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VIZCAÍNO: «‘NENO DE MONTE’ FUE TODA UNA EXPERIENCIA DE LA QUE DISFRUTÉ MUCHÍSIMO Y APRENDÍ MUCHAS COSAS NUEVAS»

VIZCAÍNO: «‘NENO DE MONTE’ FUE TODA UNA EXPERIENCIA DE LA QUE DISFRUTÉ MUCHÍSIMO Y APRENDÍ MUCHAS COSAS NUEVAS»
27 SEPTEMBER 2021

Desde que tocó las cuerdas de una guitarra por primera vez, aún siendo estudiante, no ha vuelto a soltarlas. Vizcaíno bromea que hicieron un pacto... y solo hay que echarle un vistazo a su trayectoria musical para comprobarlo. Varias giras por América Latina, dos discos y, su referencia más reciente, un libro-disco conforman la carrera del músico y compositor lucense.

Su último trabajo, Neno de monte(2020), es un libro-disco dedicado al mundo rural, a su gente, al mar y al monte que vio —y sigue viendo— crecer a Vizcaíno. Compuesto por cinco relatos, que rescató de la lengua de sus abuelos, y seis canciones de tintes acústicos, Neno de monte es todo un homenaje a los orígenes, a los ancestros y a la cultura de la Tierra Brava.

 

 

Una de tus últimas canciones abre con un Vizcaíno de 9 años cantando en gallego y a capela. ¿Cómo recuerdas tus comienzos en la música?

Vizcaíno: «Si, “Acougo” se llama la pieza, de las más especiales de este último trabajo.

Mis comienzos fueron algo tardíos según se mire; para mí fueron en el momento que tenían que ser. Me enseñó a tocar la guitarra un cura en primero de bachillerato y, desde entonces, seguí de la mano de la compañera de seis cuerdas... ¡Hicimos un pacto y ya no lo soltamos! Pasé por el conservatorio hasta que me aburrió el sistema que tenían, y que por desgracia siguen teniendo, y fui por el camino más natural: el de aprender con profesores particulares que entendiesen mis maneras musicales. Siempre me gustó escribir mis verdades con lápiz y papel, ya desde niño, y como también me gustaba leer y escuchar música, pues se hizo un caldo rico del que me sigo alimentando.

Luego llegaron los 16, y por una apuesta inocente en el instituto me presenté a un karaoke de la Televisión de Galicia, el Tequelexou creo que le llamaba; sorprendentemente gané cantando una pieza de Antonio Flores y otra de Pucho Boedo. Fueron risas, pero la verdad es que me dio pie para seguir, ya que me llamaron para formar parte de un grupo de baile en Sarria llamado Enigma. Eché como siete años dando vueltas por fiestas gallegas, asturianas, cántabras, leonesas, zamoranas... Fue una escuela fantástica que recomiendo a cualquier músico, por muy punkarra que sea; quizás no tantos años, pero sí conocer la verbena, es útil para después avanzar en este oficio. Aunque combinaba esas actuaciones con las mías propias en garitos y tabernas varias».

 

En 2012, con la guitarra a la espalda, te embarcas en una gira transoceánica con la que recorres escenarios de Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. ¿Cómo fue la acogida de tu música en la otra orilla del Atlántico?

Vizcaíno: «Fue de las experiencias más hermosas que pude vivir y que, probablemente, de esa forma no pueda repetir. Estuve como seis meses dando vueltas por ese continente, para mí el verdadero primer mundo; América del Sur es todo un universo donde cada país es un mundo maravilloso.

Siempre quiero volver; la acogida fue estupenda teniendo en cuenta que yo iba a aprender y a mojarme bien de todas esas culturas. Para mí era necesario conocer de primera mano cómo era el aire que respiraban en la diáspora, y fue tan alentador que traje cantidad de historias y momentos, que llevo guardaditos para siempre en el mejor lugar del bolsillo de mi pantalón. A día de hoy, conservo muchos amigos de aquella andadura.

Mis canciones quedaron volando por allí, y eso es tan bonito que no conseguiría explicarlo en unas líneas. Cada vez que vuelvo llego con otra perspectiva, pero siempre recuerdo esa primera vez, porque como la primera vez saben pocas cosas».

 

 

Estos inicios fueron algo inusuales, empezar una gira internacional con una maqueta de cinco canciones, ¿no? ¿Cómo se presentó la oportunidad?

Vizcaíno: «La oportunidad llega por la necesidad de marchar, de buscar nuevos mundos y aprender cosas nuevas. Esta primera gira/viaje la organicé yo desde aquí, enviando las canciones y buscando espacios y compañeros que me ayudasen a montar algo tan loco como lo que tenía en la cabeza.

No podía salir mal, ya que algo me decía que tenía que hacerlo y a mí cuando me hablan los adentros es complicado pararme. Conocí a muchos artistas, canté en muchos lugares diferentes y preparé el terreno para dar el segundo asalto que llegaría al año siguiente, después de grabar Alas de papel».

 

 

Cuando vuelves de esta aventura sudamericana, empiezas la grabación de tu primer disco, Alas de papel (Algamar, 2014) que, a pesar de ser tu debut, se presenta como un álbum maduro y con un sonido y estilo propios. ¿Qué aportó esta experiencia previa sobre las tablas al desarrollo de este trabajo?

Vizcaíno: «Fue clave, ya que como dije iba a aprender cosas que aquí no conseguía aprender o no me interesaban. Me di cuenta de algo muy importante: me quería dedicar en cuerpo y alma a la música, por encima de cualquier cosa. Era una fijación que andaba dando vueltas a mi alrededor y que esa gira/viaje me confirmó; me abrió los ojos, la cabeza y hasta el pecho de tal forma que decidí meterme de lleno en eso y, de momento, estoy más que satisfecho.

Alas de papel fue ese primer grito, muy inocente, pero tan lleno de verdad que para mí siempre será especial. No solo por ser el primero, sino porque lleva una carga emocional muy grande, además de sencillez verdadera».

 

 

Con la Diáspora (2017) de tu segundo álbum visitas México, en una extensa gira que te llevó a Guanajuato, Querétaro, Guadalajara, León, CDMX y Puebla. ¿Cómo fue tocar delante del público mexicano? ¿Qué diferentes encontraste respecto de la primera gira sudamericana de 2012?

Vizcaíno: «Ay amigo, México... ¡palabras mayores! ¿Lo de muero por volver? Yo siempre a México. Me marcó con locura, necesitaríamos mucho papel para contaros.

La diferencia que encontré con América del Sur fue que a México llegué con diez años más en encima del sombrero, y por lo tanto pisas cualquier país de otra forma. Tener más experiencia quita esos gramos de inocencia que en ciertos momentos agradeces, pero aún así nada cambiaría de esa gira.

Recibí mucho amor y cariño hacia mi trabajo y hacia mi persona, cada vez que lo pienso se me arruga la garganta de lo bonito que fue. Realmente soy un tipo muy afortunado».

 

 

¿Qué inspiró la decena de canciones que recoge Diáspora?

Vizcaíno: «El propio título lo dice, la diáspora. América del Sur fue quién me dio ese segundo trabajo y, seguramente, me siga dando historias porque traje mucho para contar y aprendí tanto de todo que me hizo cambiar la forma de ver muchas cosas; incluso me cambió, de cierto modo, la forma de escribir.

Hay una frase en una canción mía llamada “Invierno en los cuarteles” que resume un poco todo esto, dice: “Por eso cada veinte de noviembre hago fiesta con todos mis papeles”; el 20 de noviembre fue el día que me fui»

 

 

Tu último trabajo, Neno de monte (2020) es, además de música, literatura, ya que el CD viene «escondido» dentro de un libro que recoge cinco relatos. ¿Cómo surge esta idea de libro-disco, tan diferente a lo que nos tenías acostumbrados?

Vizcaíno: «Tenía esa idea desde hacía tiempo porque siempre me llamó lo de escribir más que canciones. Ese asunto pendiente que quería hacer tarde o temprano porque así lo sentía, como que lo debía hacer para estar mejor conmigo mismo. Y así fue, no falto de trabajo porque fue una locura terminarlo, ya que era la primera vez que me enfrentaba a algo así, pero me quedé satisfecho. Fue una experiencia realmente especial».

 

El libro-disco fue publicado a finales del año pasado, un año que, digamos, fue de lo más atípico... así, en general. Decías que hacía tiempo que tenías el proyecto en mente, ¿lo habrías desvelado de no existir la COVID-19 (y lo que supuso y sigue suponiendo) o seguiría entre paños?

Vizcaíno: «Sí, todo el mundo me decía: “¡Estás loco! ¡Sacar un libro-disco y un vídeo con la que está cayendo!”. Yo soy mucho de impulsos, y cuando veo que tengo que hacer algo, allá va. Era el momento, aunque no sabía muy bien cómo financiarlo porque es un proyecto muy caro, pero no fue impedimento cuando vi el resultado casi terminado. Tenía que sacarlo porque realmente tenía algo que decir y era importante darlo a conocer, eso fue lo que pensé.

La “peste” de 2020 me hizo reflexionar bastante; tuve tiempo para asentar cosas y una de ellas fue esta, la de escribir estos relatos que tanto tienen de mí y de mi tierra. No sé si seguirían entre paños, pero lo cierto es que echó a volar —está ya en marcha la segunda edición— entonces no tengo más contento que estar».

 

 

Has rescatado las historias de la lengua de tus abuelos, con pinceladas tuyas como contador de historias que también eres. ¿Cuánto tienen de sentimental y cuánto de etnográfico?

Vizcaíno: «Pues como dije, tienen mucho de mí, de mi gente, del paisaje y de las piedras que me vieron nacer... ¡así que vamos a dejarlo en un cincuenta-cincuenta!».

 

Al hilo, ¿qué diferencias, o similitudes, encontraste entre ambos procesos de creación, entre escribir una historia y escribir una canción?

Vizcaíno: «Son cosas diferentes, o por lo menos así lo sentí. Una canción es una historia o momento de tres minutos donde la métrica, la rima o el tiempo de la canción te condiciona. Es mucho más directa. Sin embargo, escribir un relato exige ver más lejos, preparar el terreno para buscarle un planteamiento, un desarrollo y una conclusión. Para mí fue toda una experiencia de la que disfruté muchísimo y de la que aprendí muchas cosas nuevas. De hecho, ya estoy pensando en volverme a sentar a escribir, pero a los niños de mar».

 

 

¿Complementan, de alguna forma, las canciones a los textos o son completamente independientes?

Vizcaíno: «Son historias independientes pero guardan un hilo conductor, el lenguaje y las formas de relatar, creo. Están hechas por mí, entonces algún parecido deberían tener, o esa fue mi intención».

 

Presentas Neno de monte como un homenaje a los orígenes, a los ancestros y a la cultura de la Tierra Brava. ¿Qué papel crees que juegan este tipo de proyectos en la difusión y acercamiento de la Galicia rural a los demás? ¿Dirías que es un grito de la Galicia vaciada?

Vizcaíno: «Pues no sé si un grito, pero sí que me gustaría que se tomase como una forma de ver cómo fueron los tiempos maduros de los que venimos.

Es una forma de dar a conocer historias que ocurrieron no hace tantos años, donde los caminos tenían mucha vida, de enseñarle a los nuevos niños y niñas de monte cómo eran los senderos que pisan hoy hace un puñado de años atrás. También, por supuesto, para los y las de cemento, que es tan importante que sepan que existieron, y existen, otras maneras de vivir.

En definitiva, son historias que el monte me dio y quiero compartirlas con quien quiera escuchar y leer, por si le sirve de algo».

 

 

Además, también reivindicas el gallego de O Incio, con vocabulario y expresiones propias, como «mau» en vez de «mar». ¡Cuéntanos más! ¿Cómo a través de la música buscas la conservación de las singularidades locales de nuestro idioma?

Vizcaíno: «Me parece importantísimo, porque nuestro idioma sigue vivo en parte por estas cosas. Tenemos una riqueza tal en este sentido que yo creo que no nos damos cuenta. Creo que tener tantas formas bonitas de expresarnos en gallego es un tesoro, y me da que va a tener larga vida por mucho que nos empeñemos que no será así.

No estoy en contra del normativo; considero que el idioma tiene que avanzar y actualizarse, pero hay que tener en cuenta, y por eso deben ser respetadas, este tipo de singularidades lingüísticas. Tienen un peso tremendamente importante, porque cuando nuestro idioma fue perseguido, en las aldeas conservaron el habla y la rehicieron a semejanza de cada lugar, de cada aldea... por eso tienen tal arraigo algunas palabras. Son diferentes formas de hablar y todas son maravillosas.

Para mí no existirá jamás ningún idioma más importante que el gallego por el simple hecho de que, para entenderme con mi gente, es el idioma en el que nos entendemos, con todas las singularidades. ¡Entonces no queda mucho más que decir!».

 

De las seis canciones que componen el disco, todas son de tu puño y letra excepto “Sen a luz túa”, basada en el poema ‘Como hei vivir mañá sen a luz túa?’ de Bernardino Graña, que ya había sido musicado por Suso Vaamonde, ¿Por qué escogiste estos versos en concreto?

Vizcaíno: «Llevo años enamorado de ese texto y de su música, aunque le tengo un gran respeto. Pensé también que era el momento de hacerle frente y enredé a mi hermana para cantarla conmigo. Tenía sentido cuando terminé todos los textos de las canciones y decidí incluirla».

 

Escuchamos un Vizcaíno todavía más acústico, que sigue explorando los “Camiños” de nuevos timbres y ritmos. ¿Cómo definirías tu estilo actual?

Vizcaíno: «No sé responderte a esto. Intento hacer música, canciones, que me haga sentir algo, que me mueva por dentro. Después... de estilos, por llamarle así, escucho de todo lo que te puedas imaginar. En mi coche, lugar donde pongo mucha música, puedes encontrar a Brahms y a Eskorbuto, a Atahualpa, Lapido, La Polla Records, Rosendo, Elton John, Creedence, Stewart, Don José Alfredo Jiménez, Lila Downs, rock argentino, música africana... Escucho todo; me flipa la música bien hecha, la que me haga sentir algo».

 

 

El artista colombiano Andrés Wolf fue el encargado de ilustrar digitalmente el libro, tanto la portada como las ilustraciones que acompañan a cada relato. ¿Cómo fue trabajar, de nuevo, junto a él? ¿Por qué la técnica del tramado cruzado?

Vizcaíno: «A Wolf lo conocí en Colombia, cuando hice esa gira/viaje por América del Sur. Nos hicimos muy amigos y, además de ser un artista brillante, fotógrafo y diseñador de grandes bandas en Sudamérica, fue responsable también de la portada de Diáspora, hecha en Bogotá.

El tema de la técnica de tramado cruzado era otra idea que buscaba para hacer las ilustraciones de manera diferente. Mezclar esas formas dulces que tiene el lápiz pero digitalizarlas, por darle una vuelta de tuerca, y la verdad es que quedó muy bien. Por lo menos era lo que tenía en la cabeza y Andrés lo consiguió, ¡no sin trabajo también, eh! Porque reconozco que yo soy bastante mío en las formas de terminar las cosas, sobre todo cuando las tengo dibujadas en mi cabeza».

 

Tú colaboras con ella, ella colabora contigo... hablamos de tu hermana, Lucía Pérez. ¿Compartís experiencias? ¿Cómo es trabajar con ella (¡fuera de casa!)?

Vizcaíno: «Sí, compartimos experiencias y oficio. Realmente es una suerte tener a alguien tan cercano compartiendo este mundo que es una montaña rusa. Aunque tenemos formas diferentes de verlo, comprendemos perfectamente el camino de uno y de otro; son diferentes pero paralelos.

De hecho, estoy empezando a escribir para su nuevo trabajo; en breve tendréis bonitas noticias sobre él».

 

 

Este verano te pudimos ver encima de algún que otro escenario, aunque la vuelta a la normalidad de la música en directo está muy lejos de eso, de la normalidad, con protocolos, restricciones de capacidad, mascarillas... ¿cómo lo estás llevando? ¿Qué podemos esperar de un concierto de Vizcaíno?

Vizcaíno: «Pensé que lo iba a llevar peor... La verdad es que todavía estamos lejos de lo que fue 2019, pero notamos que empieza a pedalear la cosa y eso anima.

En mis conciertos pasamos por varios estados: cosas muy acústicas, a guitarra y voz, otras más llenas de instrumental, ya que estos días cojo una batería sencilla, un contrabajo, un violín, dos guitarras acústicas y percusión ligera. Con Neno de Monte me apetece eso, pero todo depende de dónde vaya a ser el concierto. Me flipa mucho la guitarra eléctrica y siempre caen varios conciertos mucho más eléctricos en los que también disfruto mucho».

 

Hablemos de futuro, ¿algún proyecto en mente que puedas revelar?

Vizcaíno: «Compuse sintonías para radio que en breve saldrán a la luz, y estoy metido en un bonito proyecto de igualdad con niños y niñas de 5 a 12 años, donde también escribí una pieza relacionada con ese concepto. Como ves, ¡yo mismo me pongo a prueba constantemente! Contento por eso también».

 

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?

Vizcaíno: «Todos debemos tener una oportunidad. No podría decirte un favorito, solo digo que cualquier músico o artista que haga bien las cosas, con cariño, respeto y poniendo todo en el asador merece ser escuchado. Lo que pase o deje de pasar después... ya es otro cantar.

 

Si abriésemos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100% Sinceridad, 0% Vergüenza.

Vizcaíno: «¿Vergüenza? ¡A mal sitio vas! Recuerda que me dedico a la música, si tuviera vergüenza no serviría para eso [risas].

Los tres primeros que aparecen en mi lista de Spotify son: Gene Vincent, Marvin Gaye e Mon Laferte. Pero me dice Spotify que tengo 18 horas de música en mi lista... mimadriñaquerida».

 

 

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