, Carmen & Marcos y Xulia Feixoo. ¿Qué cambia cuando se aborda el instrumento desde ese tipo de investigación más concreta?
Marina: El estilo de Florencio dos Vilares, maestro de Modesta, siempre estuvo muy arraigado en nuestra manera de tocar, en nuestro caso en parte por lo aprendido de Alfonso Franco, que lo tiene muy presente en sus clases de violín en la E-Trad de Vigo, tanto en la técnica y manera de tocar melodías instrumentales como autoacompañando temas cantados. Es muy gratificante que salgan este tipo de investigaciones para profundizar sobre el violín tradicional de Galicia, ya que se conocen más personajes de este estilo, pero no hay tanta información sobre ellas como la hay sobre otras figuras de instrumentistas, sobre todo gaiteros. Así que conocer más sobre figuras musicales femeninas es inspirador y muy importante para continuar dándole la importancia que tienen las mujeres en el papel transmisor de la música tradicional.
También se percibe un cambio en la manera en la que la gente joven se acerca a la música tradicional, tanto desde la escucha como desde espacios como las foliadas, que están viviendo un momento muy activo. ¿Cómo lo estáis viendo vosotras? ¿Qué ha cambiado en esa forma de relacionarse con la tradición?
Es algo que se venía echando en falta hace unos años, cuando nosotras ya trabajábamos en los escenarios y, siendo más jóvenes, no encontrábamos apenas afinidades con gente de nuestra edad para tocar, y nuestro público objetivo era gente mayor. Así que apreciamos mucho lo que se está dando en este momento, en el que el público de los conciertos de música tradicional y folk es muy juvenil y fresco, y los torreiros de baile son enormes. Además de que hoy en día es mucho más sencillo mover un proyecto de este estilo en prácticamente cualquier festival, ciclo, sala, etc. en comparación con hace unos años.

Foto: Miguel Méndez (fotomatong)
Si medrar también implica transformarse y dejar cosas atrás, ¿qué sentís que cambió en vosotras a lo largo de este proceso?
Claudia: Creo que cambiaron algunas cosas: nuestra propia percepción en el escenario y la manera de hacernos valer siendo solo dos chicas haciendo una música para escuchar, apartar a la gente que no nos hacía bien de nuestras vidas, aprender a reescoger a la gente con la que trabajamos y a establecer vínculos, liberarnos de miedos e inseguridades gracias al apoyo de la gente que tenemos alrededor y compartir y crear comunidad siempre.
¿Qué artista o grupo gallego nos recomendaríais? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Claudia: Pues tenemos muchos favoritos: Caldo, Lontras, Diego Alonso Quintet o High Paw, por ejemplo.
Y si abriésemos vuestra cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% sinceridad, 0% vergüenza.
Marina y Claudia: En general, la música que escuchamos es algo variada, por una parte escucharíais jazz cantado, Amy Winehouse o Billie Holiday; también otros estilos más alternativos como Mac de Marco, Jimena Amarillo o Hiatus Kaiyote; o otras músicas más mainstream como Amaia, Maro o Bad Gyal, además de música tradi y folk del mundo, Pine Tree Flyers, Tatiana Hargreaves&Alison DeGroot o Darach.

