DAVIDE SALVADO: «UNA CANCIÓN NO ES SOLO UNA MELODÍA. ES UNA CASA. ES UNA MEMORIA»
Recoger un legado no es conservarlo intacto. Es escucharlo, atravesarlo, dejar que cambie contigo y asumir la responsabilidad de hacerlo pasar hacia otro lugar. Esa idea lleva años acompañando el trabajo de Davide Salvado, una de las voces más reconocibles de la música de raíz gallega y un artista que entiende la tradición como una forma viva de estar en el mundo.
Después de Árnica Pura (2011), producido por Eliseo Parra, y de Lobos (2015), un disco que el propio Salvado definió como un cambio de ciclo en su carrera, llega ahora Permita Deus (2026). Más de una década después de su anterior trabajo en solitario, el músico presenta un álbum íntimo y profundamente personal, construido alrededor de las letras de Manuel Cortés y con la complicidad musical de Cibrán Seixo, Antonio Casado, Lucas Delgado o Aleix Tobías.
Hablamos con él sobre las mujeres de las que aprendió a cantar, el rural como espacio de creación, el paso de aprendiz a transmisor, la relación con Portugal, la producción artística de este nuevo trabajo y la necesidad de seguir cantando desde la memoria, la vulnerabilidad y la verdad.

Hoy resulta complicado hablar de la música de raíz en Galicia sin que aparezca tu nombre, pero ¿cómo fue aquel primer encuentro con la tradición?
Davide Salvado: Yo creo que la tradición no fue tanto un encuentro como una llamada. Yo nací en un lugar donde las cosas estaban pasando delante de los ojos: las voces de las mujeres, las fiestas, los animales, los trabajos de la tierra, los silencios. La tradición no estaba en un museo, estaba viva. Era una manera de relacionarse con la vida. Primero aprendí a escuchar antes que a cantar.
Muchas personas llegan a la tradición a través de la familia, de una asociación o de una escuela. En tu caso, ¿qué personas o momentos fueron determinantes para que acabaras dedicándole tu vida?
Davide Salvado: Hubo personas concretas, sobre todo mujeres mayores, que guardaban un tesoro sin saber que lo guardaban. Gente que no se consideraba artista, pero que tenía una manera de decir, de respirar, de contar. También hubo encuentros por la vida, viajes, músicos, amigos. Creo mucho en los encuentros. La vida se hace con la gente con la que compartes camino.
Mencionas en muchas ocasiones a las mujeres con las que aprendiste a cantar. Con el paso del tiempo, da la sensación de que lo más importante no fueron solo las canciones, sino también la forma de estar en el mundo que había detrás de ellas. ¿Qué aprendiste de esas mujeres que sigue acompañándote hoy?
Davide Salvado: Aprendí que una canción no es solo una melodía. Es una casa. Es una memoria. Aprendí la humildad, la paciencia, la fuerza de las personas que tuvieron vidas muy duras y aun así cantaban. Cantaban para celebrar, para despedir, para trabajar, para curar. En ellas había una revolución silenciosa.

Muchas de esas mujeres ya no están. Con el paso del tiempo, ¿ha cambiado tu relación con ese legado? Y en un momento en el que ya eres una referencia para mucha gente, ¿cómo se vive ese paso de aprendiz a transmisor?
Davide Salvado: Sí. Antes buscaba canciones, ahora siento que busco presencias. Con el tiempo entiendes que lo importante no era solo lo que cantaban, sino cómo miraban el mundo. Ahora me siento más responsable. Ya no soy solo aprendiz: soy un puente. Y un puente tiene que dejar pasar, no quedarse con el río.
Has defendido en numerosas ocasiones el rural como espacio de aprendizaje y creación, pero también recuerdas que no es ese lugar idealizado que a veces se proyecta desde fuera. ¿Qué cosas crees que seguimos sin entender del rural gallego?
Davide Salvado: Que el rural no es una postal. No es una vaca bonita en un prado para hacer una foto. El rural es trabajo, contradicción, soledad, comunidad, abandono político y también mucha belleza.
La tierra te enseña que todo tiene un tiempo.
A lo largo de estos años has pasado por proyectos muy distintos: Ecléctica Ensemble, la banda de Budiño, A Banda das Crechas, Cabaret d’Aquí, teatro, colaboraciones con artistas como Cristina Pato, Kepa Junkera o Yo-Yo Ma. ¿Qué hilo común une todas esas etapas?
Davide Salvado: La curiosidad y la búsqueda. Nunca me interesó estar en una caja. La música tradicional, el teatro, el cabaré, el fado, la música de autor… todo forma parte del mismo camino. Lo importante es que haya verdad.
Desde fuera parece que todo te sale de una manera muy natural, pero detrás hay décadas de escucha, observación y aprendizaje. ¿Cuánto hay de intuición y cuánto de oficio en lo que haces?
Davide Salvado: La intuición es algo que se construye. Parece magia, pero detrás hay muchas horas de escucha, trabajo y equivocarse. El oficio es preparar el cuerpo y el alma para reconocer algo cuando aparece.

Árnica Pura, publicado en 2011, fue tu primer disco en solitario y además contó con la producción de Eliseo Parra, una figura fundamental en la renovación de las músicas de raíz de la Península. ¿Qué supuso para ti compartir aquel proceso con alguien como él?
Davide Salvado: Eliseo fue una escuela. Tiene esa capacidad de mirar la tradición sin cerrarla, sin ponerla en un altar. Aprendí que la raíz no es una cadena, es un árbol.

En una entrevista para Diariofolk definías Lobos, tu segundo trabajo en 2015, como un cambio de ciclo en tu carrera. ¿Qué estaba terminando y qué estaba comenzando en aquel momento?
Davide Salvado: Estaba terminando una etapa de buscar respuestas fuera y comenzando otra más interior. Me preguntaba menos “¿qué debo hacer?” y más “¿qué necesito decir?”

Ahora, en 2026, más de una década después, presentas Permita Deus. ¿Qué le diría el Davide de aquellos primeros discos si pudiera escuchar este nuevo trabajo? ¿Qué cosas cambiaron durante este tiempo en tu manera de entender la música?
Davide Salvado: Creo que me diría que confiase más. Que todo lo que buscaba ya estaba dentro. Que no hacía falta correr tanto.
El primer aspecto que llama la atención es el título. Permita Deus suena al mismo tiempo a invocación, deseo y expresión popular. ¿Cómo nace ese título?
Davide Salvado: Nace de una frase de la vida. De esa expresión que usamos para hablar del futuro, para pedir permiso, para aceptar que no controlamos todo. Tiene humildad y también deseo.
Tal y como mencionaban en ValminorTV, “las letras de Manuel Cortés sostienen prácticamente todo el universo poético del álbum, atravesado por la memoria, el cuerpo, la espiritualidad popular o la vida cotidiana”. ¿Cómo fue el proceso de construir una obra tan personal e íntima a partir de las palabras de otra persona?
Davide Salvado: Fue como entrar en una casa ajena y encontrar habitaciones que también eran tuyas. Sus palabras tienen una verdad muy profunda. Hablan de lo humano sin adornarlo.
“Non se apuren os señores, que ha de haber ben quen me queira”, cantas en “Dia de Feira”. Hay en esa frase una reivindicación de la libertad y de la propia identidad. ¿Es algo que también atraviesa Permita Deus?
Davide Salvado: Sí. Creo que hay mucha gente intentando encajar toda la vida. Y a veces hay que decir: aquí estoy, con mi historia, con mis heridas y con mi manera de amar.
Más allá de los estilos o de las influencias, ¿qué sientes que necesitabas expresar en estas canciones que no había encontrado su lugar en tus trabajos anteriores?
Davide Salvado: Más vulnerabilidad. Menos armadura. Permitir que aparezcan las dudas, la pérdida, el paso del tiempo, el amor y esa espiritualidad ligada a la tierra.

Escuchando el álbum parece que todo sucede muy cerca, como si las canciones estuvieran ocurriendo dentro del hogar. ¿Era esa intimidad uno de los lugares a los que querías llegar?
Davide Salvado: Sí. Me gustaría que quien escuche el disco sienta que está sentado en la cocina de una casa, con la noche entrando por la ventana. La música también puede ser un lugar donde descansar.
Además de la música de raíz gallega también queda clara tu afinidad con la portuguesa en temas como “Fado pra Samuel”, “Amarelo” o “Paraíso”. ¿Qué lugar ocupa Portugal en tu trayectoria artística?
Davide Salvado: Portugal es una hermana. Hay una manera de sentir muy cercana. El fado, la saudade, esa mezcla de belleza y tristeza… siempre me ha hablado mucho. Y artistas como Caetano Veloso me enseñaron que se puede ser profundamente local y al mismo tiempo universal.
En el disco te acompañan músicos de la talla de Cibrán Seixo, Antonio Casado, Lucas Delgado o Aleix Tobías. ¿Qué aportaron ellos a la personalidad final del disco?
Davide Salvado: Cada persona deja una huella. No me interesa que vengan solo a ejecutar, sino que traigan su propia vida. Un disco también es una pequeña comunidad.

En una entrevista para Diario de Pontevedra comentabas que este es el primer disco en el que sientes que has estado presente en todos los procesos. La experiencia de asumir también la producción artística del proyecto, ¿qué te permitió descubrir?
Davide Salvado: Estar más cerca del primer latido de la canción. Entender mejor lo que quería decir. Fue responsabilidad, pero también libertad.
La presentación de Permita Deus habla de un espectáculo pensado para la escucha y para los sentidos. ¿Cómo se traslada esa sensación de intimidad de la que hablábamos antes al escenario?
Davide Salvado: El escenario para mí no es un escaparate, es un encuentro. Quiero que la gente sienta que no ha venido solo a ver un concierto, sino a compartir un momento.
¿Qué encontrará alguien que vaya a ver a Davide Salvado por primera vez?
Davide Salvado: Una persona intentando ser honesta. Alguien con la mochila llena de aldeas, viajes, personas, errores y aprendizajes. Habrá música, pero también memoria.
Después de tantos años recogiendo, aprendiendo y compartiendo música, ¿te sientes más músico, más transmisor o más contador de historias?
Davide Salvado: Cada vez me preocupa menos el nombre. La música es una herramienta para estar en el mundo. A veces soy músico, a veces contador de historias, a veces simplemente alguien que escucha.
Buena parte del discurso cultural sigue mirando hacia las ciudades, pero tu obra nace de una relación muy profunda con el territorio. ¿Sigue siendo el rural un lugar fértil desde el que crear?
Davide Salvado: Más que nunca. El rural tiene mucho que decir porque tiene muchas preguntas. No podemos hablar de futuro olvidando quién sostiene la vida.
Creo que defender la vida, la igualdad y lo común también pasa por volver a mirar hacia la tierra.

¿Qué te preocupa de la sociedad actual?
Davide Salvado: Que vayamos demasiado rápido y confundamos progreso con velocidad. Que valoremos más lo que tenemos que lo que somos. Hay una crisis de los cuidados.
El mundo cambia también en la manera en que tratamos a lo que tenemos delante.
¿Qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Davide Salvado: Hay muchísima gente haciendo cosas hermosas. La escena gallega está viva. Hay que escuchar las nuevas voces.
Y mirar hacia fuera también: Portugal, Brasil, Latinoamérica… Las raíces profundas no cierran, dan alas.
Y si abriéramos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% sinceridad, 0% vergüenza.
Davide Salvado: Habría de todo. Voces antiguas, música de raíz, fados, cosas brasileñas, canciones que me acompañan desde hace años.
Sonaría Caetano Veloso, Amália Rodrigues y muchas voces con herida y belleza.
También cosas inesperadas, porque la música es como la vida: no tiene una sola dirección.
¿Una última reflexión?
Davide Salvado: Al final Permita Deus es una pregunta más que una respuesta. Es decir: aquí estamos, frágiles, imperfectos, intentando querer bien. Y mientras haya una voz que cante y alguien que escuche, todavía queda esperanza.

