MOOOM: «EN LO TRADICIONAL NO EXISTE ESA BARRERA ENTRE ESCENA Y PÚBLICO, TODO ES UNA ÚNICA ARMONÍA»
El Atlántico no es solo un océano; es una memoria compartida, una herida abierta y un puente entre territorios, lenguas y generaciones. En ese espacio simbólico es donde habita MoOoM, el proyecto de la historiadora, investigadora y música gallega Ciara Cabodevila. Desde Barcelona, pero con la mirada puesta en Galicia y en las rutas migratorias que durante siglos conectaron ambas orillas del océano, la artista lleva años construyendo un universo propio donde conviven la tradición oral gallega, la electrónica, la etnomusicología y las músicas populares.
Tras casi una década de búsqueda creativa, AtlánticA (Ferror Records, 2026) cristaliza como su primer larga duración: un trabajo que nace de la investigación sobre Perfecto Feijoo y la diáspora gallega, pero que trasciende el ámbito académico para convertirse en un ritual sonoro de memoria, identidad y transformación. Entre grabaciones de archivo, sintetizadores modulares, cantigas tradicionales, ritmos latinoamericanos y relatos familiares, MoOoM dibuja una cartografía emocional que une Galicia con Argentina, Uruguay, Brasil o Colombia. Hablamos con ella sobre migración, folclore, espiritualidad, creación colectiva y la necesidad de seguir tendiendo puentes entre las dos orillas del Atlántico.

Detrás de MoOoM está Ciara Cabodevila: historiadora, investigadora y música. Pero, ¿de dónde proviene tu relación con la música?
Pues la verdad es que siento que en Galicia la vida está intrínsecamente vinculada a la música. En la aldea, la mayoría algo saben tocar porque fueron de la banda local o simplemente por amenizar las largas noches de invierno. Yo recuerdo a los mayores haciendo lo que fuese siempre con un cantar en la garganta, aunque la música como tal no se pensaba como una posible profesión (o al menos no como una respetable). Pese a no tener apoyo con la formación musical reglada, lo cotidiano rural está lleno de cantares y quizá desde ahí, y que nunca pude acallar esta necesidad de contar cantando.
Tu formación como historiadora del arte y tu práctica musical son dos mundos que en tu caso acabaron convergiendo en un mismo proyecto. ¿En qué momento entendiste que investigación, memoria y creación podían nutrirse mutuamente?
Como comentaba, no pude contar con una formación como música (apenas un par de años de violonchelo), pero como la cabra tira al monte, desde mi vertiente académica de archivera documental fue en el Museo de Pontevedra donde encontré al personaje de Perfecto Feijoo y allí comenzó mi investigación principal. A partir del archivo fotográfico y epistolar fue que me encontré una historia que se hacía eco del relato de miles de migrantes. A mí, que ya estaba en Barcelona buscándome la vida como gestora cultural, me vibró mucho al estar también viviendo fuera de la tierra de origen pero sintiendo la necesidad de proteger nuestra cultura. Esta investigación de juventud se convirtió en el pilar de mi tesis, cuestionando la identidad en procesos migrantes analizándola desde un prisma gallego y contemporáneo (y al tiempo tomando como referencia otros amigras). Y yo, al igual que Perfecto Feijoo, me di cuenta de que la forma más sencilla de hacer perdurar nuestra lengua era, y es, desde la praxis y no tanto desde la academia. Hay un punto en el que los libros se pierden llenos de polvo en bibliotecas que se apagan, por ejemplo, a lo largo de los centros gallegos del mundo. Pero tomar esta tradición y usar un medio creativo tan intrusivo como la música me permite no solo poner en primer plano cuestiones como esta sobre la galleguidad, sino también hablar de los peligros que hoy en día amenazan nuestra tierra.

El nombre de MoOoM parece tener algo de mantra, de sonido que se repite y reverbera. ¿De dónde procede y qué representa para ti?
MoOoM es un palíndromo que representa la luna / el sol saliendo entre las montañas / el mar, el crepúsculo, los espacios de límite y transformación. Encierra encriptada una tríada femenina que alude a la luna, a la madre y a om, la parte mágica, creadora y espiritual de la realidad.
MoOoM nace en Barcelona en 2017, en un contexto en el que estabas inmersa en movimientos sociales vinculados a Sudamérica y al mismo tiempo profundizando en la tradición gallega. ¿Qué te impulsó a crear el proyecto?
Desde la necesidad de tener que ir a buscar un futuro laboral, estaba por Europa hasta acabar quedándome en Barcelona, lugar donde, por cierto, mi bisabuelo ya había emigrado y se había dedicado a la música cuando podía. Yo hacía lo mismo, trabajando en lo que podía para sobrevivir y cantando donde me dejaban, sobre todo en inglés. Sin embargo, llegó un momento en el que sentí la necesidad de cantar en mi propia lengua, porque surgía mucho más puro el mensaje. Entonces, mucho antes de conformarse MoOoM, no estaba precisamente de moda el gallego como hoy en día. Todo lo contrario, solo escuchaba el típico beef de que con eso no llegaría a ninguna parte, etc. o siempre pensando que era un brasileño mal hablado. Poder formar parte de procesos sociales de reivindicación cultural, acción comunitaria, organización colectiva y normalización lingüística (me refiero con esto desde el catalán hasta el náhuatl, pues hay muchas y diversas realidades en Barcelona) me hizo ser más consciente de la necesidad política y de la libertad creativa de usar la lengua de mis ancestros, siento la necesidad de dar voz a tantos relatos silenciados en la migración. Dentro de esas historias de ultramar, una parte de mi familia emigró a Uruguay y otra a Río de Janeiro. Con ellos mantenemos todavía contacto y, además, navegando entre ambos acentos y ambas orillas del Atlántico, puedo sumergirme a través de la lengua en una realidad histórica personal y universal..
La migración gallega tiene muchas vertientes: la histórica, la contemporánea, la familiar o la propia. ¿Qué elemento de la emigración te inspiró más a la hora de crear este álbum?
Todos y cada uno de ellos. Sé que es algo complejo, pero la realidad tiene múltiples capas así mismo el proyecto implementa las diferentes esferas. Como comentaba, mi propia experiencia personal tiene las mismas motivaciones de migrar que las de cualquier otra persona, poder hacer crecer sus sueños porque en la cuna no es posible. La conciencia de este hecho, tanto por mi vida familiar como por amigas de diferentes continentes, como por estudiar la historia migrante de Galicia, es el común denominador para entender, desde un aspecto humano y no solo sociológico, la mezcla de narrativas culturales en el eje atlántico.
Añadido a los aspectos citados, es fundamental el de la espiritualidad. No solo viajan al migrar lenguas, culturas y gentes, sino también creencias. Atender a este aspecto más olvidado de la historia de la migración es fundamental dentro de mis investigaciones.

Uno de los elementos que vertebran MoOoM es la música tradicional gallega, ese repertorio de transmisión oral que lleva siglos pasando de generación en generación. ¿Esa tradición oral fue algo que siempre estuvo presente de algún modo en tu vida o llegó a través de la investigación académica?
En mi historia personal, gracias a mis padres, pude conocer la fuerte represión que tuvimos con nuestra cultura. Ambos son del rural, de Bueu y Cotobade, y, por tanto, los educaron desde la diglosia, con una represión hasta física a quien hablara gallego, y con la consiguiente ruptura en la identidad y lo que eso supone de autoodio. Desde esa fractura generacional de la transmisión oral y, desde siempre, con consciencia de la importancia de lo ancestral, fue que acabé estudiando Historia del Arte con sesgo sociológico. Dentro de esa ventana académica me lancé primero a los archivos del siglo XIX y después al monte, a las foliadas, pero también desde la morriña de la migración y yendo a los numerosos centros gallegos que tenemos en Barcelona.
Detrás de la fusión entre tradición y vanguardia que define MoOoM, ¿qué referentes concretos sientes que marcaron tu universo creativo?
A nivel musical, de hecho de pequeña escuchaba música de los países celtas de forma melómana. Aparte de intentar comprar Cds en coleccionables, iba mucho a las bibliotecas para investigar en sus fondos todo tipo de material, entre ellos el fonográfico, y, con voracidad de folk del mundo, lo que llamamos ahora world music, iba descubriendo otras sonoridades. Todavía viví el mundo analógico, así que, con respecto a otros estilos, aparte de navegar por los clásicos, blues, stoner o psicodelia, siempre tiré por el underground, y principalmente soy black metalera (y similares como punk, grind, doom, noise). Así que, entre fanzines con las novedades y casetes, íbamos descubriendo las bandas y generando comunidad sin tener todavía el metaverso de internet. Esa consciencia del concierto como un acto sagrado, un ritual colectivo, un homenaje a lo ancestral y a abrazar nuestra oscuridad para transmutar... son factores que me influencian mucho en todo lo que me atrae a nivel musical.

Casi diez años separan el nacimiento de MoOoM y la publicación de AtlánticA (Ferror Records, 2026), tu primer larga duración. ¿Qué tuvo que pasar para que el disco fuera posible?
Esta particular Ilíada musical me llevó lejos de mi cuna durante diez largos años en los que fui recorriendo muchas latitudes sonoras gracias a muchos maestros que tuve (y tengo) la suerte de conocer a su paso por Barcelona o mientras yo misma viajaba por el mundo adelante.
Mi Ítaca personal siempre ha sido y será Ons, ese horizonte donde no hai fin sino un más allá; es lo que me inspira por más lejos que sea mi singladura. Además de ese recorrido creativo polifacético y multicultural, las vivencias que nos afectan a todo ser humano (y más intentando sobrevivir en una capital gentrificada) fueron retrasando el camino al tiempo que lo nutrieron. Miles de conciertos y experiencia, que cristalizaron en el EP “SoL e LúA”, pero que con la pandemia quedaron rotos al igual que muchos de nosotros. Salir de esa dinámica de forma global e individual fue complejo, y sin duda la magia del momento oportuno surgió cuando más falta hacía. Justo el día en que dieron el toque de queda se canceló el primer concierto que tenía compartiendo escena con Carlo Jurancelli. Tuvimos que esperar varios años y muchas aventuras para encontrarnos de vuelta en un muy mal momento para ambos. Así que el álbum vino como un hechizo de sanación a nuestra vida. Retomamos ideas que teníamos juntos o por separado, y a nuestro brebaje se sumó la locura rítmica de Facu Alberdi. En ese momento eran compis de piso y, de hecho, grabamos y produjimos todo en casa con su maestría y mucho “frikerío” de sintetizadores. Así quiso el universo que se confabularan estas tres almas con raíces gallegas pero historias vitales muy diferentes: uno de Córdoba y otro de Buenos Aires, uno mayor que yo y otro más joven, uno siendo maestro de los beats y otro de los instrumentos. Desde luego fue toda una sincronía cósmica en la que siento estuvieron presentes nuestros antepasados.
AtlánticA es un álbum de siete cortes que nace de una investigación etnomusicológica sobre la diáspora gallega y que parte de tu trabajo académico sobre Perfecto Feijoo y los coros de Galicia. ¿Qué encontraste en ese archivo que acabó ayudando a definir el rumbo del proyecto?
Sobre todo encontré interrogantes. De la parte documental en Galicia tenemos ciertamente referentes e investigaciones, pero de la parte de Abya Yala queda todo por descubrir. De hecho, uno de mis sueños es poder formular un proyecto de investigación con el que ir allá, a Argentina, a recrear la ruta transatlántica de Perfecto Feijoo, quien lo hizo en el recién inaugurado tren entre Buenos Aires y Córdoba. Al tiempo buscaría y tocaría en los centros gallegos que todavía queden. Así que buscando cómo articular económicamente este viaje documental. Poder dar eco a este relato y cuestionar el peso del tiempo no solo desde el prisma gallego, sino desde el prisma de los países que nos acogieron es el más grande interrogante que me quedó de esa investigación que parece no terminará nunva. Ahondar en esa historia de Perfecto Feijoo, pero no con matiz biográfico como se hizo hasta ahora, sino como un punto de una realidad, la migrante gallega, que conformó su propia identidad en las latitudes más lejanas, destacando Argentina, Uruguay, Brasil, México, Venezuela y Cuba.
Este disco parece más un espacio de exploración que una obra cerrada. ¿Sentiste durante el proceso que el álbum abría más preguntas de las que imaginabas al principio?
Desde luego. Quizá es más desde aquí que me aproximo al arte y la investigación. Gnerar filosofía, debate, coloquio hace que al mismo tiempo esté vivo eso que una relata. Investigar esa historia de Feijoo y el primer coro tradicional gallego (historia que desconocía pese a criarme en Pontevedra, donde solo se le conoce por ser el dueño del loro Ravachol) es para mí la escusa para investigar la propia historia migrante. Tomando consciencia de que yo soy migrante y que lo fueron mis ancestros, pero también la mayoría de nosotros. Por eso que este trabajo sonoro puede abrir la puerta de la curiosidad de cada persona a ver su propio relato familiar, querer conocerlo, conservarlo... Eso es para mí el verdadero logro. Desde un punto de vista histórico es muy importante, pero sobre todo desde un punto de vista ancestral y humano. Hay muchos crímenes que quedan silenciosos en la memoria de la migración, que se mezclan también con la violencia de la Guerra Civil. Mi música es un ritual de sanación de ida y vuelta, desde lo íntimo a lo colectivo, desde el presente al pasado, desde una orilla a otra del océano Atlántico.
El océano atraviesa el álbum desde el propio título hasta los temas que lo componen. ¿Qué representa para ti el Atlántico dentro de la narrativa del proyecto: una geografía real, una metáfora o algo más difícil de nombrar?
El océano es para mí la cuna. Cierto es que tengo familia de costa y maninera, y que pese a no tener mi hogar allí muy a mi pesar, hasta mi nicho está mirando esa isla onírica de Ons. En mi infancia siempre hubo pescado que limpiar y sal en la piel, y navegar junto con la música es lo que más feliz me pone (gratitud infinita a asociaciones como la de Os Galos). Descubrí en mis viajes que además tengo algo que si no tiene nombre debería tenerlo como fobia, básicamente comienzo a volverme loca si paso mucho tiempo tierra adentro sin ver o sentir grandes masas de agua. Por si esto fuese poco, para mí además de cuna en hogar, y el mar y el río es que van mis ofrendas, por eso es tan especial haberme criado de punta a punta de una ría, que es donde ambas aguas conviven.
Además del aspecto vital y espiritual, el mar Atlántico encierra en sí mismo un marco geográfico perfecto para poder hablar de la cuestión de la identidad gallega, y todo lo que dentro de Abya Yala se mezcló con ella, y con esto me refiero a lo que sobrevivió de culturas indígenas y a la diáspora africana después de la esclavitud.
Para poder navegar estas aguas entre lo más académico y lo mágico, MoOoM es una sirena cósmica, metáfora de la migración, pues navega en diferentes aguas, símbolo de las magias diversas de este océano, arquetipo femenino poliédrico (madre, guerrera, diosa).
En una entrevista en radio definías el proyecto como “un ritual de sonidos atlánticos”. Si nos fijamos en la definición de la palabra ‘ritual’, implica repetición, comunidad, algo que ocurre en un espacio casi sagrado. ¿En que sentido AtlánticA es un ritual?
Desde mi experiencia como meiga y como performer es que hibrido ambas facetas utilizando como lenguaje la música. Entiendo esta, como diría Wagner, como un arte total, y generar la sinestesia catártica es mi fin último. Por eso mismo tengo ganas de poder probar el formato banda, pues el concepto pide tener visuales y en escena poder contar con dos druidas más (el número tres es importante). Integrar a quien viene a escuchar con todos los sentidos, porque en lo tradicional no existe esa barrera entre escena y público, todo es una única forma armónica.
Tú misma has vivido este proyecto desde la migración, creando desde Barcelona y atravesada por esos contactos con comunidades latinoamericanas que mencionábamos. ¿Esa posición —estar fuera mientras haces algo sobre “lo de dentro”— condicionó el relato del álbum?
Por supuesto. Mientras contesto escucho desde casa músicas de la India...
Reflexionar desde los estudios académicos es importante, pero poder transitar lo que se estudia es un plus añadido fundamental. Sobre todo porque nos descentraliza del eurocentrismo, humaniza nuestra mirada y ayuda a entender los procesos locales también como universales. Un poco como en la hermenéutica, cuanto más miré hacia aguera, más entendí hacia dentro (y viceversa). Cuanto más formaba parte de movimientos sociales más entendía el común denominador histórico del capitalismo caníbal. Al final es el mismo origen el del grito para defender la tierra mapuche, que el grito para defender a nosa Galiza. Poder vivir un pedazo de tantas realidades culturales adonde fueron nuestros ancestros, darme cuenta del profundo nexo que existe. Entre muchas experiencias, por ejemplo, está la de trabajar de gestora cultural en el Centro Galego de Barcelona, pieza fundamental para entender esa identidad mixta que supone la galleguidad. Entender ese concepto del atlantismo, que permite unir lo que somos; en las dos orillas de ese océano hemos tejido nuestra identidad gallega.
Aunque MoOoM es un proyecto personal, AtlánticA se construye en cocreación con Carlo Jurancelli y Facundo Fernández Alberdi, que además comparten contigo vínculos con la diáspora gallega. ¿Cómo se articuló esa cocreación en términos prácticos?
Precisamente, de la pregunta anterior es perfecto el ejemplo de estos dos alquimistas musicales.
Carlo es de Córdoba y su bisabuelo era de cerca de Compostela. Investigó su historia, pero no consiguió conectar algunas piezas del rompecabezas familiar, que quizá este álbum ayude a completar. Muchas de las personas que se iban buscaban hacer una nueva vida.
Facu es de Buenos Aires y su abuela era de Vila de Cruces. Además de tener la típica abuela gallega, matriarca jactanciosa que tuvo que exiliarse por culpa de la Guerra Civil; también con su padre que creció con el folk gallego, pues era director musical de la hermandad gallega de donde vivían. Y él viene de una familia de artistas con un espíritu libre y nómada circense.
Facu toca la pandereta al estilo viejo y, al tiempo, lleva en el cuero el ritmo de la percu del candombe, y de cualquier cosa que cae en sus manos consigue extraer sonidos. Carlo tiene todo el universo sonoro de los sintes modulares y analógicos, pues, además de componer, trabaja reparando y fabricando estos aparatos en la empresa Antonus. Desde luego, el juntarse mi cosmos con los de ellos dos, encontramos la pieza clave para poder articular entre los tres una sonoridad para una narrativa que llevaba años elaborando sin fruto. Fue una sinergia cósmica que, para bien o para mal, cristalizó en ese momento concreto y que, por motivos personales, no continuará (uno piensa en volver a Argentina y el otro migró a Francia).
Ahora mismo, la idea es montar el directo de AtlánticA con el talentoso Artur Puga, con quien ya realizamos un concierto piloto, y terminar de planear la familia creativa (que va tomando forma gracias a Nume Producións e Todo-Tofu). Para final del verano lanzaremos el vinilo gracias a Ferror Records y su apuesta por proyectos underground, con una tirada de 200 ejemplares, añadiendo algunos singles sorpresa y la presentación del formato banda.
Has trabajado con grabaciones de archivo, instrumentos tradicionales y técnicas contemporáneas de síntesis y sampleado. Si nos centramos en las grabaciones de archivo, ¿de dónde proceden y cómo fue el proceso de selección?
Elelelos, de la asociación Retrouso de Cela. Fue principalmente de ahí de donde tomé referencias literales para algunas de las canciones, como el cantar y la foliada de Sabarigo o el pasodoble y la muiñeira de la isla de Ons; Faustino Santalices, La zanfona; grabaciones de Xeito Novo.
Esas grabaciones son un material que ya posee una potente carga semántica y emocional por sí mismo, digamos, “en bruto”. ¿Qué significó para ti utilizarlas como material para construir el sonido de AtlánticA?
Mi familia es de Cela, y la referencia al mar en todo hizo que tomara ese tótem. De hecho, la idea para el siguiente álbum será hacer lo propio con la otra parte de la familia, que es de Cotobade. Y, de esta forma, hacer una dualidad entre mar y monte, entre la parte del padre y de la madre, lo masculino y lo femenino, el sol y la luna. Jugar con esas dualidades que todos tenemos, sanar desde la música de los antepasados hasta el presente.
Facu tiene una aportación especial, pues usamos sampleados de discos que estaban guardados en el ordenador de su padre, que desgraciadamente ya falleció.
Las letras de AtlánticA hablan de hechizos, tradición, meigas y legado. ¿Cómo trabajas la creación de esas letras?
Pues intento integrar previamente la energía de lo que quiero comunicar. Siempre la primera toma quiero que sea desde la improvisación para llegar a lo más puro. Después de, digamos, hacer el meigallo, llega la parte de trabajar la letra para intentar sintetizar y transmitir lo mejor posible. Al final, hay temas que también están pensados para ese ritual del directo, y otros más como singles, con sus partes, digamos, más reconocibles. Sea de una forma o de otra, para mí lo más importante es el trabajo previo de canalizar el mensaje, aunque luego escribo de forma algo críptica, pienso que las palabras reverberan y dejan su semilla en el pensamiento para que brote algo más allá de lo que yo pueda decir. Desprenderse del ego a la hora de crear es lo más importante ante cualquier estilo musical en el que me sumerja.

Entre “Migra Som” y “Portos do máis Além” existe un contraste muy marcado: de un sonido tradicional con pandereta pasamos a ritmos que evocan el Caribe. Siendo un álbum sobre emigrar cruzando el océano, ¿ese salto sonoro es deliberado para trasladar al oyente que la travesía ya ha llegado a su destino?
La historia que se narra dentro del directo es la de la sirena cósmica MoOoM, que nace de las frías y oscuras aguas de Galicia. Una vez en tierra, se mezcla con la gente en foliada y fiesta, pero acaba migrando porque ya no se respetan ya ni a los seres ancestrales por la codicia de los hombres, que olvidaron las leyendas. Navega, al igual que muchos otros, más allá del mar, al Nuevo Mundo, y allí nos sumerge en otras tradiciones musicales y mágicas.
Con esta referencia simbólica puedo encarnar la unión de ambas orillas, y los muchos años que llevo estudiando el folclore de Abya Yala me permiten en este viaje sonoro sumergirnos en otras latitudes. También por eso se mezclan muiñeira y chacarera, ritmos del rural de recogidas con sintetizadores analógicos. De hecho, queda por completar este periplo con un par de temas con la nueva formación.
El disco incluye colaboraciones con KAJHA y Skarra Mucci desde Colombia y Jamaica, y con Sonido San Francisco entre Colombia y México. ¿Cómo llegaste a estos artistas? ¿De qué manera crees que dialoga su sonido con las raíces atlánticas gallegas?
Como he comentado, en Barcelona llevo años principalmente estudiando gracias a diferentes maestros, las tradiciones del folk brasileño y latinoamericano (especialmente afrocolombiano). Dentro de este prisma internacional y sobre todo decolonial, me acerco a otras latitudes.
Además llevo años personándome en ferias de negocios de música como el Womex, y allí hice muchas amistades muy diversas. Por todo esto es fácil realizar estos temas y quería presentar una pizca de toda esa diversidad cultural en la que cohabito con mis amigras.
En concreto Skarra Mucci es amigo desde hace muchos años y es uno de los exponentes del dancehall más famosos del mundo. Con Khaja, otro maestro reconocido, nos fuimos a encontrar en un festival al que me habían invitado en Bélgica para recaudar fondos para la causa del Paro Nacional en Colombia (había organizada una red de resistencia para recaudar fondos y enviarlos a la primera línea, pero mis aventuras de activismo dan para otra pregunta). En general, a lo largo de Europa la comunidades se organizan para tener espacios propios y promover su cultura, igual que hicimos nosotros con los centros gallegos a lo largo del mundo. Este relato plurar es lo que me interesa, y conocer las diferentes soluciones diaspóricas a las mismas problemáticas migrantes.
Por otra parte, con Sonido San Francisco grabamos un tema que saldrá como single dentro de su próximo trabajo.
Como ya comenté, tenemos también temas sorpresa en la recámara que irán en esta línea latina. Ahora está de moda, pero llevo haciendo cumbia en gallego desde hace muchos años y, desde luego, la seguiré haciendo, pero también otros estilos que amo como el kuduro, el afrobeat, el bullerengue, el son o el currulao. Estoy buscando concretar con quién las haré porque miré varios nombres como Verto, Petrowsky, Rhome... pero todavía no lo desvelaremos. Lo que tengo claro es que quiero que sea gallegx y tener un combo entre Barcelona, Bueu y Abya Yala.
Siendo este tu primer larga duración como MoOoM, ¿qué aprendizaje o descubrimiento te dejó el proceso?
Que nunva estará perfecto y que siempre es mejor tirar para delante. Por lo menos, con esto me refiero a la hora de crear. Sin miedo y sin vergüenza, porque si no, acabas atrapado en un bucle de perfección del que no sales, y luego pasa el momento que quieres reflejar y ya como que no tiene sentido.
Por la parte del marketing, siempre pedir consejo, y al revés, no tener ninguna prisa en sacar las cosas. La industria funciona por singles más que por álbumes ahora mismo, y resulta difícil mantenerse en la mirada y conseguir que la gente quiera escuchar lo que tienes que decir.
Aunque llevo toda la vida haciendo música, aún cada día aprendo.
Ahora que el disco ya está fuera, ¿cómo está siendo la recepción? ¿Ha habido alguna lectura o reacción inesperada?
Por ahora, todo va muy bien. Desde luego parece que cosas básicas se van perfilando, pero todavía sin contrato con nadie para promover el proyecto. Así que sigo muy abierta a propuestas.
Si todo va bien, Nume Producións y Todo Tofu se encargarán de llevar booking e management, pero todavía quedan un mundo de cosas por cerrar y todo está hecho desde la autoproducción con lo que estoy a punto de quedame sin un duro. Mucha gente talentosa va colaborando y eso lo valoro muchísimo, como fue el caso del máster realizado por Rubén Montes o el arte de Laura Villar, Juan Amoedo, Elvira Jardón y Luis Boullosa (en la producción del primer videoclip). Está teniendo mucha más acogida de la que creía, y desde el minuto cero Esqui y Artur confiaron en mi prouecto antes de que saliese del horno.
Además de a Ferror Records, quiero agradecer a Samaín, otra discográfica muy interesada en el proyecto y con la cual seguramente colaboraremos. O agradecer a salas y otros artistas que están apoyéndome, ofreciéndome un huevo en su agenda o queriendo colaborar conmigo. Vienen muchas sospresas hermosas, solo os puedo adelantar eso.
Si hablamos del directo, ¿qué puede esperar el público de la puesta en escena de AtlánticA?
Un ritual sonoro de ritmos atlánticos. Me llevó muchos años de proceso creativo tener claro lo que hago para poder definirlo. Pero con esto, la persona neófita en MoOoM puede venir preparada para vivir una experiencia de forma activa, para participar de la foliada electrónica, para formar parte del latir ancestral en el concierto. Siempre habrá una parte importante de improvisación en lo que hago, pues esa es la puerta que permite que todo esté siempre vivo cada vez que nos sumergimos en el escecnario.
AtlánticA define un territorio artístico muy concreto. ¿Sientes que el siguiente paso de MoOoM estará dentro de ese mapa ya trazado o que es un punto de partida para dirigirse hacia otros lugares?
Como comentaba, el mar es siempre la cuna de la sirena cósmica que representa MoOoM. Es la cuna y el hogar pero al salir de las aguas y entrar en el mundo de lo cotidiano también recoge tradiciones y cantos de otras tierras y culturas.
De hecho, el sisuiente álbum debería estar inspirado en Cotobade-Cercedo, de donde es la otra parte de mi familia. Seguramente en verano volveré a recorrer los caminos de Terra de Montes para encontrar patrimonio inmaterial, petroglifos y aldeas abandonadas.

En la actualidad, ¿qué artista o grupo gallego nos recomendarías? ¿Algún favorito que deberíamos conocer?
Sin duda diría que raze, con el que estamos planteando colaboraciones para el futuro y acaba de publicar su primer EP (fue finalista de los Premios Martín Códax de este año). Por otra parte, me impresionaron Carabela, con quien tuve la suerte de compartir fecha en Compostela gracias a Ferror Records. Y después como colectivo activo a los CeibaRimas, que están promoviendo el rap y la regueifa. Pero también a la bien querida familia de Trépia (y su festival Festa das Fontes), donde participé en formato performance.
Si abriéramos tu cuenta personal de Spotify, ¿qué escucharíamos? 100 % sinceridad, 0 % vergüenza.
Suena siempre en algún momento “Aquamaria” (Colour Haze), “The Mountain” (Stoned Jesus), “Oie Gayego” (Verto) ou “Teño unha colega que...” (Rabelo). Si me pongo más folkie, obvio Mercedes Peón con Deixaas.
Mucho onda ZZK Records (Oxhala, Maga Bo o Dengue Dengue Dengue) o Galletas Calientes Records... y siempre clásicos de salsa, cumbia o Salsa Choke (“Lluvia con nieve” ou “Estamos Melos”).
Mucho kuduro y afrobeat, destacando la diosa Pongo.
En los días más internos Wardruna o Burzum no pueden faltar (aunque Fotocopia o Patriarchy me flipan mucho últimamente).
Si tuviese que escoger una sola canción de todo lo que escucho creo que sería “Aguamaria” o “The Mountain”. Son temas que llevo escuchando desde que soy adolescente. Pero si me pones algo de Mayhem, Immortal o Archgoat, también me haces muy feliz [risas].

